miércoles, noviembre 30, 2022
La biblioteca de la universidad
martes, noviembre 29, 2022
Entrañables encuentros
lunes, noviembre 28, 2022
Bastantes años después
domingo, noviembre 27, 2022
Gastronomía en Portugal
Ya había estado en Portugal en otras ocasiones, por lo que la comida en Portugal no me resulta desconocida. Es cierto que en Oporto probé la francesinha y no me gustó. Pero por lo general en Portugal se come bastante bien.
Nada más salir del aeropuerto me encontré con un cartel de una Feria de Bacalao, por lo que ya sabía lo que me esperaba, sólo que como no me gusta el bacalao no lo probé, ni tampoco los célebres pasteles de bacalao que venden por todo Lisboa.
Pero hay todo tipo de pescado. De hecho, hay cantidad de tiendas de sardinas. Yo me quedaba fascinada porque había tiendas que únicamente vendían latas de sardinas. Y entrabas y no parecía una tienda de sardinas, sino un lugar sacado de los cuentos de hadas.
La primera noche no encontraba un restaurante abierto cerca del hotel, así que pateé muchas calles y terminé entrando en un restaurante asiático donde cené un plato muy japonés: ramen con ternera, y además pedí palillos, a ver si conseguía comer con palillos tal y como aprendí en Japón casi instintivamente. Va a ser que es una de esas cosas que se aprenden para no olvidar.
El primer día en Lisboa, a media mañana, me apetecía un café, pero pedí un brunch, y cuando lo sacaron recordé que en Portugal siempre sacan cantidades astronómicas de comida. Lo mejor de todo era que estaba en plena Rua Augusta y, por tanto, en el centro de Lisboa en medio del trasiego de gente.
En Nazaré, el guía insistió en llevarnos al restaurante de unos que conocía él, junto a la Plaza del Mercado. Yo me negué. Teníamos un precioso paseo marítimo con muchos restaurantes junto a la playa... Así que fui al paseo marítimo y pedí un arroz con marisco, que estaba de lujo.
Nunca hablo de los desayunos, pero siempre suelo desayunar en el hotel. En este caso me alojé en un hotel cercano al aeropuerto, VIP Zurique, donde se estaba muy bien. Y lo cierto es que adoro los desayunos de los hoteles, aunque siempre termino desayunando lo mismo.
En cuanto a las bebidas, ya he probado el vino Oporto en otras ocasiones, yo soy más del vino que se bebe en las comidas, no de vino dulce. Pero bebía cervezas y café, en eso se parecen mucho a España. Sí recuerdo que en la comida de Sintra pedí una caña y me sacaron un vaso estrecho y alto que me costaba hasta beber de él.
Por supuesto, hay una bebida de licor de cerezas que yo probé en Óbidos. Se trata de la ginja y esta muy rica, aunque recomiendo que se beba en pocas cantidades, tiene pinta subirse a la cabeza rápidamente,
Respecto de los postres, los portugueses son muy golosos. Allí hay que probar los pastéis de Belém, pero además es que tienen un gran abanico de platos dulces.
En Cascáis fui a tomar un café y pedí un pastel que se llamaba Jesuíta de Amêndoa. Debe ser típico de allí. Lo cierto es que me dio al ojo. Es un pastel de almendras que estaba rico.
No tengo queja de la comida portuguesa.
Al rico mojito
sábado, noviembre 26, 2022
Algo dulce
viernes, noviembre 25, 2022
Situaciones extrañas
jueves, noviembre 24, 2022
Viaje a Lisboa: Alfama
Cuando fui por primera vez a Lisboa no llegué a visitar Alfama. Este barrio es uno de los más peculiares de la ciudad, también el más antiguo. Sus orígenes son árabes y, como tal, las calles de Alfama serpentean en callejuelas llenas de bares, restaurantes, ropa tendida y melancólicos fados.
En la parte más alta de Alfama se encuentra el Castillo de San Jorge, que yo no visité porque ya me informé que está en ruinas, y al final Alfama está llena de numerosos miradores para ver la ciudad desde las alturas.
Llegué a la freguesia (parroquia) de São Vicente de Fora, que entre otras cosas es interesante porque tiene una de las cisternas más antiguas del mundo, muy bien conservada, así como el panteón de los Duques de Bragança, entre los que se encuentran varios antiguos reyes de Portugal. Pero sobre todo, lo más impactante es una enorme terraza-mirador con vistas al río Tajo.
En São Vicente de Fora también hay una exposición de restos arqueológicos y otra exposición de cerámicas portuguesas.
Cuando salí de esta parroquia me encontré que bajaba el famoso tranvía 28, que siempre va abarrotado de gente. Este tranvía conecta Rossio con el Castillo de San Jorge, por cuestas muy empinadas, y es el tranvía más famoso de la ciudad.
De allí marché al Panteão Nacional, un edificio impresionante cuya cúpula se ve desde cualquier rincón de Alfama. Se puede salir a la terraza, que merece la pena porque se ve Lisboa desde los cuatro puntos cardinales.
En el Panteão Nacional se encuentran las tumbas de una serie de figuras importantes de Portugal (escritores, presidentes de la República, cantantes de fado), así como los cenotafios de navegantes y descubridores (como el de Vasco de Gama, cuyos restos en realidad se encuentran en el Monasterio de los Jerónimos.
En la terraza del Panteão Nacional no te puedes acercar a los pilares de piedra, ya que hay un pasillo más hondo, a fin de que la gente no se acerque, pero las imágenes son impresionantes.
Y a partir de ahí, me dejé llevar por las callejuelas serpenteantes hasta llegar a la parte baja de la Alfama, justo donde se encuentra el Museu do Fado. Y es que es tan pintoresco este barrio que da gusto pasear por allí.
Tras el terremoto de Lisboa, otros barrios fueron remodelados y ordenados, pero no ocurrió lo mismo con Alfama, que era un barrio pobre, lleno de pescadores en la parte baja y de gentes de baja estofa y malas calañas en la parte alta.
Hoy en día el barrio se ha poblado de muchos inmigrantes, se puede probar comida de cualquier parte del mundo. Hay miradores y ventanas desde donde se pueden conseguir magníficas vistas de la ciudad. Puedes pasear entre las casas de colores pastel, siempre con el predominio del amarillo. Y claro, llenas las ventanas de ropa tendida. Es muy pintoresco, un lugar que merece la pena visitar. Un lugar al que volveré.
Antes de desembocar en el Museu do Fado, me encontré con la estación de Santa Apolónia. Me trae recuerdos, porque la primera vez que visité Lisboa cogimos un tren de vuelta a Salamanca desde aquí. Además comí cerca en una terraza y tuve la suerte de conocer a una pareja de mexicanos que se marchaban a Oporto.
miércoles, noviembre 23, 2022
Cenando bien
martes, noviembre 22, 2022
Elevador de Santa Justa
Siempre que he pasado por el elevador de Santa Justa he pensado en subir, porque es una de esas experiencias lisboetas que no se pueden pasar por alto, lo que ocurre es que cuando pasas siempre está lleno de filas larguísimas y la verdad es que nunca me ha dado por esperar la fila. En mi pasillo además tengo una imagen del mismo que me trajo mi hermano cuando hace unos años estuvo y que enmarqué. Así que algún día tendré que subir, porque me gusta tanto Lisboa que seguiré acudiendo a la ciudad.
Con 45 metros de altura conecta la Baixa con el barrio de Chiado. Se terminó de construir en 1902 y su diseño es obra del ingeniero Raoul Mesnier de Ponsard. De estilo neogótico, tiene una estructura de hierro inspirada en técnicas de construcciones francesas, como la Torre Eiffel. De todos los elevadores de Lisboa es el único totalmente vertical.
lunes, noviembre 21, 2022
Viaje a Lisboa: Museu do Fado
El fado es una música tradicional de Portugal, de carácter triste, que nace en Lisboa a principios del siglo XX. Es la música que cantaban los pescadores y las mujeres de éstos a la hora de laborar y tras recoger las ganancias que les traía el río Tajo a casa. Nace como ese sentimiento de vacío al esperar que sus maridos volvieran de pesca, de ahí esa característica de tristeza, que cuando lo cantan parece que estuvieran llorando o que fueran plañideras en un funeral.
Alrededor del barrio pesquero empiezan a proliferar los prostíbulos, las tabernas y un largo sinfín de lugares y gente de baja estofa. El fado se desarrolla más tarde en los bajos fondos lisboetas, de la mano ya de gente de mal vivir, que le dieron un carácter más alegre, y a la vez empezó a extenderse por toda la ciudad.
El Museu do Fado se asienta en la parte baja de Alfama, justo donde pudo originarse allí por el siglo XX. Allí hay una gran cantidad de fotografías donde aparecen los más importantes cantantes de fado de Portugal, actuales y de tiempos pasados, cuyas voces se pueden escuchar a través de un audífono que te dan en la entrada.
Además hay una colección de instrumentos musicales relacionados con el fado y la recreación de una de esas tabernas donde cantan fado. En resumen, merece mucho la pena visitar el Museu do Fado.
He aquí un fado que me gusta mucho, y que también es muy famoso: Canção do Mar, cantado por Dulce Pontes.
domingo, noviembre 20, 2022
Leyendo
sábado, noviembre 19, 2022
Saturada
viernes, noviembre 18, 2022
Sin planear
jueves, noviembre 17, 2022
Siempre es un placer
miércoles, noviembre 16, 2022
Otros amaneceres
martes, noviembre 15, 2022
Chesil Beach
Viaje a Lisboa: Parque das Nações
El Parque das Nações de Lisboa es un distrito de la ciudad con edificios nuevos y con pabellones de la antigua Exposición Universal de Lisboa, que se celebró allí en 1998. Es un lugar con numerosos centros comerciales, hoteles, pabellones de exposiciones que aún siguen allí, teleférico y el Oceanário de Lisboa.
Los edificios son modernos e imponentes. Y recordé Sevilla, porque me han dicho que donde estuvo la antigua Expo de Sevilla está todo echado a perder, abandonado, estropeado, lleno de basura... En Lisboa lo han reutilizado convirtiendo la zona en un lugar de encuentro lleno de gente.
Como adoro la vida del mar y cualquier acuario, tenía que ir hasta allí. El Oceanário de Lisboa es una plataforma que simula un puerto flotante, y es el acuario de interior más grande de Europa.
Mis hermanos se ríen cada vez que les digo que he estado en un acuario, y es que ver a los peces me brinda una enorme sensación de paz. Me puedo pasar horas mirándolos, esa sensación de vida...
Tampoco hay mucho más que decir de esta zona de Lisboa, donde yo fui porque quería ver el Oceanário. En la entrada hay un dragón hecho de plásticos para concienciar sobre el mal que hace la basura -y en particular los plásticos- en los océanos.
lunes, noviembre 14, 2022
Viaje a Portugal: Fátima, Batalha, Nazaré y Óbidos
Cuando decidí ir a Portugal, no me llamaba especialmente la atención ir a Fátima. De hecho, revisando las excursiones, fui a Fátima porque en esa ruta había tres ciudades más.
Íbamos en un microbús y había gente de todo: quienes iban como yo, a ver el santuario de Fátima porque si estás en Portugal hay que verlo una vez en la vida, y quienes iban por religiosidad y se hubieran quedado allá todo el día. La fama de esta localización de debe a las numerosas apariciones de la Virgen de Fátima a tres pastorcillos durante varios meses de 2017, aunque según los carteles, Fátima siguió apareciéndose allí.
El santuario de Fátima es una explanada inmensa con varias basílicas. La plaza es cruzada por un camino blanco donde los beatos van de rodillas hasta la capilla central, un lugar que se encuentra junto a la encina donde se sucedieron las diversas apariciones, y donde cada día se dice misa en un idioma diferente. Detrás, hay unos hornos donde la gente echa velas que previamente han comprado.
Llovía cuando visitamos Fátima. Recorrí la plaza bajo unos soportales y entonces me encontré en la capilla llena de gente, los hornos y quise salir de allí. Me he educado como cristiana, pero la religiosidad exacerbada que vi allí es arena de otro costal: gente llorando, gente arrastrándose. Dicen que la fe mueve montañas, pero aquello era demasiado.
Fui a la tienda porque mi madre me había pedido agua de Fátima, y compré unos recipientes con la efigie de la Virgen, tuve que volver a entrar porque el agua había que cogerla de unos chorros que había junto a la capilla. Intenté no mirar...
De allí fuimos a Batalha, ciudad histórica. Batalha es famosa porque muy cerca hubo una gran batalla. En el monte cercano de Aljubarrota se enfrentaron portugueses y castellanos. Las tropas portuguesas, apoyadas por los arqueros ingleses, estaban en inferioridad de número, en comparación con los castellanos, que venían ayudados por los franceses. Pero los portugueses estaban en un lugar estratégico: la cima del monte.
Cuando los portugueses ganaron la batalla dieron gracias a Dios levantando el monasterio de la Victoria (Santa Maria da Vitória) en un lugar cercano, y la población que surgió alrededor del monasterio se llamó Batalha. Lo cierto que es que no se rompieron mucho la cabeza para dar nombres tanto a la población como al monasterio.
Lo cierto es que el monasterio es imponente. Está inacabado y los estilos predominantes son gótico tardío portugués y estilo manuelino. El color de sus piedras se debe a una especie de ácaro que vive entre las juntas y que le da ese color renegrido, y que no se atreven a quitar. Tampoco se han limpiado mucho.
El interior es impresionante, como muchos edificios góticos. En las piedras del suelo se pueden ver las firmas de los constructores, algo a lo que no estamos habituados, pero aquí querían que se vieran las firmas, que siempre suelen ir ocultas, y las pusieron de caravista.
La siguiente parada fue Nazaré. Como había vías cortadas no pudimos subir al mirador desde donde nos iban a enseñar el gran cañón submarino que forma las altas olas de Nazaré, y por lo que se ha vuelto tan célebre este pequeño pueblo de pescadores.
Famoso para los surfistas, Nazaré se hizo famoso por sus enormes olas, llegando la mayor de ellas a superar la altura de 35 metros. Esto tiene una razón científica, porque el fondo oceánico forma un cañón que hace entrar en bucle a las olas entrantes, formando olas gigantes. Hoy en día, Nazaré es conocido por tener las olas más grandes del mundo, el paraíso para los surfistas.
El guía nos llevó a un restaurante junto al mercado de abastos donde comer. Dijo que servían rápido y nos dio dos horas, pero yo prefería comer junto al paseo marítimo y me marché, pese a que él insistió. Me dio tiempo a comer en una terraza, junto a una familia de españoles que estaban recorriendo Portugal, mientras veía a las señoras portuguesas con las faldas coloridas de siete faldones, y con carteles ofreciendo alojamientos. Era muy raro, para ellas no existen las aplicaciones de internet donde se ofrecen alojamientos.
De hecho, como siento curiosidad, me acerqué a una señora y le pregunté si tenía siete faldas con el calor que hacía. Me dijo que no. Estuve hablando con ellas y me preguntaron si quería una habitación. Después de allí marché al punto de encuentro y el guía me dijo que aún estaban comiendo, que ni siquiera habían visitado la playa.
Una señora me dijo después que les habían "clavado" en la comida y que yo fui la más lista, que me marché a comer junto a la playa, y seguro que más barato (así era), y más rápido también, porque mientras el resto del grupo comía opíparamente, yo había comido, recorrido el paseo turístico y comprado recuerdos.
Después de comer estuvimos en Óbidos, para mí el lugar más bonito que vimos ese día. Óbidos es una ciudad medieval, tiene una muralla magníficamente conservada, y allí se produce la ginja (licor de cereza) que se bebe en todo Portugal.
Tras pasar la puerta de la muralla, la calle principal estaba llena de tiendas peculiares, bares vendiendo ginja en la calle, artistas callejeros... Yo disfruté mucho en Óbidos.
























