martes, junio 03, 2008

Sylvette

Siempre se me olvida felicitar a Sylvette por su cumpleaños, más que nada porque lo tengo grabado como si fuera ya empezado el mes de junio, aunque realmente no es tan difícil. Su cumpleaños fue el 1 de junio.
Todavía recuerdo la primera conversación que tuvimos. En mi pésimo francés de entonces le debí decir algo como: Je peux parler un peu de français. No dijo nada, pero con lo sarcástica que era estoy segura que se reiría bien cuando nadie la viera. Creo recordar que lo dije bien, aunque entonces no podría mantener una conversación coherente en el idioma vecino, pues mis nociones eran puramente gramaticales y fonéticas, pero me faltaba bastante vocabulario. La cuestión es que mi frase sobraba porque estaba con una erudita en nuestra lengua, una persona que amaba España y sus gentes, alguien que no dudaría en venir a nuestro país en la menor ocasión. Y es que Sylvette, con sus 15 años de entonces, hablaba español perfectamente, y se esforzaba en aprender todo sobre nosotros, preguntaba si no le salía algo y estaba interesadísima en nuestras costumbres. No había duda de que su futuro se encaminaría por esa vía. Estudió Español (lo que aquí equivale a Filología Hispánica) y ahora es profesora de castellano en Paux.
En nuestro primer contacto no nos caímos muy bien, a pesar de que teníamos la misma edad. Ella prefería hablar y aprender de los adultos, mientras que nosotros sentíamos curiosidad por los jóvenes galos, menos ella que, apartada, se relacionaba con todo el mundo que sobrepasara los 30 años.
La siguiente vez que vino a España la alojaron en casa de Silvia, por la coincidencia del nombre, ya que por edad hubiera venido a mi casa. En cambio, las dos francesas que fueron acogidas en mi casa eran algo más mayores: una hablaba bien castellano, la otra había escogido en el instituto alemán y no tenía ni idea de lo que hablábamos, y quizás por eso le habían puesto de cerca a Elsa para que le tradujera. La cuestión es que Sylvette es como si viviera en mi casa. Desde que se levantaba por la mañana hasta que se acostaba por la noche prefería estar con nosotras: se llevaba bien con todos los miembros de mi familia, en mi casa había dos amigas suyas y conmigo hizo buenas migas aquel verano.
Unos meses antes yo había visitado Aquitania, y allí nos intercambiamos las direcciones. El correo nos unió bastante aquellos meses.
Pronto se hizo evidente que Sylvette se aburría en casa de Silvia. Veía a ésta tan parada que empezó a llamarla memère (algo parecido a "viejecilla") por lo parada que la veía. En parte tenía razón: siempre que le decía de hacer algo, Silvia decía que no.
Era obvio que no habría más intercambios como aquel. Y que Sylvette no volvería a la casa donde estaba. Ese verano, cuando yo estuve en Francia, también me cambiaron de casa a última hora. Allí Sylvette pasaba bastante de Silvia, y yo me sentía engañada y traicionada. Porque me habían alojado en una casa donde había dos niños pequeños, un día me dejaron al cuidado de una abuela matriarcal que estaba al cuidado de una "centena" de nietos y yo me aburría. Quería dar una vuelta y la abuela me lo había prohibido terminantemente. Sólo cuando aparecieron Sylvette, su hermana, su madre y Silvia conseguí alegrarme, pues al contarle a Sylvette lo que ocurría, fue su madre la que le dijo a la "mater familias" que se hacía cargo de mí. Me entristece pensar en aquellos días, pues cogí un cariño especial a la madre de Sylvette, a quien el cáncer se llevó hace unos años, demasiado joven. La Dama de Negro no respeta edad, ni sexo, ni jerarquías.
La relación con Sylvette se estrechó tanto que vino a mi casa otras tantas veces, al principio me decía que la invitara, pero ahora se puede presentar allí cualquier día. La última vez vino con su novio, de quien no recuerdo el nombre.
Recuerdo especialmente unas fiestas de mi pueblo en que muchos, que no la recordaban de años anteriores, no se creían que fuera francesa. Y es que no tenía acento. Hablaba tan perfectamente nuestro idioma que a la gente le costaba creer...

Sylvette simplemente se convirtió en una más de la familia.

No hay comentarios: