Mallorca es una isla geológicamente joven, es calcárea. Cuando emergió facilitó la creación de cuevas. Hoy en día se pueden visitar cinco de ellas.
Yo visité dos de esas cuevas: las de Hams y las más célebres de la isla, las del Drach.
"Drach" significa "dragón". Se llaman así porque cuenta la leyenda que en su interior vivía un dragón. Fueron descubiertas en 1896 por el francés Martel. En sus profundidades se encuentra el mayor lago subterráneo del mundo, se encuentra al mismo nivel que el mar. La apoteosis final de la visita a las cuevas del Drach es un espectáculo de música clásica en el lago, donde salen tres barcas con músicos. La acústica es perfecta y terminan con una baccarola final. No se puede grabar el espectáculo de música clásica. En este punto nos encontramos a 25 metros de profundidad.
Las cuevas dels Hams se llaman así porque sus estalactitas (las que caen del techo) tienen forma de anzuelo ("hams" significa "anzuelo". No son tan espectaculares como las del Drach, pero bien merecen una visita.
Las estalactitas y las estalagmitas crean figuras espectaculares dentro de las cuevas. Necesitan cien años para crecer un centímetro. Dentro de las dos cuevas la temperatura es muy agradable.
Reconozco que, sin ser tan grandes ni tan fastuosas, disfruté más de las cuevas dels Hams porque se podía caminar sin la cantidad de gente que había en las del Drach, que era como entrar a ver un concierto en hora punta.





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