Y entonces ves luz en una oficina y sabes a quién te vas a encontrar dentro y no puedes resistirte a subir las escaleras, y robarle tiempo. Porque cerca de él las horas se convierten en segundos.
Y le miras y vuelves a decirle por qué no se pone las vacunas para poder venirse de viaje a Croacia.
Y cuando quieres darte cuenta ha pasado una hora y te has estado riendo con él porque es una de las pocas personas del mundo con quien puedes hablar de todo. Así es la complicidad. Y la magia.
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