lunes, junio 30, 2008

Eran 'enanos' que derrotaron gigantes...

Si estos días he echado de menos a alguien ha sido a mi tío, porque sé lo que le hubiera gustado vivir el triunfo de la Furia y la gloria de los españoles en Europa.
Es inevitable no recordarle en aquellos momentos de fútbol total, que los gozaba como un niño chico.
Sé todo lo que le hubiera gustado vivir estos momentos que cualquier español ha disfrutado, está disfrutando y, sin duda, seguirá disfrutando durante un tiempo más, porque está claro que el triunfo de la Eurocopa va para largo.

Estoy segura de que, esté donde esté, estaba a nuestro lado, apoyando a esa-nuestra selección que se ha convertido en la más grande de Europa...


Decían que éramos bajitos,
pero hemos derrotado gigantes.

Que nuestro himno no tiene letra,
pero hemos escrito la Historia con letras de oro.

Que se nos atragantaban los cuartos,
pero no las grandes finales.

Si el pasado fue negro,
lo hemos teñido de rojo.


¡Podemos!

Sinuhé, el egipcio

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Hacía tiempo que no leía un libro que hablara de Egipto. Reconozco que hacía mucho tiempo que quería leer Sinuhé, el egipcio y que no me ha decepcionado. La trama narra la historia de un médico real y, a través de sus ojos y de sus palabras, descubrimos la turbia época de Akhenaton. El libro en sí es una joya, aunque es algo anacrónico en algunos hechos históricos. A veces incluso se hace arduo y pesado en algunos párrafos. Pero las descripciones son exquisitas y los perfiles psicológicos de los personajes están bastante logrados.

La historia está narrada en primera persona por el que durante mucho tiempo fue médico del faraón, ahora desterrado de Tebas, un hombre que nació para sanar y terminó matando. Y así, en su soledad rememora toda su vida pasada...

El médico de los pobres Senmut y su esposa Kipa vivían en una humilde casa junto al río. Eran mayores para tener descendencia... hasta que les llegó el hijo que siempre habían querido, a través del río, en una cesta de cañas. Le adoptaron como su hijo y le pusieron de nombre Sinuhé. Con siete años, el niño quería ser soldado, pero su padre le hizo ver lo importante que era leer y escribir. Así que Sinuhé terminó acudiendo a la escuela, donde hizo su primer amigo: Thotmés, que tenía una habilidad natural para dibujar y esculpir.
Para acudir a la Casa de la Vida, donde se enseñaba a curar a los enfermos, Senmut acudió a un antiguo colega, Ptahor, que era trepanador real y le pidió ayuda. Gracias a este médico, Sinuhé entró al servicio del templo, donde primero tenía que convertirse en sacerdote y después aprender las tareas de médico. Pero era considerado un niño extraño porque hacía muchas preguntas. Sin embargo, un día Ptahor le vio y le hizo acompañar para trepanar al faraón, que estaba muriéndose. Esa fue la primera vez que Sinuhé y Amenhotep –el hijo del faraón postrado- se vieron. El viejo faraón falleció varias horas después, ya que las trepanaciones no tenían buenos resultados casi nunca.
Sinuhé conoció en la Casa de la Vida a una mujer que sería su tormento durante mucho tiempo, Nefernefernefer. Aquella mujer tan bella quiso seducirle, aunque no lo consiguió, pero le regaló un anillo que Sinuhé hizo grabar y con él firmaba en sus documentos de médico.
Nefernefernefer compró una casa para atender a los enfermos y se agenció un esclavo tuerto que le ayudó en muchas ocasiones: Kaptah. Entonces fue invitado a una fiesta, y allí volvió a reencontrarse con aquella malvada mujer, que fue poco a poco robándole todo hasta echarle de su casa por mendigo: así, mediante documentos redactados a un escriba, Sinuhé le fue regalando su casa, la casa de sus padres y las tumbas que habían construido sus padres para cuando murieran. Después a Sinuhé no le quedó nada, ni siquiera pudo despedirse de sus padres, que fueron apaleados en su casa, que ya no era suya, y Sinuhé les enterró, a escondidas, junto a la tumba del faraón que acababa de morir.
Junto a Kaptah empezó a recorrer países y a aprender los métodos de curación de médicos extranjeros, curó a reyes y estuvo en las mejores cortes de países, le hacían muchos regalos y, cuando volvió a Tebas, era un hombre muy rico.
Amenhotep había cambiado su nombre por el de Akhenaton, y servía sólo al dios Atón, intentando extirpar de Egipto a los adoradores de Amón. No quería guerras, pero Horemheb, cabecilla del ejército, le pedía incesantemente reunir a las tropas para rechazar la amenaza de los hititas que se agolpaban en las fronteras.
Sinuhé se enamoró tres veces, fue médico real, se enteró de que era hermanastro del faraón y le quiso como un hermano, fue a la guerra con Horemheb y, por este, administró venenos a muchos hombres queridos por él. Pues todos sus seres queridos murieron por él.

El vino es un don de los dioses si se usa con moderación. Un vaso no hace daño a nadie, dos hacen un charlatán, pero quien vacía la jarra entera se despierta en el arroyo desnudo y lleno de contusiones”.

domingo, junio 29, 2008

¡Podemos! y ¡pudimos!

Es la imagen del día. Iker Casillas con la Copa.
Hoy, 29 de junio de 2008, pasará a la Historia.
Y Luis Aragonés se va por la puerta grande (pese a la bordería de la que hace gala, a mí El Míster me cae genial).

España ha conseguido el sueño de Europa y ocupa su lugar entre los grandes. Ya era hora.
He llorado de emoción (y eso que no soy muy futbolera). Pero hoy me han hecho sufrir, me han hecho llorar y me han hecho reír.

sábado, junio 28, 2008

"The Doctor"

Reconozco que nunca me había interesado mucho el motociclismo. Si lo veía siempre estaba pendiente de Valentino Rossi. Sin querer desacreditar a los españoles -Dani Pedrosa y Jorge Lorenzo- que son buenos, Rossi es el AMO.
Hoy veré la carrera de MotoGP y estaré pendiente de la 46, of course!

Pues caerse en la primera vuelta ha sido un error grave de Valentino, eso le ha costado bajar al 2º puesto en la General, beneficiando a Pedrosa. Me alegro por el español, claro. Mi vista se alegra con otras cosas, como se puede comprobar en la foto :D

Los súcubos, espíritus de la tentación

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Entre los años 390 y 459 d. C., vivió un hombre llamado Simeón que más tarde sería canonizado y conocido con el nombre de San Simeón Estilita el Viejo. Fue un asceta sirio que nació en Sisán, una ciudad de lo que hoy es Turquía, y durante muchos años de su vida vivió recluido en un monasterio de Antioquía dedicado al rezo.
De San Simeón se cuentan muchas historias sorprendentes, y muchas de ellas deben de ser falsas o estar exageradas. Pero entre las leyendas que creemos ciertas están las que hablan de los súcubos. De hecho, San Simeón debió de ser uno de los hombres que más tentaciones sufrieron a lo largo de su vida. Dicen que todas las noches un súcubo con apariencia de mujer hermosa se metía en su celda y le impedía dormir. Aquel espíritu de la tentación pretendía por todos los medios a su alcance que Simeón renunciara a sus convicciones y yaciera con ella en la cama. Pero él era un hombre devoto y entregado por completo a la oración. Y cuanto más le suplicaba Simeón que se marchara, más interés tenía el súcubo en él.
Entonces, para librarse de este espíritu, a Simeón se le ocurrió una idea que después fue imitada por otros muchos ascetas. Abandonó la comodidad de su celda y en el año 423 se subió a un pilar de dieciocho metros de altura y desde allí comenzó a predicar hasta el fin de sus días. Treinta años pasó Simeón Estilita subido en aquel pilar, día y noche, hiciera calor o frío, alimentándose de lo que le llevaban las buenas gentes del lugar.
Y cuentan que ni un solo día dejó de tentarlo el súcubo desde abajo.

viernes, junio 27, 2008

Los licántropos, metamorfosis espantosa

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En el pueblo de mis padres, los más viejos todavía recuerdan la desgracia que persiguió a la familia del sereno durante dos generaciones.
Hace de esto muchos años, y nunca más ha vuelto a repetirse un suceso tan desagradable, pero aquella noche de luna llena a los muchachos que celebraban una despedida de soltero se les ocurrió terminar la fiesta en el claro del bosque, donde se decía que estaba enterrada la bestia que había asolado la comarca durante varios años.
Quizá porque estaban bebidos, los jóvenes decidieron desenterrar al animal para comprobar si era cierta la leyenda. Así que cavaron hondo y encontraron unos huesos deformes y afilados. Como la fiesta se celebraba en honor al hijo del sereno, fue éste quien los recogió del suelo y llenó con ellos una saca. Pero mientras lo hacía, un hueso astillado le rasgó la muñeca, que comenzó a sangrarle.
En ese momento no le dieron importancia, pero al día siguiente, en su boda, la mano estaba hinchada y no pudo ponerse el anillo en la diestra. Y cuando llegó la noche el recién casado comenzó a aullar como un lobo y todo su cuerpo sufrió una metamorfosis espantosa hasta quedar convertido en un licántropo, una especie de lobo gigantesco, en mitad del baile.
Dicen que fue su propio padre el único que se atrevió a empuñar un arma para abatirlo, igual que veinte años antes se vio obligado a hacer con su hermano, al que habían enterrado en aquel claro del bosque.

El árbol que perece

Imagina un árbol que se seca. Sus hojas se han caído, su corteza se torna gris. Su silueta recuerda tiempos mejores y precisa un negro futuro. Ese árbol esquelético, viejo, cansado y solitario cada día es más retorcido. Los agujeros que en su día tenían ramas hoy semejan deprimentes muñones. El árbol se pudre poco a poco.
Así es el odio.

Y pasan los meses. El árbol tiene una simple hoja. No quiere perecer. Con el paso del tiempo empieza a florecer e intenta olvidar el pasado.

jueves, junio 26, 2008

España a la final de la Eurocopa

No tengo palabras para describir el partido de hoy, el primer partido de la Eurocopa que he visto íntegramente. No sé cómo juega Alemania, aunque siempre pensé en Italia y Alemania como las mejores selecciones europeas, visto lo de hoy tenemos posibilidades. Les robaré por un momento el lema a los de Cuatro para decir: "Podemos".

¿Ya era hora, no?

Los hombres grises, ladrones del tiempo

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En la biblioteca de Massachusetts, en Estados Unidos, en una de las estanterías donde se conserva lo publicado durante el siglo XIX, existe el único ejemplar de un libro insólito, escrito por un psiquiatra loco que acabó siendo olvidado. Se trata del doctor Knolit y se su obra más famosa, titulada Los hombres grises y el tiempo perdido, donde se habla de estas extrañas criaturas que viven acosando a los humanos.
Según el doctor Knolit, los hombres grises son etéreos, pero pueden adoptar forma humana en algunas ocasiones, como en un funeral, por ejemplo. En estas ocasiones se les puede ver vestidos con un traje gris, el pelo canoso y la cara malicenta, enormes ojeras y sombra en la barba, como de no haberse afeitado.
Pero no están allí para llorar al difunto, sino para absorber todo el tiempo que los hombres han perdido. "Cada vez que uno de nosotros se lamenta por lo que quiso hacer y no hizo", escribe Knolit, "un hombre gris se adueña de su tiempo perdido". La ansiedad que se vive en las grandes ciudades es la principal aliada de los hombres grises.
Pero su párrafo más revelador está escrito en la última página y dice así:
"Puede que esté loco, pero no dejo de ver hombres grises por todas partes. ¡Qué cantidad de tiempo que pierde la gente! Si ellos supieran... Hoy he congregado a todos mis hombres grises. Y están todos aquí, inquietos, deseosos de adueñarse de los veinte años que me quedan de vida. Pero no se los pienso entregar, me basta con haberlos visto".

Los fantasmas del corazón

Hay una máxima que dice: "Querer olvidar a alguien es recordarlo para siempre".
Después de tanto tiempo yo quiero olvidar al sujeto de mis desdichas, y cuando creo que ya está fuera ocurre algo que se sale de lo normal y vuelves a recordar ciertos momentos que te hacen estremecer.
Y reconoces que no quieres saber nada de él, que podrías pasar mil años sin echarle de menos, y sin embargo sigue en el subconsciente, porque un día, repentinamente, aparece en tus sueños.
Y podrías tachar esos sueños como pesadillas, pero lo que recuerdas del sueño son las risas, las miradas, las palabras... y que has dormido en paz. Pero al despertar quieres arrancarte el corazón, ese oscuro, viejo y cansado corazón que te ha hecho sufrir porque no puede olvidar...

Lamentas el día en que te acercaste a él. Lamentas las veces que has intentado hablar con él. Lamentas los recuerdos que llegan con la marea para volver a desaparecer con la tempestad.

Me pregunto cuál es el truco para olvidar, para sacar a una persona de tu vida y no arrepentirte después por ello.
Me pregunto dónde está el bálsamo que puede curar esas heridas que nunca terminan de cicatrizar.

Hoy sé que olvidar es imposible, que todo queda guardado en oscuros rincones del subconsciente, que sale al exterior cuando menos lo esperamos, que se muestra cuando creíamos haber olvidado. Hoy sé que he aprendido a vivir con una lacra que ni siquiera me deja soñar en paz, una seña de identidad que viene y va... Olvidar se ha convertido en una utopía.

miércoles, junio 25, 2008

La esfinge, criatura mitológica

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¿Qué es lo que tiene cuatro patas por la mañana, dos al mediodía y tres al atardecer?
Con este enigma, la terrible esfinge intimidaba a todos los viajeros que se acercaban a una montaña cercana a la ciudad de Tebas. Cuentan que fue la diosa Hera quien la puso ahí para castigar a Layo, el rey de esa ciudad, quien había cometido una imprudencia que había ofendido a la diosa. Desde ese día, una espantosa criatura con cabeza de mujer y cuerpo de león, a la que todos llamaban esfinge, custodiaba la entrada y la salida de la ciudad.
Sólo un hombre en toda Grecia pudo presumir de haber resuelto el acertijo que el formuló la esfinge, pues todos los demás que lo habían intentado fueron devorados al fallar la pregunta. La esfinge no tenía compasión con nadie. 
¿Sobrevivirías tú también al enigma de la esfinge? ¿Conoces ya la respuesta?
Fue Edipo, el hijo del rey de Tebas, el único hombre que dio con la solución de la adivinanza.
"¿Qué es lo que tiene cuatro patas por la mañana, dos al mediodía y tres al atardecer?", preguntó la esfinge. "El hombre", contestó Edipo, "que camina a cuatro patas cuando todavía es un niño, con dos piernas cuando es adulto, y apoyado en un bastón cuando es anciano".
La esfinge no esperaba que nadie encontrara la respuesta. Dicen que fue la rabia de saberse vencida lo que la llevó a precipitarse desde lo alto de la montaña. Y unos años más tarde, el pueblo de Tebas celebraba la coronación del hombre que les había salvado de la bestia. Pero ésta ya es otra historia...

"53 días de invierno"

Es una película que muestra frustraciones y miedos humanos, muchos de aquellos temores a los que debemos enfrentarnos alguna vez, a no ser que tengamos estrella y no nos toque pasar por los problemillas que todo ser humano soporta: la ruptura de un amor, el despido laboral, el abandono del hogar, la violencia escolar... Estos personajes llegan a situaciones límite en sus vidas, hasta darse cuenta de su error y volver a retomar las riendas de sus vidas. Quizás algunas de sus dificultades nos pillen cerca, posiblemente algunas nos pillen lejanas, aunque son hechos consumados en el día a día. Sólo hay que ver las noticias...

Tres personas se encuentran en la marquesina del autobús. No les une nada, no se conocen, son tres personas invisibles que sólo se dirigen la palabra cuando, frente a ellos, un hombre abandona un perro.

Son las personas que nos encontramos a diario, con las que cruzamos una palabra o un saludo, en la parada del autobús, en el ascensor, en el pasillo de un hospital... Personas anónimas a las que quizás no volvamos a ver nunca, y son personas que tienen su propia vida, con sus alegrías y sus penas, con sus problemas y sus éxitos, con sus rutinas o sus cosas extraordinarias...

Mila (Mercedes Sampietro) es profesora. Ha estado de baja tras una agresión por parte de uno de sus alumnos. Ahora tiene miedo a volver, pero el psicólogo le da ese empujón que necesita para seguir adelante y enfrentarse a sus miedos. Poco a poco va superando aquello a lo que temía, incluso se controla cuando una niña se pone violenta en clase. Le falta algo para sentirse íntegra y es la ayuda a terceras personas.
En su edificio vive Dolores (Montserrat Salvador), una mujer mayor que está sola. Todos los vecinos la toman por loca porque la mujer acoge en su casa a todos los perros vagabundos que se encuentra y los animales arman gran alboroto, amén de ensuciar el portal con sus incontinencias. Dolores no habla con nadie... Un día, las quejas de los vecinos consiguen que le quiten a todos los perros y Mila siente un afecto solidario por ella. Empieza a cuidarla y finalmente consigue hacerla salir de casa. Aquella mujer abandonó a su hijo cuando éste tenía ocho años y el hijo no quiere saber nada. Pero Dolores ya no está sola porque ha encontrado una amiga en la maestra que la ayuda y cuida.

Celso (Álex Brendemühl) es guardia jurado de unos grandes almacenes. Está casado y tiene un hijo; está a punto de enterarse de que va a tener gemelos cuando lleva el perro abandonado frente a la marquesina a casa. Tienen graves problemas económicos; cuando llega a casa su esposa Ángela (Maria Pau Pigem) siempre está hablando de su dinero y de sus problemas, sobre todo ahora que se van a convertir en familia numerosa. Celso quiere tener un detalle con ella y sólo se le ocurre robar una joya en el mismo sitio donde trabaja. Es despedido, pero al volver a casa no entra y se abandona a su suerte, sumergiéndose en la miseria humana de los "sin techo" y mendigando. Duerme en parques, pasa mucho frío, con el dinero que consigue hace una llamada a casa, pero todos los días observa a su familia de lejos, sin que ellos le vean. Un día, vuelve a casa; Ángela le perdona.

Valeria (Aina Clotet) es estudiante de violonchelo. Sus padres están separados. Su madre (Silvia Munt) se abandona completamente y se amarga diariamente con su desdicha, pero amarga también a su hija. Su padre (Abel Folk) vive con otra mujer de manera egoísta, pues cuando su hija le pide quedarse unos días con él, enseguida le hace ver que incordia. Valeria tiene una relación amorosa con su profesor Hugo (Joaquim de Almeida), varios años mayor que Valeria, que juega con ella hasta que se cansa de la muchacha y envía a su mujer para que termine con la relación. A Valeria le cuesta mucho enfrentarse a la realidad, no da el paso para entrar en el aula donde su profesor imparte clases, ensaya en casa y, por fin, un día entra en la clase y consigue superar las trabas, hasta dar el recital.

martes, junio 24, 2008

El hechizo español

A mi tío le hubiera gustado saber que España ha pasado de cuartos en la Eurocopa. ¡Ojalá hubiera vivido para verlo! Aunque estoy segura que lo ve desde allá arriba, desde donde quiera que esté y seguro que apoya a "la roja". Por fin, por una vez nos podemos sentir orgullosos de nuestra selección. La noche del domingo todo acabó en locura generalizada, hoy todavía se vivirá la resaca, mientras se hacen apuestas para el partido del jueves. Incluso mi abuela prefirió quedarse a ver el partido en vez de ir a pasear.
Por supuesto, yo sigo siendo antifutbolera. He de decir que hace dos días me picó la curiosidad y a veces ponía el partido a ver cómo iban. Pero no lo vi. Del resultado me enteré después de acabada la tanda de penalties.

La noche más mágica del año, la noche de San Juan, pasó sin pena ni gloria. Después de que hace dos años prohibieran las hogueras en Salamanca por la sequía, que el año pasado se concentraran en puntos estratégicos de la ciudad, ayer... se puso a llover y a tronar a eso de las diez. Estaba muy cansada para escribir nada. Y en la oscuridad, mientras intentaba dormir, veía iluminarse la noche. Cuando me dormí la tormenta seguía su curso, por lo que imagino que iría para largo y dudo de que hubiera hogueras.

La noche de San Juan
Los antiguos celtas llamaban Alban Heruin a este festival y su principal significado era el de celebrar el instante en que el Sol se hallaba en su máximo esplendor, cuando duraba más tiempo en el cielo y mostraba su máximo poder a los hombres, y al mismo tiempo, el día en que empezaba a decrecer en el Solsticio de Invierno.
Para conmemorar y, al mismo tiempo, para atraer su bendición sobre hombres, animales y campos, se encendían grandes hogueras. Este festival se asocia a rituales destinados a obtener pareja o a conservarla.
Son innumerables los rituales propios de la Noche de San Juan, que se conmemora la víspera del 24 de junio, pero todos giran en torno a la glorificación del fuego. De hecho, es el festival del fuego por excelencia.
Realmente la noche del solsticio es la del 21 de junio aunque la Iglesia la ha adaptado a la festividad de San Juan.
De la misma manera, la presencia del agua es uno de los grandes símbolos de las celebraciones de San Juan que parece no tenerse en tanta consideración y que, sin embargo, es una parte esencial de numerosos ritos de esta festividad.
El apelativo de "Verbena" a esta fiesta se lo dio la costumbre practicada en algunos lugares por las jóvenes casaderas de ir a recoger verbena a las doce de la noche en la víspera de San Juan, creyendo que con ello conseguirían el amor del hombre deseado por su corazón.
Otra de la creencias era que la pareja que saltaba unida la hoguera conseguía felicidad y buena fortuna.
Otra de las tantas costumbres es aquella en que las jóvenes arrojan guirnaldas trenzadas por ellas a sus amados a través de las llamas y ellos deben recogerlas antes de que caigan al fuego. Las guirnaldas se guardan como talismanes de buena fortuna y, ocasionalmente, se quemaba alguna cinta en el hogar para procurar protección de sus habitantes y animales.
Algunos grupos para finalizar las ceremonias se introducen entre las olas, comulgando por un corto tiempo con el mar y recibiendo de él toda su fuerza.
El antecedente pagano a esta festividad es la celebración celta del Beltaine (significa “fuego de Bel” o “bello fuego”) , que se realizaba el 1º de mayo y era un festival anual en honor al dios Belenos. Durante el Beltaine se encendían hogueras que eran coronadas por los más arriesgados con largas pértigas.
Los druidas hacían pasar el ganado entre las llamas para purificarlo y defenderlo contra las enfermedades, rogaban a los dioses que el año fuera fructífero y sacrificaban algún animal para que sus plegarias fueran mejor atendidas.
Las fiestas griegas dedicadas al dios Apolo se celebraban en el solsticio de verano encendiendo grandes hogueras de carácter purificador.
Los romanos, por su parte, dedicaron a la diosa de la guerra Minerva unas fiestas con fuegos y tenían la costumbre de saltar tres veces sobre las llamas y por entonces se atribuían propiedades medicinales a la hierbas recogidas en aquellos días.

lunes, junio 23, 2008

Inquisitio


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Corren los albores del siglo XIX. España está agrupada en varios colectivos enfrentados entre sí. Ya ha pasado la Guerra de la Independencia, el trienio liberal y la Constitución de Cádiz han sido aniquilados por los Cien Mil Hijos de San Luis y el absolutismo monárquico está en manos de Fernando VII. Dos ideologías contrapuestas rigen las líneas de pensamiento de los españoles: los conservadores, ligados mediante la Monarquía y la Iglesia, llamados "blancos" y que unas décadas después pasarán a engrosar las filas del carlismo; y los liberales, perseguidos por el poder, llamados "negros" y que después apoyarán a Isabel. En este contexto histórico, la Iglesia tiene un poder inaudito aunque no siempre con el consentimiento del rey "afrancesado", que ni la apoya ni la contradice.
Los ánimos de los españoles están alterados, la Inquisición ya no es lo que era, los comuneros se sublevan, las libertades se restringen, la desidia corroe los huesos de todos, los edificios destruidos por las tropas napoleónicas siguen convertidos en polvo, los caminos son peligrosos porque están llenos de bandidos que no dudan en asesinar. España es un país hundido en el caos. Valencia no se muestra indiferente ante este estado de pobreza y desbarajuste social.
Allí surge un grupúsculo que se erige como la cabeza de la Iglesia en España, un colectivo de religiosos y poderosos que quieren instaurar la Santa Inquisición con todo su poder. Estos prohombres de la ciudad crean una secta, el Ángel Exterminador, que controla toda la ciudad. La Osa Mayor es la representación celestial de las instituciones que ellos rigen en la tierra. Quieren convertir a Valencia en la capital de la Cristiandad, oponiéndose a Roma.
El primer paso es la creación de las Juntas de Fe, para ajusticiar a todos los herejes, ladrones y personas que se les opongan. Después, procesar y sentenciar mediante el tribunal de la Inquisición.
Entre estos hombres, destaca Lorenzo Ramo, el rector de las Escuelas Pías, Ómicron en la secta, un joven sacerdote que no las tiene todas consigo. Visita a un maestro liberal de las afueras de Valencia, un deísta que no obliga a sus alumnos a orar ni les acompaña a misa. Él es el "hereje" que van a ajusticiar, la última víctima de la Inquisición en España. Él es Cayetano Ripoll. El padre Lorenzo es el que le denuncia pero, con el paso del tiempo, se hacen amigos. Intenta liberarle, pero son muchos los poderosos que se oponen. Gracias a Cayetano, Lorenzo ha conseguido ver la luz, la injusticia y la moral, y gracias a él ha conocido a su hijo Quimet.

"Cinema Paradiso"

Lo cierto es que hay muy pocas películas que den tanto con tan poco. Es una historia que nos llega al corazón: con sus alegrías, con sus penas, con los recuerdos, con los deseos... Es la historia de un niño que creció junto a un cine mítico, el único lugar que daba a los habitantes del pequeño pueblo siciliano de Giancaldo un rato de diversión. El niño descubre junto a un mentor de lujo un mundo que va mucho más allá de aquel pequeño pueblo donde transcurre su vida. Pero la vida no es una película, es mucho más difícil...
Una de las cosas que ofrece la película es una época de cambios en el séptimo arte. Es la época dorada del cine, antes de la llegada de la televisión; una época de censura y el fin de la misma con la llegada de un pudoroso destape; la llegada de máquinas más modernas. Es un tiempo en que, lentamente, vamos viendo los pequeños progresos... Y a la vez descubrimos cómo las mentes cerradas de los habitantes del pequeño pueblo se van abriendo y empiezan a adoptar las novedades.

- Has vuelto. Pese a que te dije que no lo hicieras...
- Quería verte, verte por última vez.
- Pero yo no quería oírte hablar. Sólo oír hablar de ti.
- ¿Cómo no iba a venir a despedirte? Al igual que hiciera hace ya casi treinta años.
- Giancaldo ya no tiene nada para ti.
- Te equivocas, Alfredo. Tiene el final perfecto para esta película.
- La vida, Totó, no es como las películas, es más dura, más difícil.
- Sí, lo sé. Eso me lo enseñaste tú.
- Tan sólo quería hacerte feliz, Totò. Vivías por y para el cine. Ahora el cine es sólo un sueño.
- No, Alfredo. Miles de personas nos han visto reír, llorar, disfrutar del cine y vivir la vida, nuestra vida, con el corazón encogido. Pero también han reído, han soñado, han recordado con nostalgia cosas de su infancia, tan parecida a la mía. Eso no sólo no ha muerto, sino que vivirá por siempre en el imaginario colectivo, y tú, que hoy mueres por última vez, no desapareces, porque serás por siempre recordado, y tendrás un hueco en tantos corazones. Esto no lo dijo John Wayne, ni Clark Gable. Esto lo digo yo. Vayas donde vayas, viejo amigo, buen viaje y no te olvides de nosotros, porque nosotros no te vamos a poder olvidar a ti.

Totò (Salvatore Cascio) es un niño italiano muy despierto que siempre está donde no debe estar. De las cosas que más le llaman la atención del pueblo donde vive destacan las películas que se proyectan en el Cinema Paradiso. Al principio, espía al padre Adelfio (Leopoldo Trieste), que en una época de posguerras se dedica a aplicar la censura en lo que él llama pornográfico, como son besos y escotes. Totò busca el acercamiento que acortará las distancias hacia su cinefilia: Alfredo (Philippe Noiret). El operador del cine se pasa muchas horas en la cabina solo hasta que Totò se erige como su ayudante y aprende el oficio. Aparte de ver las películas gratis, descubrir la felicidad de la gente, hacerse amigo de Alfredo... aprende las enseñanzas de la vida de manos de Alfredo, que sustituye al padre que fue a la guerra, es lo más parecido a un padre que ha tenido Totò nunca. El final de la infancia comienza con el incendio del cine, la reconstrucción del mismo y la ceguera de Alfredo. Será pues Totò quien se encargue de pasar las películas... sin censura.
Totò (Marco Leonardi) se convierte en un joven bien dispuesto. Con su paga se ha podido comprar una cámara de vídeo y así conoce a Elena Mendola (Agnese Nano), de la que se enamora perdidamente. Pero el padre de ella no está dispuesto a consentir esa relación, así que se marchan del pueblo y Totò pierde la pista de su amada, a la que no volverá a ver nunca.
Totò no tiene a nadie más que a Alfredo, su madre y su hermana que le anclen al pueblo. Y es Alfredo el que le empuja para que vaya a Roma, para que conozca el mundo, ese mundo que ha visto a través de las películas, para que se convierta en un hombre de mundo, pues allí el muchacho no tiene más que un futuro difuso.
Y Totò se enriquece en Roma. No ha vuelto al pueblo que le vio nacer en treinta años. No se ha enamorado de otra mujer, aunque ha conocido a muchas. Se ha olvidado de todas sus ataduras... hasta que una llamada le hace regresar: Alfredo ha muerto.
Un Totò adulto (Jacques Perrin) recuerda todas las enseñanzas de aquel que hizo de padre en su infancia y adolescencia, recuerda los momentos de cine en la cabina del Paradiso, recuerda su primer amor... Y al volver la vista descubre el viejo cine a punto de ser derruido, el viejo cine donde tanto tiempo pasó, donde tantas cosas aprendió, donde tantos momentos compartió con Alfredo... el que le hizo volar lejos, el que le hizo convertir sus sueños en realidad.

Una vez un rey celebró una fiesta. A ella fueron las princesas más bellas del reino. Un soldado que hacía la guardia vio pasar a la hija del rey. Era la más bella de todas... y se enamoró enseguida. Pero... pero ¿qué podía hacer un pobre soldado en comparación con la hija del rey?
En fin... un buen día consiguió hablar con ella y le dijo que no podía vivir sin estar a su lado. La princesa quedó tan impresionada por su fuerte sentimiento que le dijo al soldado: "Si consigues esperar cien días y cien noches bajo mi balcón, al final seré tuya".
Y, a partir de ese instante, el soldado se fue allí y la esperó un día, y dos días, y diez, y luego veinte... y cada noche la princesa le observaba desde la ventana pero él no se movía nunca. Con la lluvia, con el viento, con la nieve... siempre estaba allí. Los pájaros se le cagaban encima y las abejas se lo comían vivo, pero él no se movía.
Después de noventa días... estaba tremendamente delgado, pálido, al pobre le resbalaban las lágrimas de los ojos y no podía contenerlas, ya no le quedaban ni fuerzas para dormir. Mientras, la princesa seguía observándole, y... al llegar la noche noventa y nueve... el soldado se incorporó, cogió la silla... ¡y se largó de allí!

domingo, junio 22, 2008

El coco, ¿creación de los adultos?

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Todas las noches se repetía en la casa la misma batalla. "¡A la cama, te he dicho!", gritaba la madre. "¡Que no quiero!", contestaba la hija.
A la niña le gustaba quedarse levantada y tenía curiosidad por saber de qué iba la película que sus padres veían por la tele, pero la madre sólo pensaba que dormir muchas horas era muy bueno para su hija.
-¡Te acuestas ahora mismo o llamo al coco! -continuaban los gritos por la casa.
Cansada, la madre cogió a la niña de la mano y la llevó hasta su cama, le dio un beso de buenas noches y volvió al salón. Diez minutos después apareció la niña de puntillas.
-¿Qué haces aquí? -preguntó la madre.
-No quiero acostarme -repetía la niña.
-¡Venga! -dijo el padre-. Te vas ahora mismo o llamo al coco, y tú sabes que yo lo hago.
La niña sabía que no podría convencer esa noche a sus padres, así que agachó la cabeza y cruzó sola el pasillo. Tenía miedo de que el coco la agarrase por la espalda. Ella se lo imaginaba con ojos siniestros y cubierto con una capa oscura. Seguro que la estaba vigilando desde algún rincón. ¿Qué era eso que veía a lo lejos? ¿De dónde venía esa sombra? ¡Aaaaay, qué miedo tenía! Siguió andando un poquito y miró con recelo hacia una esquina. "¡Qué tonta soy!", se decía, "si es sólo la sombra de la silla", y con pasito lento entró en su camita. Como sabía que la oscuridad distorsiona las sombras de los objetos, se volvió hacia el lado de la pared y cerró los ojos. Unos minutos después se quedó dormida.

El ventolín, pequeño espíritu del aire

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Todas las mañanas la veía pasar camino del colegio y le parecía la niña más bonita que había visto en su vida, pero también la más triste. Él era un pequeño ventolín, y muy pocas personas del pueblo lo habían visto. Quienes tuvieron la suerte de verlo decían que parecía un niño de cinco años y que estaba hecho de aire, pero ninguno de ellos sabía decir con seguridad cuál era su color. Lo único de lo que estaban seguros es de que al ventolín siempre lo acompañaba una suave brisa que levantaba las faldas de las niñas.
Pero aquella niña que había llegado por primera vez al colegio le pareció muy especial al ventolín y, por eso, una tarde de invierno decidió mostrarse ante ella. Entonces, de uno de los árboles llegó una ráfaga de viento y la niña notó en la cara como si alguien le soplara. Miró hacia allí y lo que vio la hizo sonreír por primera vez en muchos meses. En realidad, era la primera vez que sonreía desde que su familia dejó la ciudad y se mudaron a aquel pueblo.
Entre los troncos de los árboles, el ventolín bailaba para ella y movía las ramas al ritmo de su baile. Y a la niña le pareció que era azul, pero también transparente, porque a través de su cuerpo se veían los árboles y las nubes.
Desde aquella tarde, la niña empezó a interesarse por las gentes del lugar y por sus costumbres, se acercó a sus compañeros de clase y comenzó a tener amigos. Y siempre que se sentía sola de camino a casa, cerraba los ojos y notaba la brisa del ventolín que la acompañaba.

Casas típicas españolas

Siempre me ha llamado la atención la arquitectura y, dentro de ella, los edificios tradicionales tan dispares que se extienden a lo largo y ancho de nuestro país ocupan un lugar destacado en cuanto que varían según los materiales de la zona, sus funciones explícitas y las inclemencias del tiempo, entre otras cosas. Lo que está claro es que, aunque ya no cumplen el cometido para el que se construyeron, siguen otorgándonos un abanico heterogéneo que se acopla con facilidad a la rica y variada oferta paisajística de que hace gala nuestro país. Hoy, estas antiguas casas de labranza, viviendas o corrales se han convertido en magníficas casas rurales donde aún se pueden sentir los aires de otros tiempos.


Alquería: Es una casa de labores tanto agrícolas como ganaderas. Suele ser un conjunto de construcciones situadas lejos de una población. Creadas en tiempos de paz, no disponían de defensas propias.
Algunas alquerías adoptaron diferentes actividades, como molinos o talleres.
Se ubican en laderas soleadas y gozan de gran austeridad y sencillez.

Barraca: Casa tradicional de la región valenciana. Se caracteriza por tener un tejado muy inclinado y alto de paja. Es un edificio de planta rectangular, con una cubierta triangular de ángulo muy marcado, para desaguar las precipitaciones torrenciales tan típicas de la zona.
La entrada suele estar orientada al sur, situada en uno de los lados menores, que da acceso a un amplio pasillo que recorre toda la edificación hasta la fachada norte, donde se habilita otra puerta que permite la circulación de aire. El pasillo se utiliza como cocina, comedor y almacén. Al piso superior se accede mediante una escalera de mano y, antiguamente, era utilizado para la cría del gusano de seda.
Para su construcción se utilizan materiales de la zona, como barro, cañas, juncos y carrizos, de ahí que las paredes sean construidas con ladrillos de adobe y la cubierta sea de cañizo o paja.

Bombo: Es una construcción rural manchega concebida especialmente para alojar en ella a los labradores, junto con sus animales de labor y sus aperos de labranza. Servía como refugio de los trabajadores del campo durante la época de las faenas agrícolas. En muchos casos, era vivienda para todo el año, ya que muchas de esas faenas no tenían fin. En otros casos, la permanencia era sólo de algunas semanas.
Tiene planta circular o elíptica, con una falsa cúpula juntando hiladas de lajas sin usar argamasa.
Su interior es amplio; tiene cocina y chimenea, camastros con base de piedra y pesebre para los animales.

Borda: En los valles navarros se trata de un edificio que consta de planta y primer piso, donde viven los pastores y guardan el ganado y el estiércol.
Suele estar aislada y generalmente alejada de los pueblos.
Muchas de ellas tienen delante del portal una era donde se realizaba la trilla.

Cabaña pasiega: Es una casa de dos plantas típica de Cantabria, formada por gruesas paredes de piedra y tejado de lastra o teja.
La estructura interna es de madera. La planta inferior se destina a los animales y la superior aloja a las personas. Las ventanas son mínimas, por lo que en el interior hay una penumbra permanente. Están enmarcadas con dos losetas o piedras verticales sobre las que se yergue un tosco dintel. Algunos son abocinados hacia el interior.
Los materiales son locales, obtenidos del medio más inmediato.

Casa de indianos: Se trata de un tipo de arquitectura doméstica que se puede encontrar en cualquier región. Es un tipo de vivienda flamboyante y segura de sí misma.
La construyeron los que volvieron con éxito y fortuna de América.
Son edificios de fuerte personalidad y cierto barroquismo ornamental. Responden a la necesidad de demostrar a sus paisanos que el esfuerzo de emigrar ha tenido su recompensa.
Son viviendas que rompen las hechuras tradicionales, como el uso de materiales hasta entonces desconocidos: hormigón, azulejos, paneles acristalados, etc.
El deseo de llamar la atención se subraya con la utilización de colores vivos.

Casa de volta: Es una construcción típica de la provincia de Alicante. Están situadas, normalmente, cerca de las rutas de comunicación.
Tienen un amplio espacio dedicado al ganado, fundamentalmente equino, pero un reducido ámbito para albergar personas. También se usaban como postas o paradas.
Se asientan en tierras llanas, sobre suaves lomas o al pie de un cerro, construyéndose con roca tallada del monte a modo de cueva.
El material más empleado es la piedra, muy tosca, sin labrar y sin orden alguno.

Casa montañesa: Es una forma de construcción tradicional propia de la montaña, extendida por las regiones de Cantabria y Castilla y León.
Se trata de una casa con muros de mampostería, esquinas de sillar y recercado en todos los vanos, tejado a dos o cuatro aguas y balcón corrido o solana, realizado en madera y situado en la última planta, siempre protegido por el saliente de los muros laterales.

Casa terrera: Es la tradicional casa popular canaria.
Consta de una planta, con fachada apaisada y extendida, formada por tres habitaciones alineadas a lo ancho de la fachada. La habitación central suele servir de comedor y sala y las laterales de dormitorio.
La construcción se levanta con muros de mampostería ordinaria y el tejado a cuatro aguas corre paralelo a la fachada.
La cocina no suele encontrarse dentro de la casa, sino en el lateral más protegido del viento y se levanta con paredes de piedra seca y techumbre de teja.
Delante de la casa se extiende un terrero o patio que está limitado por un poyo con flores y emparrado de viñas. En el límite del patio suele haber un aljibe. Tiene construcciones anejas con funciones de establo, cuadra, pajar, almacén de aperos, telar, molino o incluso dormitorio para los hijos varones.

Caserío: Es la casa-granja tradicional del País Vasco. Es un edificio único grande y rectangular con tejado a dos aguas. El frontal de la casa es la fachada más ancha.
Normalmente tiene anejas otras pequeñas construcciones, como cobertizos para guardar materiales, maquinaria o animales.
Generalmente es un edificio de piedra que puede alcanzar hasta los quince metros de altura.

Casona: Es una casa tradicional del norte de España, sobre todo de Cantabria. Se trata de una casa cuadrada con gruesas paredes de piedra y con una estructura interna de madera. Habitualmente el tejado es a cuatro aguas.
Sus balcones son de piedra y un escudo, también de piedra, en una de las paredes era característico para evidenciar el linaje familiar.

Chozo: Es un tipo de construcción de madera o piedra que se edificaba en los baldíos y dehesas de los campos, muy utilizada en Castilla y Extremadura.
Se utilizaba como vivienda habitual, principalmente por pastores y cabreros, ya que vivían junto al lugar donde pasaba las noches el ganado.
Tiene una estructura circular y está acabado en forma cónica para impedir que el agua de lluvia penetre dentro. La cubierta del chozo es de escoba, ya que es un vegetal impermeable y fácil de sujetar.

Cigarral: Es una vivienda típica de La Mancha. Se trata de una finca señorial de recreo, situada junto al río Tajo. Está formada por la vivienda de recreo, un edificio secundario para los guardeses (cigarraleros) que cuidan de la casa por ser segunda residencia de los dueños y un amplio terreno de campo.



Cortijo: Es la tradicional hacienda rural de Andalucía. Es un edificio que se encuentra aislado en el campo y que está dedicado, en su mayor parte, a la explotación agrícola. Se trata de una casa de labor más o menos grande, con muchas o pocas dependencias, según el tipo de explotación.
Es una edificación compleja de varios patios que se comunican unos con otros mediante portones adornados artísticamente. En los patios suele haber asientos con respaldos de azulejo, una fuente, un pozo y un abrevadero. Era costumbre que estuvieran cubiertos de parras.
En algunos cortijos hay molinos de aceite, silos, pajares, bodegas y establos, además de guardar la maquinaria. Si la finca es de toros bravos se añade la construcción de un tentadero.
Se entra al cortijo por un portón que suele estar rematado con una cruz. Cerca del arco de la puerta suele haber un nicho que alberga una imagen o un escudo.
Los muros son de piedra o de ladrillo, aunque algunos están hechos de adobe. Las cubiertas son de madera y teja árabe.

Facho: Construcción típica gallega, cercana a la costa, donde se encendían fuegos para guiar a los marineros.



Guardaviñas: Son edificaciones rurales de la Rioja Alta, de una sola planta, casi siempre de forma circular y con una falsa cúpula.
Se utilizaban como refugio de agricultores de la vid y sus animales de labor ante las inclemencias del tiempo. También los usaban los guardas de campo para vigilar desde estos emplazamientos las cosechas. La mayoría están construidos en seco, con piedras colocadas con muy poca argamasa.

Hórreo: Es una edificación típica asturiana que alberga fundamentalmente un granero en madera o piedra. Se eleva del suelo mediante pilares o “pegollos”, que están terminados en unas placas o “tornarratas” para evitar el acceso de roedores. Dispone de paredes con ranuras para que se ventile el interior.
Se usa para almacenar diversos tipos de productos y enseres, como aperos de labranza, maíz, patatas, fabas, etc.

Majada: Es el lugar en medio del campo o de la montaña que sirve como recogimiento del pastor y de su ganado durante la noche en las épocas de pastoreo y de trashumancia, cuando ya ha pasado el invierno y se acerca el verano.
Se compone de una o varias casas pequeñas o chozas que sirven de cobertizo para el ganado y están acondicionadas como refugio para el pastor. Se rodean de una cerca, normalmente de piedra, que hace las funciones de corral.
Se sitúan en zonas donde el agua, los pastos y el alimento son abundantes y los animales pueden estar suficientemente abastecidos. No suelen encontrarse aisladas, sino reunidas en pequeñas agrupaciones.

Masía: Es un tipo de construcción rural, típica de Cataluña. Es una construcción aislada, ligada siempre a una explotación agraria o ganadera de tipo familiar. El elemento básico de su construcción es la piedra, unida a otras mediante fango. En los lugares donde escaseaba la piedra se recurría al adobe como material de construcción.
Sus fachadas están orientadas al sur. No superaba los cinco metros y el cubrimiento se realizaba mediante un entramado de vigas de madera colocado de forma perpendicular a la fachada. Se recubría con tejas, baldosas o pizarra.
Tienen dos pisos y la distribución interior variaba según las necesidades de la familia. Por lo general, el primer piso se utilizaba para las tareas propias del campo, mientras que el segundo piso se destinaba a vivienda. Los animales podían estar en el primer piso o tener un establo independiente. Si la masía disponía de un tercer piso, éste se destinaba a granero.

Palloza: Es una construcción tradicional gallega.
Tiene una planta circular u oval, con paredes de piedra y cubierta por un tejado cónico, formado por tallos de centeno. Se destinaba en partes iguales a vivienda y cuadra para el ganado vacuno. Su estructura es ideal para resistir los crudos inviernos.

Palomar: Es una construcción popular para la crianza de palomas y pichones.
Los materiales con que se construyen varían según países y regiones, pues depende de lo que se dispone en cada zonas, así como su estructura.

Panera: Es una antigua edificación rural alzada sobre pilares, para almacenar el cereal.
Es similar al hórreo, pero generalmente tiene más de cuatro pilares o “pegollos”. La diferencia esencial está en el tejado: mientras que los hórreos tienen tejados a cuatro aguas que se unen en el punto superior, las paneras tienen tejado con caballete.



Pazo: Es un tipo de casa solariega tradicional gallega, de carácter señorial, normalmente ubicada en el campo, antaño residencia de personas importantes de la comunidad, tales como reyes o nobles. Estaban relacionados con el sistema de organización feudal, ya que constituían una especie de unidad de gestión local alrededor de los cuales transcurría la vida de los aldeanos.
Suele constar de un edificio principal rodeado de jardín y, a menudo, incluye edificaciones anejas, como pequeñas capillas para celebraciones religiosas.

Quinta: Es una finca rústica o granja. En sus inicios se designaba así a “la quinta parte de la producción” que el arrendador o quintero entregaba al dueño de una finca.



Quintana: Es una vivienda típica asturiana, que tiene anejas una cuadra para los animales y un hórreo para almacenar la cosecha, y está rodeada por la finca.



Taina: La taina, tenada o tinada es una construcción arquitectónica propia de Guadalajara. Sirve como paridera, cobertizo o majada para el ganado en zonas de alta montaña.
Pueden encontrarse aisladas en la montaña o agrupadas formando teinadas, dentro de los pueblos o alejadas de éstos. A veces, suelen llevar adherida una vivienda.
El material empleado para su construcción es la pizarra.
Tiene planta rectangular, con dos faldones de cubierta sujetos por un dintel o apoyado sobre dos pilares de madera. Sus muros se sustentan en vigas de madera.
Se compone de una nave principal para alojar el ganado y otra nave auxiliar donde se guarda el forraje que sirve de alimento en épocas invernales.

Torre: Es una vivienda típica de Aragón.



Venta: Es un establecimiento dedicado a la restauración que suele situarse en caminos y carreteras. Elaboran sus propias comidas, es un negocio tradicional y muy esmerado.

"La vida interior de Martin Frost"

Es ésta una película para la reflexión, sobre una parte de la imaginación que se hace real, y a medida que transcurre la historia del creador esa "musa" o inspiración, ese fruto creativo que sólo los grandes artistas poseen, se va apagando lentamente...

"Unas horas de silencio, un poco de aire fresco y, de pronto, una idea para un relato surgió en su cabeza. Así pasa siempre con los relatos: ahora no hay nada y de pronto está ahí, dentro de ti".

Martin Frost (David Thewlis) acaba de publicar su último libro y se ha tomado unas semanas de descanso en una casa de campo de unos amigos que están de viaje, para apartarse del mundanal ruido de la ciudad de Nueva York. Cuando lleva unos días en profunda soledad, aparece en la casa Claire Martin (Irène Jacob), que dice ser la sobrina de la dueña. La joven está haciendo una tesis sobre filosofía y él se concentra en un relato corto. En inevitable que se enamoren y no puedan pasar un rato sin la otra persona. Pero, cuando Martin está a punto de acabar el relato, ella cae en unas extrañas fiebres que no la permiten levantarse de la cama. En el momento en que el escritor pone el punto final ella deja de respirar. Él se ve obligado a elegir entre las páginas del relato y la mujer a la que ama, así que a medida que va quemando las hojas escritas ella va volviendo a la vida.
Pero las consecuencias serán desastrosas. No se pueden separar y, en el momento en que lo hacen, ella desaparece y se marcha a otro plano de la existencia. Sólo puede hablar con él a través de los sueños y él decide escribir su historia de amor con Claire. A medida que va escribiendo, siente cada vez más la presencia de la joven.
Entonces conoce a James Fortunato (Michael Imperioli), un escritor aficionado, además de reparador de calderas. Y James le presenta a su sobrina Anna James (Sophie Auster). Martin se da cuenta de la coincidencia entre el nombre de su amigo y el apellido de la joven y se da cuenta de que es, igual que Claire, un producto de la imaginación, una especie de fantasma que terminará desapareciendo cuando James deje de tomarse en serio su obra. Entonces Anna se queda en la casa de campo, y Anna, perteneciente a otro mundo diferente al nuestro, sí que puede ver a Claire. Martin recuperará a Claire, aunque de momento no puede más que tocarla y escucharla, pero a cambio debe "educar" y cuidar de Anna.

"Cada historia tiene una forma y cada forma es diferente de las otras historias. Algunas se mueven en línea recta; otras hacen círculos o zig-zags o piruetas.
En lugar de seguir una dirección, la historia de Martin volvía sobre sí misma o torcía en ángulo recto o trazaba espirales hacia un centro invisible. Fuera como fuera, Martin cada día avanzaba un poco más, la entendía algo mejor y cada día añadía páginas al montón".

sábado, junio 21, 2008

Las harpías, raptoras de almas y de niños

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Los griegos temían tanto a las harpías que en algunas aldeas ni siquiera las llamaban por sus nombres. Se referían a ellas como "las raptoras", porque se decía que eran aficionadas a raptar de sus cunas a los niños recién nacidos, o bien a los espíritus de los muertos de sus tumbas. También se creía que eran muy aficionadas a comer carne, y a contaminarla con sus excrementos para luego esparcir olores pútridos por la tierra. Eran criaturas caprichosas, y eso las hacía aún más aterradoras, porque nadie conocía los motivos que las llevaban a elegir a un niño o a otro, y podía ser cualquiera. Y lo mismo ocurría con las almas de los muertos.
Con el tiempo, los griegos aprendieron a pronosticar la llegada de una harpía a sus aldeas. Un viento tempestuoso o una nube tormentosa en el cielo eran señales evidentes de que alguno de estos seres con torso de mujer y cuerpo de ave, andaba cerca. Y en esos casos, las mujeres y los hombres del lugar extremaban sus precauciones. Para ahuyentarlas, las mujeres entonaban alegres canciones junto a la cuna en la que se hallaba su bebé, porque sabían que a las raptoras las espantaba el canto. Pero si ese día había fallecido alguien, entonces todos conocían el motivo por el que la raptora sobrevolaba en las cercanías. En esos casos, los hombres mataban un cordero lechal y arrojaban su carne junto a la tumba del difunto. Y así, mientras la harpía estaba entretenida con los restos del animal, el alma del difunto podía abandonar la tierra para encaminarse al reino invisible de los muertos.