jueves, junio 30, 2022
Terminando junio
miércoles, junio 29, 2022
Mes de regalos
martes, junio 28, 2022
El regalo especial
La vida sin ti
lunes, junio 27, 2022
Y entonces, la magia
domingo, junio 26, 2022
Mallorca subterránea
Mallorca es una isla geológicamente joven, es calcárea. Cuando emergió facilitó la creación de cuevas. Hoy en día se pueden visitar cinco de ellas.
Yo visité dos de esas cuevas: las de Hams y las más célebres de la isla, las del Drach.
"Drach" significa "dragón". Se llaman así porque cuenta la leyenda que en su interior vivía un dragón. Fueron descubiertas en 1896 por el francés Martel. En sus profundidades se encuentra el mayor lago subterráneo del mundo, se encuentra al mismo nivel que el mar. La apoteosis final de la visita a las cuevas del Drach es un espectáculo de música clásica en el lago, donde salen tres barcas con músicos. La acústica es perfecta y terminan con una baccarola final. No se puede grabar el espectáculo de música clásica. En este punto nos encontramos a 25 metros de profundidad.
Las cuevas dels Hams se llaman así porque sus estalactitas (las que caen del techo) tienen forma de anzuelo ("hams" significa "anzuelo". No son tan espectaculares como las del Drach, pero bien merecen una visita.
Las estalactitas y las estalagmitas crean figuras espectaculares dentro de las cuevas. Necesitan cien años para crecer un centímetro. Dentro de las dos cuevas la temperatura es muy agradable.
Reconozco que, sin ser tan grandes ni tan fastuosas, disfruté más de las cuevas dels Hams porque se podía caminar sin la cantidad de gente que había en las del Drach, que era como entrar a ver un concierto en hora punta.
Nubes de tormenta
La caja literaria de junio
En una semana
Historias del vecindario
sábado, junio 25, 2022
París
viernes, junio 24, 2022
Menos de cien páginas
jueves, junio 23, 2022
En medio de la tormenta
La balada del norte. Tomo 2
Brujas en verano
miércoles, junio 22, 2022
Excursión a Sineu, Alcúdia y Cabo Formentor
Una de las excursiones que más disfruté en Mallorca fue la que nos llevó al centro y norte de la isla. Así, salimos temprano de Palma en dirección a un pequeño pueblo que se encuentra en el centro de Mallorca. Ese pueblo es Sineu y cada miércoles quintuplica su población.
El mercadillo de Sineu es el más antiguo y tradicional de la isla. Desde tiempos inmemoriales se celebra aquí un mercado agrícola que expone en un sinfín de puestos junto a la iglesia cantidad de vegetales procedentes de la huerta mallorquín. Concreto que el mercado de verduras es en la plaza de la iglesia, porque en los alrededores el mercado se extiende con una cantidad ingente de otro tipo de puestos con productos de lo más variopinto, casi todos de origen mallorquín.
Desde cestas de mimbre, sobrasada, árboles, perros mallorquines y aves de corral, bordados de la isla, cerámica, objetos de madera, marroquinería y un largo etcétera. No es un rastro donde cada cual saca cualquier objeto de su casa para exponerlo y venderlo, sino que allí en su mayor parte son productos típicos mallorquines.
Obviamente está lleno de gente y también la guardia civil vigila en cada rincón. Porque está lleno de carteristas.
En la plaza de la iglesia, entre tomates y lechugas, tomé un café riquísimo en una cafetería con los ventanales abiertos mientras fuera un músico entonaba canciones del cine.
De allí fuimos a Alcúdia, ciudad amurallada y llena de gente y bullicio. Muy cerca, en Pollentia se encuentran las ruinas romanas de una de las primeras villas de la isla. Bien, Alcúdia impresiona por sus murallas, que encierran una pequeña ciudad muy cuidada llena de tiendas y dedicada por completo al turismo.
Pero cuando recorres las calles desde una puerta de la ciudad a la otra puerta, ya no hay mucho más que ver. Además, la ciudad continúa fuera de las murallas.
Muy cerca, en Puerto Pollença cogimos un barco hasta Cabo Formentor. Fue media hora donde se pueden disfrutar de las aguas turquesas, del sol, de las grandes mansiones y hoteles -algunos accesibles únicamente por mar-, las recónditas calas y, allí al norte, en la punta más septentrional de la isla, allí se encuentra el cabo de Formentor.
El Cabo Formentor no tiene mucho que ver: una playa pequeñísima, dos restaurantes y un bosque de pinos con senderos sinuosos. Allí conocí a un matrimonio argentino. El señor se puso a mi lado en el self-service y me preguntó qué iba a comer. Su mujer ya estaba comiendo un plato de paella. Con ese acento le tuve que preguntar de dónde eran. Seguimos hablando y hablando porque nos sentamos en mesas cercanas.
De allí regresamos por la Sierra de Tramontana, siguiendo la línea de la costa y paramos en el mirador de Colomer, desde donde había unas vistas magníficas de Formentor, del mar Mediterráneo y donde había cabras salvajes.
martes, junio 21, 2022
Nueve meses
lunes, junio 20, 2022
Go to… Dubrovnik
domingo, junio 19, 2022
Tardes agradables
A la sombra
Noches de insomnio
Con amigos
Qué bien sienta una copa a veces
sábado, junio 18, 2022
8 años he tardado
viernes, junio 17, 2022
La forma de las nubes
De la tormenta al bochorno
jueves, junio 16, 2022
Pequeños placeres
miércoles, junio 15, 2022
El centro histórico de Palma
El primer día en Palma visité la ciudad monumental. Aún cierro los ojos y recuerdo la banda sonora de El Padrino que un violinista regalaba a los turistas en unas escaleras que te llevaban a dos de los monumentos más bellos de Palma de Mallorca: a un lado quedaba el Palacio de la Almudaina y, a mano derecha, la titánica catedral. Y a mi espalda dejaba el Parc de la Mar y parte de las murallas.
El Palacio de la Almudaina, antigua residencia de reyes, es un impresionante conjunto arquitectónico de estilo gótico. Visitar el palacio te remonta a tiempos antiguos, entre las salas de las chimeneas, de los reyes, de las reinas, los baños, la capilla de Santa Ana y el salón mayor.
Se trata de un alcázar del siglo XIV levantado por el rey Jaime II sobre un antiguo palacio musulmán. Aquí tuvieron sucesivamente su corte todos los monarcas del Reino de Mallorca.
La decoración presenta dos ambientes diferenciados. En la planta baja se recrea el estilo medieval, mientras en la planta superior, que se utiliza para la celebración de actos oficiales de la familia real, está decorada con objetos y mobiliario procedentes de los Reales Sitios.
Si la familia real no tuviera su residencia de verano en el Palacio de Marivent, vendría a este palacio. El último monarca en visitarlo fue el rey Carlos I de España, quien mandó construir también la planta superior (este año Carlos I me persigue allí donde vaya, que en Cáceres también tuve sobredosis de él en el Monasterio de Yuste).
Desde el patio se accede a la capilla de Santa Ana, cuyas reliquias se encuentran en el interior. Ya en otras ocasiones he hablado de lo que pienso de las reliquias y que no puede haber tantas con todo el tráfico de reliquias que hubo en los siglos pasados. Pero son las reliquias de la santa que lleva mi nombre.
Del Palacio de la Almudaina pasé a visitar la Catedral, donde no tuve que esperar mucha fila (es que unos días después alguien me comentó que para entrar en la catedral tuvo que esperar más de una hora, será que soy algo afortunada).
La catedral de Palma se levanta sobre el solar de una antigua mezquita árabe. Comenzó a construirse en estilo gótico primitivo durante el reinado de Jaime II, primer monarca de la casa real mallorquina, mientras que el portal mayor fue construido en estilo renacentista y bendecido en el año 1601. Desde entonces ha sido sometida a varias reformas por el movimiento de tierras. Incluso el arquitecto catalán Antoni Gaudí estuvo aquí, pero abandonó la reforma después de una fuerte discusión con el contratista de la obra. De hecho, en el interior hay muchos elementos obra de Gaudí.
Son impresionantes los enormes rosetones de colores. A mí me impresionó el espacio, que en vez de estar dividido, como en otras catedrales, está libre y su interior da la sensación de grandeza, es gigante y no tan recargado como otros templos.
Una de las mayores atracciones de la catedral es la capilla decorada por el artista mallorquín Miquel Barceló. Se trata de una recreación del milagro de los panes y los peces. Cuando puse esta imagen en Instagram una persona me dijo que era un tsunami sin gusto, "una aberración". Tuve que replicar que para mí era de una gran belleza. Y es que el arte tiene ese poder: el de que los que miramos la misma obra de arte, pero cada persona está viendo en realidad una obra diferente, porque cada uno al final recoge de esa misma obra lo que le llama la atención. Para mí es una obra magnífica y, a la vista está: es la capilla más visitada de la catedral de Mallorca.
De la catedral salí a una serie de callejuelas que me llevaron a los baños árabes. Probablemente se remontan al siglo XI y son unos de los pocos restos que quedan en la isla de la etapa musulmana. Sólo se conserva la sala central dedicada a los baños de vapor con doce columnas sobre una base cuadrada.
Muy cerca a los baños se encuentra el Museo de Mallorca, que cuenta con una completa colección del patrimonio histórico de las diferentes culturas que han dejado su influencia en la isla.
Como no podía ser de otra manera entré al museo, me encanta el arte y la historia, pero a mi gusto es un museo muy pequeño. Aunque las muestras de los restos de la cultura talayótica y árabe merecen la pena. Además lo vi muy rápido porque el recepcionista me hizo dejar en consigna la mochila con todas mis pertenencias.
Lo que más me gustó del museo son las exposiciones de cerámica antigua de la isla.
Desde ahí y como se acercaba la hora de comer, decidí salir del centro histórico y caminé junto a las murallas. La ciudad estuvo rodeada íntegramente por murallas, que hoy se encuentran en pie parcialmente.
Finalmente, termino de hablar del centro histórico de Palma con la lonja. En realidad comí en una terraza junto a la lonja, porque cuando llegué había cerrado, así que lo visité por la tarde. Sabía que me encontraría una lonja muy similar a la lonja de Valencia.
El edificio de la Lonja es una obra maestra de la arquitectura gótica civil y un hermoso ejemplo del gótico flamígero. Aquí se encontraba el órgano de gobierno del Colegio de Mercaderes, la sala de contratación y el lugar donde se hacían las transacciones comerciales.
Del siglo XV, no sólo impresiona su esplendoroso exterior, ya que el interior está poblado de esbeltas palmeras de piedra. Un gozo para los sentidos.































