lunes, junio 09, 2008

Él

Un hombre pasea por los oscuros callejones y tétricos patios de Nueva York, por esas zonas que ni siquiera vienen en los mapas...
En uno de esos siniestos patios nocturnos, un hombre de profunda voz empieza a hablar con él y le promete mostrarle los rincones más misteriosos y desconocidos de la ciudad. El visitante accede y, siguiendo a su guía, llega a una antigua mansión.
Su anfitrión se despoja de sus ropas de abrigo y muestra un vestuario muy anticuado para la época. Y le cuenta una historia, la historia de la mansión y sus antepasados. Pues allí, en aquella colina, los indios mestizos realizaban unos extraños ritos. Cuando su antepasado comenzó a vivir en la finca, los indios seguían colándose por el muro. Entonces, una noche, el dueño les encontró y se horrorizó de tal forma que hizo un pacto con ellos: les dejaría entrar en su patio a cambio de que le permitieran participar en aquellos ritos. Pero una noche, les envenenó con ron y sólo quedó él como único poseedor del secreto.
El anfitrión le anima a su acompañante a acercarse a la ventana y, con insidiosos movimientos de las manos, el visitante ve la ciudad embarcada en otras épocas. Aquel hombre tiene la capacidad de control sobre el tiempo. Pero entonces ve la ciudad en un futuro, una ciudad cadavérica y grita asustado.
Entonces se oyen unas pisadas en la escalera. El anfitrión sabe que vienen a buscarlo. Es noche de luna llena. El anciano con poder sobre el tiempo queda carbonizado y una sustancia informe, negra y colosal, invadida de ojos, busca la cabeza carbonizada y la engulle. Entonces la mansión comienza a resquebrajarse y al visitante no le queda otra que poner pies en polvorosa.

No hay comentarios: