jueves, octubre 22, 2009

Una ojeada desde el balcón

Hace siglos que no cruzaba los dedos deseando que se cumpla algo. Y es que me gustaría encontrarme con él, que no hace ni cinco minutos que me he asomado por casualidad al balcón y he comprobado que está.
Es que tengo que salir, y tengo que pasar por ahí mismo. Sólo que basta que desee mucho verle para que no ocurra.
Hoy también le siento muy cercano.

Es hora de marchar.
Lo mejor de todo va a ser que pasaré por allí y quizás ya no esté (no voy a asomarme de nuevo a la calle a comprobarlo), quizás se haya marchado mientras escribía esto y le dedicaba unos minutos del día.

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