Lo que más me pesa de madrugar es que, si lo hago, es para estar las infinitas horas de después pendiente del reloj. Tengo que estar a las 10 en el Centro de Salud y, por la hora, seguro que llegaré tarde. No hice lo que se esperaba que hiciera. El absceso no se cerró y la culpa no es mía, sino de la incompetencia del médico que me operó -supongo-. Finalmente se cerrará sola o tendrán que intervenirme de nuevo.
Voy con mis zuecos al zapatero, para que me arregle el desgaste de la suela de los tacones. Le dije en agosto que se los llevaría pero hasta ahora, que he decidido que quiero ponérmelos y no puedo, no me he acordado.
Se presenta buen día. Creo que perderé media mañana entre enfermeras y zapateros. Tengo mono de macarrones. Y tengo mono de volver a casa. Hace calor... y miro al cielo y me entra el buen humor.
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