Un artículo de un periódico atrasado y las notas de un profesor fallecido llevan al protagonista a investigar sobre seres “sobrenaturales” e inimaginables que la mente humana es incapaz de aceptar más que como seres fantásticos.
El profesor Angell, fallecido en extrañas circunstancias por el empujón de un marinero negro cuando se dirigía a su casa, había sido un especialista en lenguas semíticas. No encontraron la causa de su muerte, aunque alegaron que había sido por un fallo cardíaco.
El único heredero del anciano profesor se llevó a su casa de Boston todas las cajas, apuntes y documentos de su tío abuelo. Una de esas cajas estaba cerrada con llave y, cuando consiguió abrirla, lo que encontró en su interior le embarca en una enigmática historia de cultos demoníacos y seres estelares. Lo que encuentra en la caja es un bajorrelieve tallado en arcilla, notas y viejos periódicos. La talla representa a un monstruo y tiene jeroglíficos. En uno de los informes lee: El culto de Cthulhu.
En las notas se habla de la visita de un joven escultor, Wilcox, que lleva en sus manos el relieve con jeroglíficos que hizo en sueños, tras un temblor de la tierra. El joven lo ignoraba todo sobre cultos demoníacos, sociedades paganas y ciencia críptica. Los sueños y las voces que escucha en ellos se convierten en algo rutinario, así como sus visitas al viejo profesor.
El escultor cae en una oscura fiebre, con estados de inconsciencia y delirios. Entre sueños hablaba de un ser monstruoso. Repentinamente, el joven se recupera.
El profesor Angell había investigado y preguntado a personas de todo el mundo por sus sueños, pero pocos tenían que ver con el culto de Cthulhu o, al menos, no de una manera tan nítida como la del escultor.
Entonces se realiza un congreso de arqueología, donde uno de los asistentes es el inspector Legarse, un policía que había desmantelado un culto de adoración demoníaca en los pantanos de Nueva Orleáns. Consigo llevaba la estatuilla de un monstruo que enseña a los eruditos para que le desvelen algo de claridad en su investigación. De entre todos los profesores sólo uno recuerda una de sus expediciones por Islandia y Groenlandia, donde entraron en contacto con una tribu de esquimales, con una religión de culto al diablo y con ansias de sangre; el fetiche adorado por esa tribu y lo que decían era semejante a las frases y jeroglíficos de la estatuilla y lo que el policía recordaba.
El terror había llegado a los pantanos cercanos a Nueva Orleáns, se hablaba de un rito vudú al son de los tam tam, con desapariciones de mujeres y niños, gritos y alaridos enloquecedores en la espesura del bosque. La policía se adentra en los tétricos bosques de cipreses y encuentran un poblado de colonos aterrorizados que no quieren seguir más allá, donde se ve una luz rojiza. Es un región con fama de maligna, donde el hombre blanco jamás ha entrado, que contiene un lago secreto, donde habita un ser informe. Quien veía a ese terrible ser moría, y se aparecía en sueños a los hombres sensibles.
Los policías siguen su camino y se encuentran ante un macabro espectáculo: alrededor de la hoguera danza una horda humana, despojada de sus vestiduras, alrededor de un monolito de granito, en cuya parte superior se encontraba la estatuilla maléfica; boca abajo se encuentran los cuerpos desfigurados de los colonos desaparecidos. La policía tiene que cumplir con su deber y su entrada causa inmenso tumulto. Logran coger a 47 prisioneros y confiscan el monolito. Casi todos los hombres capturados son mestizos de baja condición y trastornados, la mayoría son marineros. Cuando les interrogan se dan cuenta de que su rito es más antiguo que el vudú, y secreto, cuya finalidad es liberar al gran sacerdote Cthulhu, que moraba en la poderosa ciudad sumergida de R’lyeh. Es uno de los Grandes Antiguos, que volverán con la correcta posición de los astros en el firmamento. Ahora se encuentran “dormidos”, pero volverán. Hablan en sueños a unos cuantos escogidos. El culto, ejecutado mediante los ritos apropiados, debe mantener vivo el recuerdo de esas antiguas formas y evocar la profecía de su retorno.
El joven heredero abandona la investigación y es entonces cuando encuentra un viejo ejemplar de un periódico australiano, donde aparece la fotografía de una espantosa imagen de piedra. El artículo habla del hallazgo de un buque abandonado en alta mar, con un cadáver y un superviviente en estado de delirio que sujeta en sus manos un misterioso ídolo. Las fechas coinciden con los sueños y delirios de Wilcox. La goleta Emma se había cruzado con un yate, el Alert, lleno de mestizos, que les habían apresado y llevado a un islote que no aparece en las cartas de navegación. Johansen, el único superviviente, no había declarado nada más. Casi todos sus compañeros habían fallecido en el islote.
El investigador viaja a Dunedin, en busca de pistas; pregunta por los mestizos pero todo el mundo le dice que han hecho una incursión hacia el interior. Y pregunta por Johansen, que ha abandonado todo y se ha instalado en Oslo. Cuando el joven llama a la puerta de Johansen, su viuda le dice que murió “accidentalmente” cuando un paquete de periódicos viejos le cayó en la cabeza. Pero supuestamente nadie sabe la causa de la muerte del piloto. Había dejado un manuscrito que el joven lee con toda atención. Johansen había escrito lo que no se había atrevido a contar a nadie, ni siquiera a la policía: lo que ocurrió en la extraña isla. Pues a medida que se acercaban, un gran pilar surgía del mar. La costa negra estaba cubierta de barro, légamo y algas. Una inmensa ciudad de piedra verde había emergido y se encontraban ante una gigantesca puerta de donde sale una monstruosidad indescriptible. Lo que el culto intemporal no había conseguido intencionadamente, un grupo de inocentes marineros lo había hecho por casualidad. Habían liberado al gran Cthulhu. Echan a correr, pero sólo Brinden y Johansen llegan al bote. El titánico ser baboseaba y farfullaba palabras incomprensibles mirando hacia el barco fugitivo. Entonces se adentra en el agua y les persigue. Johansen sabe que no tiene suficiente presión, así que da media vuelta y se empotra contra el monstruo, que se vuelve a recomponer y recobra su forma original. Con la presión a tope, Johansen puede huir... hasta que es encontrado a la deriva.
Seguramente la ciudad, con el monstruo, se ha sumergido de nuevo en las aguas, porque, si se hubiera sabido, la gente estaría aterrorizada. El investigador guarda todos los papeles en una caja fuerte. Sabe que su final por conocer la historia está cerca, y sabe que morirá “accidentalmente” en la calle.
El profesor Angell, fallecido en extrañas circunstancias por el empujón de un marinero negro cuando se dirigía a su casa, había sido un especialista en lenguas semíticas. No encontraron la causa de su muerte, aunque alegaron que había sido por un fallo cardíaco.
El único heredero del anciano profesor se llevó a su casa de Boston todas las cajas, apuntes y documentos de su tío abuelo. Una de esas cajas estaba cerrada con llave y, cuando consiguió abrirla, lo que encontró en su interior le embarca en una enigmática historia de cultos demoníacos y seres estelares. Lo que encuentra en la caja es un bajorrelieve tallado en arcilla, notas y viejos periódicos. La talla representa a un monstruo y tiene jeroglíficos. En uno de los informes lee: El culto de Cthulhu.
En las notas se habla de la visita de un joven escultor, Wilcox, que lleva en sus manos el relieve con jeroglíficos que hizo en sueños, tras un temblor de la tierra. El joven lo ignoraba todo sobre cultos demoníacos, sociedades paganas y ciencia críptica. Los sueños y las voces que escucha en ellos se convierten en algo rutinario, así como sus visitas al viejo profesor.
El escultor cae en una oscura fiebre, con estados de inconsciencia y delirios. Entre sueños hablaba de un ser monstruoso. Repentinamente, el joven se recupera.
El profesor Angell había investigado y preguntado a personas de todo el mundo por sus sueños, pero pocos tenían que ver con el culto de Cthulhu o, al menos, no de una manera tan nítida como la del escultor.
Entonces se realiza un congreso de arqueología, donde uno de los asistentes es el inspector Legarse, un policía que había desmantelado un culto de adoración demoníaca en los pantanos de Nueva Orleáns. Consigo llevaba la estatuilla de un monstruo que enseña a los eruditos para que le desvelen algo de claridad en su investigación. De entre todos los profesores sólo uno recuerda una de sus expediciones por Islandia y Groenlandia, donde entraron en contacto con una tribu de esquimales, con una religión de culto al diablo y con ansias de sangre; el fetiche adorado por esa tribu y lo que decían era semejante a las frases y jeroglíficos de la estatuilla y lo que el policía recordaba.
El terror había llegado a los pantanos cercanos a Nueva Orleáns, se hablaba de un rito vudú al son de los tam tam, con desapariciones de mujeres y niños, gritos y alaridos enloquecedores en la espesura del bosque. La policía se adentra en los tétricos bosques de cipreses y encuentran un poblado de colonos aterrorizados que no quieren seguir más allá, donde se ve una luz rojiza. Es un región con fama de maligna, donde el hombre blanco jamás ha entrado, que contiene un lago secreto, donde habita un ser informe. Quien veía a ese terrible ser moría, y se aparecía en sueños a los hombres sensibles.
Los policías siguen su camino y se encuentran ante un macabro espectáculo: alrededor de la hoguera danza una horda humana, despojada de sus vestiduras, alrededor de un monolito de granito, en cuya parte superior se encontraba la estatuilla maléfica; boca abajo se encuentran los cuerpos desfigurados de los colonos desaparecidos. La policía tiene que cumplir con su deber y su entrada causa inmenso tumulto. Logran coger a 47 prisioneros y confiscan el monolito. Casi todos los hombres capturados son mestizos de baja condición y trastornados, la mayoría son marineros. Cuando les interrogan se dan cuenta de que su rito es más antiguo que el vudú, y secreto, cuya finalidad es liberar al gran sacerdote Cthulhu, que moraba en la poderosa ciudad sumergida de R’lyeh. Es uno de los Grandes Antiguos, que volverán con la correcta posición de los astros en el firmamento. Ahora se encuentran “dormidos”, pero volverán. Hablan en sueños a unos cuantos escogidos. El culto, ejecutado mediante los ritos apropiados, debe mantener vivo el recuerdo de esas antiguas formas y evocar la profecía de su retorno.
El joven heredero abandona la investigación y es entonces cuando encuentra un viejo ejemplar de un periódico australiano, donde aparece la fotografía de una espantosa imagen de piedra. El artículo habla del hallazgo de un buque abandonado en alta mar, con un cadáver y un superviviente en estado de delirio que sujeta en sus manos un misterioso ídolo. Las fechas coinciden con los sueños y delirios de Wilcox. La goleta Emma se había cruzado con un yate, el Alert, lleno de mestizos, que les habían apresado y llevado a un islote que no aparece en las cartas de navegación. Johansen, el único superviviente, no había declarado nada más. Casi todos sus compañeros habían fallecido en el islote.
El investigador viaja a Dunedin, en busca de pistas; pregunta por los mestizos pero todo el mundo le dice que han hecho una incursión hacia el interior. Y pregunta por Johansen, que ha abandonado todo y se ha instalado en Oslo. Cuando el joven llama a la puerta de Johansen, su viuda le dice que murió “accidentalmente” cuando un paquete de periódicos viejos le cayó en la cabeza. Pero supuestamente nadie sabe la causa de la muerte del piloto. Había dejado un manuscrito que el joven lee con toda atención. Johansen había escrito lo que no se había atrevido a contar a nadie, ni siquiera a la policía: lo que ocurrió en la extraña isla. Pues a medida que se acercaban, un gran pilar surgía del mar. La costa negra estaba cubierta de barro, légamo y algas. Una inmensa ciudad de piedra verde había emergido y se encontraban ante una gigantesca puerta de donde sale una monstruosidad indescriptible. Lo que el culto intemporal no había conseguido intencionadamente, un grupo de inocentes marineros lo había hecho por casualidad. Habían liberado al gran Cthulhu. Echan a correr, pero sólo Brinden y Johansen llegan al bote. El titánico ser baboseaba y farfullaba palabras incomprensibles mirando hacia el barco fugitivo. Entonces se adentra en el agua y les persigue. Johansen sabe que no tiene suficiente presión, así que da media vuelta y se empotra contra el monstruo, que se vuelve a recomponer y recobra su forma original. Con la presión a tope, Johansen puede huir... hasta que es encontrado a la deriva.
Seguramente la ciudad, con el monstruo, se ha sumergido de nuevo en las aguas, porque, si se hubiera sabido, la gente estaría aterrorizada. El investigador guarda todos los papeles en una caja fuerte. Sabe que su final por conocer la historia está cerca, y sabe que morirá “accidentalmente” en la calle.
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