miércoles, junio 25, 2008

"53 días de invierno"

Es una película que muestra frustraciones y miedos humanos, muchos de aquellos temores a los que debemos enfrentarnos alguna vez, a no ser que tengamos estrella y no nos toque pasar por los problemillas que todo ser humano soporta: la ruptura de un amor, el despido laboral, el abandono del hogar, la violencia escolar... Estos personajes llegan a situaciones límite en sus vidas, hasta darse cuenta de su error y volver a retomar las riendas de sus vidas. Quizás algunas de sus dificultades nos pillen cerca, posiblemente algunas nos pillen lejanas, aunque son hechos consumados en el día a día. Sólo hay que ver las noticias...

Tres personas se encuentran en la marquesina del autobús. No les une nada, no se conocen, son tres personas invisibles que sólo se dirigen la palabra cuando, frente a ellos, un hombre abandona un perro.

Son las personas que nos encontramos a diario, con las que cruzamos una palabra o un saludo, en la parada del autobús, en el ascensor, en el pasillo de un hospital... Personas anónimas a las que quizás no volvamos a ver nunca, y son personas que tienen su propia vida, con sus alegrías y sus penas, con sus problemas y sus éxitos, con sus rutinas o sus cosas extraordinarias...

Mila (Mercedes Sampietro) es profesora. Ha estado de baja tras una agresión por parte de uno de sus alumnos. Ahora tiene miedo a volver, pero el psicólogo le da ese empujón que necesita para seguir adelante y enfrentarse a sus miedos. Poco a poco va superando aquello a lo que temía, incluso se controla cuando una niña se pone violenta en clase. Le falta algo para sentirse íntegra y es la ayuda a terceras personas.
En su edificio vive Dolores (Montserrat Salvador), una mujer mayor que está sola. Todos los vecinos la toman por loca porque la mujer acoge en su casa a todos los perros vagabundos que se encuentra y los animales arman gran alboroto, amén de ensuciar el portal con sus incontinencias. Dolores no habla con nadie... Un día, las quejas de los vecinos consiguen que le quiten a todos los perros y Mila siente un afecto solidario por ella. Empieza a cuidarla y finalmente consigue hacerla salir de casa. Aquella mujer abandonó a su hijo cuando éste tenía ocho años y el hijo no quiere saber nada. Pero Dolores ya no está sola porque ha encontrado una amiga en la maestra que la ayuda y cuida.

Celso (Álex Brendemühl) es guardia jurado de unos grandes almacenes. Está casado y tiene un hijo; está a punto de enterarse de que va a tener gemelos cuando lleva el perro abandonado frente a la marquesina a casa. Tienen graves problemas económicos; cuando llega a casa su esposa Ángela (Maria Pau Pigem) siempre está hablando de su dinero y de sus problemas, sobre todo ahora que se van a convertir en familia numerosa. Celso quiere tener un detalle con ella y sólo se le ocurre robar una joya en el mismo sitio donde trabaja. Es despedido, pero al volver a casa no entra y se abandona a su suerte, sumergiéndose en la miseria humana de los "sin techo" y mendigando. Duerme en parques, pasa mucho frío, con el dinero que consigue hace una llamada a casa, pero todos los días observa a su familia de lejos, sin que ellos le vean. Un día, vuelve a casa; Ángela le perdona.

Valeria (Aina Clotet) es estudiante de violonchelo. Sus padres están separados. Su madre (Silvia Munt) se abandona completamente y se amarga diariamente con su desdicha, pero amarga también a su hija. Su padre (Abel Folk) vive con otra mujer de manera egoísta, pues cuando su hija le pide quedarse unos días con él, enseguida le hace ver que incordia. Valeria tiene una relación amorosa con su profesor Hugo (Joaquim de Almeida), varios años mayor que Valeria, que juega con ella hasta que se cansa de la muchacha y envía a su mujer para que termine con la relación. A Valeria le cuesta mucho enfrentarse a la realidad, no da el paso para entrar en el aula donde su profesor imparte clases, ensaya en casa y, por fin, un día entra en la clase y consigue superar las trabas, hasta dar el recital.

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