sábado, octubre 24, 2009

Tantas cosas había olvidado...

Había olvidado lo que era tener un boquete tan oscuro en el estómago, esa piedra que acarreas de vez en cuando, por la que todo se te hace tan pesado.
Había olvidado lo que era tener los ojos tan rasgados que vierten amargas lágrimas a cada minuto. Y cuanto más piensas en ello más desazón sientes.
Lloro porque tengo que obligarme a sacar fuera todo de él, porque su indiferencia me resulta insoportable, porque tengo que aprender a evitar todo lo que tiene relación con él.
Lloro porque estaba empezando a sentir algo incontrolable, porque ya no buscaré sus ojos entre la gente.
Lloro porque el vacío que empiezo a sentir implica un dolor sin límites, porque no puedo olvidar.
Lloro porque tengo que aprender a no pensar en él, porque no puedo dedicarle ni siquiera un minuto al día.
Lloro por todo lo que me va a costar salir de ésta, todas las noches que no dormiré, todos los sueños que se han esfumado, ¿y dónde quedan las ilusiones?
Me hubiera conformado con una respuesta, fuera cual fuera, pero no me conformo con la indiferencia, con la ausencia de respuesta.
Ojalá pudiera salir todo de dentro tan rápido como se vierten las lágrimas. Había olvidado incluso lo que era desahogarse llorando.

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