domingo, octubre 18, 2009

A las seis de la tarde

Después de una noche estrellada, mágica, perfecta estaba claro que hoy saldría el sol, aunque haga mucho frío.
En la ermita hay unos grados menos y hemos quedado a las seis. Es interesante, porque por lo general los domingos suelo tirarme en la cama y sumergirme en historias creadas por mentes ajenas, bien sean libros o películas. Pero hoy no consigo concentrarme, mi mente vuela lejos. Siento que una fuerte garra me atenaza el estómago y no quiero pensar, así que hoy cambiaré la tranquilidad dominical por un café y charlas inmersa en el mundanal ruido. Así, parafraseando a Fray Luis de León: "¡Qué descansada vida la que huye del mundanal ruido!".

Dos minutos para las seis. Llego tarde.

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