
Tendría que sincronizarme mejor con él, porque esto ya parece fruto de la mala suerte. He hecho lo indecible para encontrarme con él, y ni aún con ésas... Aunque es cierto que he dejado sin hacer algo que se me había ocurrido y que seguramente le hubiera sonsacado una sonrisa.
Esto es lo que ocurre cuando a las dos de la tarde mueves el coche (porque el Ayuntamiento está algo lejos para ir andando con tacones por las calles empedradas del centro) para volver a dejarlo diez o quince minutos después: que está todo ocupado. Es curioso porque después de dar varias vueltas y ver su coche se me ha ocurrido llamarle para decirle que me avisara cuando se fuera a comer y así aparcarlo en el sitio que él dejaría libre. Sin embargo, no lo he hecho; he preferido aparcarlo en la acera, comer y después moverlo. En hacer todo esto habré tardado un cuarto de hora. Y cuando he vuelto para aparcarlo en condiciones... ¡Maldición! Ya no estaba.
Es decir, que no nos hemos cruzado por poco. Estoy segura de que si no hubiera pensado en encontrármelo sí que le hubiera visto.
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