
He llegado a la misma hora de ayer, aunque lo daría todo porque fuera de la misma forma. Sólo que hoy he llevado coche. Más que nada porque sabía que volveríamos pronto. Estábamos I. y yo solas, sin los tíos que no sabemos adónde han ido a parar esta noche.
No había mucho, pero ha sido suficiente para despejarse un poco.
Es curioso, pero no tengo sueño. Me apetece leer un poco, sólo por ocupar la cabeza hasta que se me empiecen a cerrar los ojos. Y eso haré. Además tengo dos libros a punto de acabar. Interesante, porque nunca leo dos libros a la vez, a no ser que uno de ellos sea de relatos cortos o poesía. Pero como al viaje no podía llevar el de Federico Moccia porque pesaba mucho, escogí La ciudad de los prodigios en edición bolsillo. Y los tengo los dos a poco más de cien páginas para el final.
También he seguido escribiendo sobre el viaje, pero eso tendrá que reanudarse mañana porque hoy he tenido que interrumpirlo para ir a la ermita, donde ha habido un intercambio de fotos. ¡Qué hartazgo! Las mismas fotos en las mismas cámaras. Llega un momento en que te cansas de ver tantas fotos similares.
Intuyo que en estos momentos me encuentro en la antesala de un período de reflexión.
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