Vine enamorada de Mallorca y no es para menos. Es una isla paradisíaca. Lo que no esperaba es que en pleno mes de mayo hubiera tanta gente en todos los sitios, y sobre todo, mucho turismo extranjero. Así que no es de extrañar que hoy en las noticias hayan dicho que van a regular el turismo en Baleares durante cuatro años. Creo que han dicho exactamente que lo van a limitar. Y es que yo sí pensé que si aquello estaba tan lleno de gente en el mes de mayo, durante el verano tiene que ser demasiado multitudinario, vamos, que no comes, que no compras, que no entras en museos y, por supuesto, no cabes en la playa. Eso o toca esperar filas astronómicas.
La isla de Mallorca es la más grande de las Baleares, la más poblada y la que más turismo recibe. En ella se encuentra la capital, Palma de Mallorca, situada al sur. Y en esa misma isla nació hace 35 años, en Manacor, el más grande tenista de todos los tiempos, Rafael Nadal. Parece Mallorca bendecida por los dioses y algo debe tener cuando también es el lugar elegido por la familia real para pasar sus vacaciones, y es que desde mi hotel se veía el tejado del Palacio de Marivent.
Lo que está claro es que no necesitamos ir al Caribe para encontrarnos con las aguas turquesas y claras, porque ya en Baleares nos encontramos con calas preciosas y aguas de color turquesa.
La isla carece de ríos, pero el perfil de los molinos se ve por toda la isla. De una parte, podemos ver los molinos -ya en desuso- que se utilizaban para sacar agua de la tierra, ya que en la isla hay un alto nivel freático y llueve poco. Además de estos molinos, también hay una cantidad ingente de molinos de viento, que hoy están de adorno o se han convertido en tascas. Lo que está claro es que también los molinos, unos y otros, constituyen un reclamo turístico.
Al noroeste se encuentra la sierra de Tramontana, un relieve escarpado con unas vistas magníficas al mar y, sobre todo, al cabo Formentor, el cabo más septentrional de la isla. En sus numerosos miradores, lo que también te puedes encontrar son cabras salvajes. De hecho, yo iba tranquilamente a hacerme una foto a uno de los miradores y en el camino salió de repente una cabra y sí, me asusté.
Los primeros pobladores de la isla se remontan, y esto se sabe por restos arqueológicos, a 3.500 a.C. Fueron los honderos baleáricos, pero su procedencia es dudosa. En 1.300 a.C. las islas vivieron cambios cruciales de los que surgió la cultura talayótica. Se trata de una cultura guerrera que perduró hasta incluso después de que Quinto Cecilio Metelo, que se conocería con el sobrenombre de Balearicus, invadiera la isla para ampliar la república romana en el año 121 a.C. Cuenta la leyenda que el general romano tuvo que proteger sus embarcaciones con pieles de animales porque los honderos -disparando con sus hondas- les impedían desembarcar. Los honderos mallorquines pasaron a engrosar las tropas romanas y Roma fundó un castro sobre un peñasco conocido hoy como "sa Riera", que se encontraba más o menos donde hoy se encuentra el Palacio de la Almudaina. Y he aquí el origen de la ciudad de Palma.
Tras incursiones bizantinas, musulmanas e italianas y saqueos de piratas turcos y berberiscos, en el año 1229 Jaime I el Conquistador llegó a la isla con sus tropas y la conquistaron definitivamente para los cristianos.
Con respecto a la ganadería, es una isla que tiene mucha ganadería autóctona, en especial ovejas, vacas, toros y mulos, e incluso hay una especie de cerdo mallorquín que sólo existe en la isla y que produce la mejor sobrasada de la isla.
En Mallorca visité la ciudad de Palma de Mallorca. Mi hotel se encontraba en Porto Pi, entre el centro de Palma y el Palacio de Marivent. A un lado (este) de la ciudad se encuentra la playa del Arenal, la que más turismo recibe y la zona de fiesta. Al otro lado (oeste) se encuentra Magaluf, que según me comentó un taxista viene a ser una población con dos calles llenas de hoteles y donde los turistas -británicos en su mayor parte- vienen a emborracharse y a hacer balconing. Lamentablemente en mi estancia en Palma, ya hubo que lamentar varios "accidentes".
El centro histórico de Palma es una maravilla que describiré en los próximos días. Además de Palma, visité el mercadillo más tradicional y antiguo de la isla: el mercado de Sineu. Se celebra los miércoles y hay mucha gente, ya te avisan que tengas cuidado con los carteristas. Pero hay una cantidad gigante de puestos, muchos productos típicos y mucho ambiente.
Visité la ciudad amurallada de Alcúdia, que era magnífica y cerca de allí, en Puerto Pollença -donde estuvo uno de los asentamientos romanos más antiguos de la isla- monté en un barco rumbo a Cabo Formentor. Como ya decía al principio, me fascinaron las aguas de color turquesa. La vuelta fue por la Sierra de Tramontana.
También visité Porto Cristo, el pueblo donde vive Rafa Nadal, visitamos una fábrica de perlas en Manacor y, finalmente, dos de las grutas más fascinantes de la isla: las célebres cuevas del Drach y las cuevas de Hams.
El último día y para despedir Palma, subí al castillo de Bellver, desde donde hay unas magníficas vistas de toda la parte sur de la isla, y visité el acuario.
En los próximos días y antes de volver a marcharme de viaje, desarrollaré cada uno de estos lugares, que siempre me gusta no sólo escribirlo sino también releerlo dentro de unos meses.












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