
Para que nadie intente llegar a la Ciudadela Perdida, todos los magos de las tres Órdenes de Kryn se han unido para crear un Bastión en medio del puente mágico que llega hasta la Ciudadela. Ese Bastión debe estar defendido por un mago de cada orden que vigila a diario en un espacio de dos dimensiones y del que todos desconocen su ubicación excepto los Maestros de las Tres Órdenes.
Han pasado cinco años. Guerrand vive apaciblemente en un pueblecito de Solamnia, donde todos los habitantes le aprecian. Echa de menos a Esme, con la que tuvo un idilio amoroso, pero que terminó abandonándole. Sigue junto a su amigo Zag, la gran gaviota que le habla telepáticamente y le sirve un gnomo refunfuñón.
Mientras Lyim recorre el mundo en busca de un antídoto o de un remedio mágico para volver a recuperar su mano humana y perder de vista a esa repelente serpiente que la sustituye, Guerrand es llamado a la Torre de Alta Hechicería de Wayreth.
Allí le ofrecen un trabajo: el defensor de los Túnicas Rojas del Bastión. Guerrand prefiere la vida cómoda y fácil que tiene ahora, pero Justarius le convence por fin. En el Bastión, Rand es el alto defensor, es decir, que tiene poder por encima de los otros dos, Ezius y Dagamier. El Bastión tiene tantas protecciones que todos los días resultan monótonos y rutinarios, aparte de que nadie osaría traspasar el umbral bidimensional.
Lyim invoca el espíritu de su antiguo maestro, Belize, que le dice que debe convocar otro Portal Mágico para recuperar su brazo. Y a Lyim sólo se le ocurre llegar al Bastión, donde se encuentra con su antiguo amigo Rand. Pero el alto defensor le niega la entrada al Bastión. Y Lyim jura que se vengará.
En Thorvin los días pasan lenta y apaciblemente. Mientras que Bram intenta recuperar un poco de productividad en las tierras de su enloquecido y empobrecido padre, una extraña plaga empieza a extenderse por la aldea. Los habitantes de Thorvin comienzan a padecer unas fiebres altísimas, luego llega el picor en las extremidades, de donde se desprenden capas de piel, después brazos y piernas se convierten en serpientes y, finalmente, al tercer día, los ojos se vuelven negros y el moribundo se convierte en piedra. Bram, que conoce el poder curativo de las hierbas, descubre los síntomas y, junto al médico, se da cuenta de que es una enfermedad de carácter mágico.
Entonces decide buscar a su tío para que acabe con la plaga, pues las serpientes, poco antes de convertirse en piedra, sisean "Guerrand". No sabe cómo llegará a la Torre de Wayreth y es entonces cuando se encuentra con los duendes, que le dan una mágica moneda para llegar a la torre mágica a través de los niveles feéricos.
Lyim, el verdadero causante de la plaga, aparece en Thorvin a visitar a Kirath, a la que le da un supuesto antídoto y le saca información sobre Bram. El Túnica Roja sabe que, siguiendo sus pasos, llegará hasta el Bastión. Y, tal como prevé, Par-Salian y Justarius hacen una excepción y dejan entrar en el Bastión al sobrino de Rand.
Lyim entra en el círculo mágico que transporta a Bram y sortea todos los sortilegios y defensas del Bastión. Los tres defensores se unen para luchar contra él y ganan la batalla. Será Ezius, el Túnica Blanca, quien se haga cargo del cadáver.
Guerrand ha decidido volver con su sobrino a Thorvin para acabar con la plaga de la medusa. Lo que más le duele es que Kirath haya caído en la trampa de Lyim, que la ha envenenado haciéndole creer que le daba el antídoto. Debe salvarla pero no sabe cómo. Entonces descubre que Nuitari, la luna negra, tiene que ver con la consecución de la enfermedad. Sólo tiene que traspasar las runas del Bastión, que se sabe de memoria, a la superficie de la luna para convertirla en bidimensional. Pero, cuando lleva a cabo el hechizo, un poder superior le lleva hasta una especie de burbuja para encontrarse de frente al mismo dios de la Magia Oscura, que le deja marchar, pero sin que olvide que le debe un favor.
Guerrand erradica la enfermedad y después recibe la visita del rey de los duendes, que le hace ver que la subsistencia de Thorvin depende de él y de Bram. Pero también le advierte de que en el Bastión le espera un peligro.
Rand vuelve al Bastión y sospecha de la Túnica Negra, Dagamier, mientras ella le describe los extraños comportamientos de Ezius mientras él no ha estado allí. Lyim había concentrado toda su fuerza interior en un pendiente y había tomado el cuerpo de Ezius. En esos momentos ha hecho surgir el Portal Mágico y tiene que entrar en él. El poder que le atrae hacia la Ciudadela Perdida es inmenso y ya ha recuperado su brazo. Entonces oye a Guerrand, su eterno enemigo.
Cuando el Portal desaparece, los dos amigos se enfrentan. Fuera, ha comenzado la destrucción del Bastión. Los dioses de la magia están inquietos porque alguien ha sido interceptado en el Portal hacia la Ciudadela. Guerrand consigue sacar al patio a sus compañeros allí e intenta convencer a Lyim, que se queda dentro mientras el Bastión se convierte en un montón de escombros.
El Cónclave se ha reunido. Su principal objetivo es encontrar a Lyim Rhistadt.
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