lunes, octubre 12, 2009

El puente del amor

Candados del amor en el Puente Milvio, Roma
El domingo 11 de octubre venía en el Diario La Rioja una noticia en la que no hubiera reparado si no tuviera relación con el libro que he empezado a leerme. Se trata de la moda de 'sellar' el amor en los puentes utilizando como instrumento un candado.
Esto proviene directamente del libro de Federico Moccia titulado Tengo ganas de ti, justamente el mismo que estoy leyendo ahora. Como en un comentario al libro leí algo al respecto, ayer no necesitaba embarcarme en la noticia para saber de dónde ha salido esta moda. Y eso que aún no he llegado al capítulo en cuestión.
En Roma, igual que en el libro, es el puente Milvio el que está decorado con miles de candados pregonando un amor eterno que cierran los enamorados, tirando las llaves al río Tíber. En Logroño, recién inaugurado el Puente de Hierro, comienzan a verse colgados algunos candados y las llaves se tiran al río Ebro.
A mí me parece una auténtica tontería, por la simple razón de que es una idea sacada de un libro y por tanto no es original de los propios enamorados. Me parece una estupidez porque cuando una persona está enamorada adopta una creatividad fuera de lo normal y no necesita plagiar las ideas de otras parejas (y en este caso son amantes ficticios), sino que es suficientemente capaz de hacer cosas extraordinarias que, en otros casos, no haría. Y esto te lleva a crear tus propias historias, algunas lo suficientemente excéntricas como para contarlas, que sólo compartes con la otra persona. Es tu secreto, un secreto que queda en el ámbito de lo íntimo y personal. Cuando amas no necesitas pregonarlo a los cuatro vientos, bien sea a través de un candado cerrado en el petril de un puente, bien grabándolo en la corteza de un árbol, o como sea... Cuando amas a alguien es suficiente con que lo sepa ese alguien, nadie más.
La moda de los candados, sin embargo, se extiende por todo el mundo rápidamente. Los ayuntamientos ya están tomando medidas al respecto.

Por cierto, del otro libro, A tres metros sobre el cielo, también aparecieron 'pintadas' numerosas por toda Roma, en las que se repetía de manera insistente: "Io e te - 3MSC" (yo y tú, 3 metros sobre el cielo). Federico Moccia está creando estilo: las páginas de ficción se convierten, inevitablemente, en algo posible y real, con otros personajes, con otras historias, pero el mismo mensaje.

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