martes, junio 10, 2008

En la cripta

El beodo George Birch había sido el director de la funeraria en Peck Valley. Antes de retirarse, era insensible, carente de imaginación, grosero y burdo. Cuando antes del invierno, la tierra se heló en el cementerio y los sepultureros no pudieron cavar, decidieron dejar los nueve ataúdes en la única cripta del cementerio para enterrarlos en primavera.
Cuando pasaron los meses, Birch llevó su caballo y su carro al camposanto y sacó de la cripta el primero de los féretros para enterrarlo. Los demás los postergó... hasta el Viernes Santo, pero no era supersticioso.
No iba del todo sobrio aquella tarde cuando se encaminaba en su carro al cementerio. Entró en la cripta para sacar la primera de las ocho cajas, cuando un portazo lo dejó allí encerrado. Sin poder abrir la puerta cuya cerradura vieja se había roto, descubrió encima de su cabeza una pequeña abertura. Escuchaba a su caballo inquieto fuera. Como no llegaba a la abertura del techo de la cripta, apiló los ataúdes en forma de pirámide y cogió sus herramientas para hacer un agujero. No se imaginaba lo que sería pasar la noche allí. En la oscuridad, puso la caja de Matt Fenner en la cima y se aseguró de colocar la del vengativo Asaph Sawyer en la base. George Birch había metido a este último en un ataúd que había desechado el primero, pero Fenner era un hombre muy pequeño y era casi imposible que Asaph hubiera cabido en la caja que Birch le había asignado.
Pasaba la medianoche, cuando el caballo relinchó de una manera violenta y salió huyendo del cementerio. Birch intentaba auparse para salir por el agujero en el que ya cabría su cuerpo, cuando la tapa de la última caja se resquebrajó. Él estaba ya saliendo cuando una gélida mano le asió de los tobillos, imposibilitándole la salida. Pero él luchó hasta que se encontró fuera de la cripta.
El guardián del cementerio le encontró en la caseta con los tobillos desgarrados. Llamó al doctor Davis, que le vendó las heridas y le dijo que tenía los tendones desgarrados y cojearía. Y después le preguntó si estaba seguro de la posición de las cajas. El médico lo comprobó y supo que Asaph Sawyer había intentado vengarse, después de muerto, porque George Birch le había seccionado los tobillos para que cupiera en el ataúd.
Desde entonces Birch se refugia en la bebida... para olvidar las horas que pasó dentro de aquella maldita cripta.

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