La pesadilla, John Henry Fuseli
Pickman fue uno de los pintores más célebres de Boston, sobre todo porque con su magnífico arte pintaba el horror más exacerbado. Muchos habían empezado a evitarle, pero a Thurber le fascinaban sus pinturas y los seres que éstas mostraban.
Pickman vivía en una de las zonas más ricas de la ciudad, aunque pocos sabían que tenía alquilada una casa en las zonas más pobres y suburbiales, un lugar donde las personas sensatas no osarían acercarse. Él creía que había que pintar el terror de la vida.
Una noche llevó allí a Thurber y le enseñó sus cuadros más espantosos y blasfemos, que hurgaban en la hediondez moral y donde el cementerio era el escenario favorito. Había muchos retratos demoníacos y casi todos parecían estar alimentándose. En uno de ellos, quizás el más horripilante de todos, una monstruosidad de ojos rojos sostenía en sus huesudas garras algo que parecía haber sido un hombre.
Lo que más llamaba la atención de Pickman es que los contornos estaban bien definidos, era demasiado real, demasiado objetivo. Entonces llegaron al sótano, donde Pickman pintaba sus morbosos cuadros, el lugar donde le llegaba la inspiración más intensa... Allí había un pozo muy viejo, a ras del suelo, y una cámara fotográfica que el pintor dijo que usaba para fotografiar los fondos para sus cuadros. Entonces Thurber cogió un papel y, sin querer, lo metió en su bolsillo.
Aquello era una fotografía del terrible ser de ojos rojos, con el fondo del sótano después. Thurber no volvió a visitar a Pickman después de descubrir que sus monstruosos modelos estaban pintados del natural.
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