
Le echo de menos.
Es como si necesitara un poco de él para que me insuflara savia nueva. Aunque es soportable. Al final todos somos unos supervivientes, para bien o para mal.
Me sorprendo a mí misma al contemplarme en el espejo: demasiado tranquila, como si fuera la calma que vaticina una tempestad, aunque espero que esa tormenta, si llega, esté muy lejana.
Es hora de dormir.
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