"Hay sacramentos tanto del mal como del bien a nuestro alrededor, y, a mi juicio, vivimos y nos movemos en un mundo desconocido, en un lugar en el que existen cavernas y sombras y habitantes del crepúsculo. Es posible que el hombre a veces pueda retroceder en la senda de la evolución, y creo que pervive una sabiduría atroz que aún no ha muerto". (Arthur Machen)
En la ciudad de Pascoag (Rhode Island) un hombre robusto se pone a gritar en una esquina y empieza a correr. Sin duda, se trata de un ataque de nervios. Muchos de los viandantes le han reconocido como Thomas F. Malone, un detective de la policía de Nueva York, relacionado con un incidente de un derrumbamiento con casas y retirado a Chepachet, pueblo cercano a Pascoag donde abundan las casas coloniales de madera. Desde el dramático incidente ocurrido en Red Hook, un suburbio de Brooklyn, los especialistas le habían prohibido aventurarse en la ciudad, pues las casas de ladrillo le producían terror. La caída de edificios ruinosos en Red Hook tenía algo de sobrenatural pero Malone había optado por el silencio.
El detective siempre había perseguido misterios insondables. Estando en una comisaría de Brooklyn, se había aventurado en los bajos fondos de Nueva York. Y había conocido Red Hook, un lugar lleno de miseria, suciedad, callejuelas oscuras, edificios de ladrillo. Con los sonidos del miserable puerto como telón de fondo, aquel barrio constituía una amalgama de culturas, era una babel de ruidos e inmundicia. La policía era incapaz de imponer el orden. A diario se producían delitos de todo tipo. Las calles estaban invadidas por jóvenes de ojos turbios y rostro picado por la viruela. Y se rumoreaba que era un lugar predilecto para celebrar misas negras o aquelarres.
En medio de aquella miseria, destacaba la misteriosa figura de Robert Suydam, un anciano solitario y culto, que vivía en una espaciosa y decadente mansión que había construido su abuelo. Descendía de una antigua familia holandesa. Se rumoreaba que era un erudito en supersticiones medievales.
Sus familiares habían solicitado que se investigara al excéntrico anciano por su salud mental, pues repentinamente había variado sus hábitos y parecía un pordiosero. Sus fondos iban destinados a toscos y viejos volúmenes comprados en Europa y al alquiler de un viejo y oscuro sótano donde recibía a numerosos forasteros. La policía preguntó a los vecinos de aquel inmueble, donde supuestamente se celebraban ritos nocturnos, se oían extraños cánticos y gritos. Posiblemente Suydam estaba inmerso en una sociedad secreta de los bajos fondos. Cuando le convocaron a juicio, su semblante estaba sereno y alegó que estaba escribiendo sobre las costumbres de los inmigrantes. Libre de cargos, investigaron a sus socios, que resultaron ser siniestros y depravados criminales. Estaba claro que aquello podía ser una organización delictiva peligrosa.
Los inmigrantes sirios se reunían en una iglesia católica de noche, donde se realizaban cultos religiosos y satánicos y sonaban las notas de un órgano blasfemo. Se hablaba de la entrada clandestina de inmigrantes kurdos por un embarcadero subterráneo, que la policía no había conseguido encontrar, y que un dios o un gran sacerdote les había prometido grandes poderes y reinos terrenales para gobernar.
Aparentemente, Suydam sólo investigaba las tradiciones y folclore de estos inmigrantes. Pero todo el mundo desconocía que había caído en un violento salvajismo. Sin embargo, la policía sabía que el anciano estaba relacionado, de alguna manera, con estos ritos satánicos y con la entrada ilegal de inmigrantes en Red Hook.
Mientras Suydam sufre misteriosamente una mejoría de aspecto e informa de su compromiso matrimonial con una joven de buena familia, el suburbio empieza a ser partícipe de numerosas desapariciones y secuestros, sobre todo de niños y mujeres jóvenes de clase social baja.
La policía decide hacer redadas en los principales locales, empezando por la iglesia católica que está vacía y terminando en el sótano del viejo, donde encuentran un laboratorio químico y pintadas con evocaciones al demonio, una venda ensangrentada y lingotes de oro que tienen grabados extraños jeroglíficos.
Suydam se ha casado y ha subido al transatlántico con su esposa. Después del horrible grito en el camarote de Suydam, se encuentran a la joven esposa estrangulada, con unas marcas de garras en el cuello y una inscripción que dice: "Lilith". Un bote de rufianes insolentes asalta el barco para llevarse el cuerpo inconsciente del anciano.
Esa noche, Malone llega al sótano de Suydam. Encuentran extranjeros vestidos con extrañas túnicas, que portan objetos que tiran a un pozo que desprende un insoportable hedor; hay sangre por todos los sitios y un altar del que sale humo. Malone se desmaya y, en sus sueños, observa el horrible ritual. Se encuentra en un pasillo donde se escuchan susurros, gemidos y carcajadas. Hay una especie de lago lodoso, donde aparece un bote que lleva un farol. Unos hombres descargan un bulto tapado. El anciano gangrenoso es obligado a beber unas botellas de líquido rojizo, mientras adora el altar de oro. Entonces, a lo lejos, suena el órgano blasfemo y se escucha una invocación griega. La entidad desnuda y fosforescente del altar de oro baila, mientras el cuerpo de Suydam se descompone. Malone pierde el conocimiento; después le encuentran junto al canal, que es la entrada subterránea de los inmigrantes ilegales. Los edificios alquilados por Robert Suydam se desploman, enterrando a muchos oficiales y extranjeros, excepto a los que se encontraban en el sótano. La policía ha destapado una terrible red de inmigrantes. Y en la iglesia católica han encontrado niños encarcelados que mueren al ser expuestos a la luz del sol. Los kurdos que han apresado pertenecían a la secta yezidí de adoradores del diablo.
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