
"Perdí la virginidad a los 15 años con mi prima Maite. No me gustó. Se exhibía como en las peores películas de los 90 y gritaba demasiado. Creo que por eso se acostó conmigo, porque necesitaba un público que la masturbación no podía proporcionarle. La vez siguiente fue con Lucía. Era casi una niña. Se dejó hacer y apenas parpadeó. Sé que se le escapó una lágrima. Mi primer viaje fue a Madrid, con mis padres. Sólo estuve una semana, pero eché de menos el mar. Mi siguiente destino, ya adolescente, fue la playa de la Concha de San Sebastián. Demasiado calor. Allí conocí a Trini. Estaba divorciada y me duplicaba la edad. Nadie le había explicado lo que era la depilación. Mi primer trabajo: camarero en un bar cerca de casa. Descubrí que odio estar de cara al público. Marché en un barco pesquero. Los fiordos de Noruega están llenos de arenques. Ella se llamaba Inga y era casi albina. Me aburrió. Europa y esa piel tan blanca. Marché lejos. Guía turístico en Kenya. África es salvaje y exhuberante. Tan exhuberante como Munbala desnuda. Busqué tranquilidad en Japón, en los campos de arroz y en los pasitos cortos de Misuka. En Nueva York fui vendedor clandestino. Susan era irlandesa. Su sexo olía a pelirroja. No me despedí. El desierto me hizo olvidar la gran ciudad. Fui voluntario de la Cruz Roja en Guatemala. En Helsinki, Jussi me enseñó cómo se besa a un hombre. Malabo. Rajira. Varabasi. Nahomi. Traficante de armas al oeste de Turquía. Conductor de tuk-tuk en Bangkok. Pequeña Luna. Tor. Myanmar. Wall Street. Cabo Verde. Varsovia. Yan Chen. Priscille...
Ahora sólo se me ocurre morir".
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