miércoles, julio 31, 2013
Tarde de piscina
Hoy he estado toda la tarde en la piscina. Con una niña preciosa a la que le gustan los lacasitos. No era mi sobrina, sino la hija de una amiga. Hoy sí que ha sido una tarde magnífica. Cuando nos hemos dado cuenta eran las nueve.
martes, julio 30, 2013
Con M de amor
Si todo lo que hacemos cada día lo hiciéramos con amor, todo lo que nos rodea sería simplemente perfecto. Porque las cosas que se hacen desde el corazón siempre son mejores. Sin más.
lunes, julio 29, 2013
Cosas del amor
Al final de la mañana levantas los ojos y te encuentras con esa mirada perfecta. Y te sientes perdida. Está guapísimo.
Sabes que en la próxima hora estarás tocando el cielo con las yemas de los dedos, sólo porque él estará cerca de ti.
Me quedo con su sonrisa, justo en el momento en que le he mirado y ha sonreído. En ese momento he sido consciente de que cualquier cosa que me pidiera sería suya. Sólo con pedir con esa boquita, sólo con escuchar esa voz tan sensual.
Estoy perdida. Pero perdidamente enamorada.
Sabes que en la próxima hora estarás tocando el cielo con las yemas de los dedos, sólo porque él estará cerca de ti.
Me quedo con su sonrisa, justo en el momento en que le he mirado y ha sonreído. En ese momento he sido consciente de que cualquier cosa que me pidiera sería suya. Sólo con pedir con esa boquita, sólo con escuchar esa voz tan sensual.
Estoy perdida. Pero perdidamente enamorada.
domingo, julio 28, 2013
Inferno
Reconozco que cogí este libro con pocas ganas, pero me ha terminado enganchando, quizás porque el argumento difiere un tanto de los otros. La idea de una plaga a nivel mundial que produzca el exterminio de la población humana, tal y como lo plasma Dan Brown en esta última novela, es una idea que nos lleva a reflexionar. E incluso nos inculca cierto terror, al ser conscientes de que es bastante plausible.

Mappa dell’inferno, Botticelli
Robert Langdon se despierta en un
hospital de Florencia y no recuerda nada. Descubre que alguien quiere
asesinarle, y huye con la doctora Sienna Brooks. Entre sus ropas encuentran un
cilindro que contiene un mapa: El mapa
del infierno de Botticelli. Allí aparecen los nueve niveles del infierno,
de acuerdo a la Divina Comedia de
Dante (que se dividía en tres cantos: Infierno,
Purgatorio y Paraíso). Toda la novela se basa en el primer canto de la Divina Comedia: Inferno. Pero Robert Langdon, como experto en simbología, se da
cuenta que esos niveles del cuadro de Botticelli han sido variados. Es ahí
donde comienza una terrible búsqueda que comienza en Florencia, porque el mundo
se encuentra en riesgo.

Palacio Vecchio, Florencia
Bertrand Zobrist era un
transhumanista especializado en genética humana que piensa que la
superpoblación es una enfermedad en el mundo, una enfermedad que hay que
erradicar. Es por ello que ha decidido trabajar en el genoma humano, con el fin
de llevar al planeta a la mitad de la población. En realidad es un terrorista
biológico que ha creado una plaga que podría acabar con el mundo. Unos pocos
días antes del que él considera la fecha en que será recordado para la
posteridad, se suicida. Había pedido ayuda al preboste, un hombre muy poderoso
que había creado una gran empresa que se basa en el engaño, pero con un poder
infinito. Durante un año, los hombres que trabajan para el preboste han
mantenido alejada a una poderosa mujer de Zobrist. Esa mujer es la directora de
la Organización Mundial de la Salud, Elizabeth Sinskey, que a su vez se le
aparece en alucinaciones a Langdon.


Puertas del Paraíso, Baptisterio de Florencia
Mientras, Langdon y Sienna son
perseguidos por los hombres del preboste. Ellos creen que les quieren asesinar,
así que cuando encuentran la máscara mortuoria de Dante, que previamente había
sido robada del museo del Palacio Vecchio, y ahora se encuentra en el
Baptisterio de Florencia, descubren que deben ir a Venecia. En Venecia, Sienna
consigue huir de sus captores, pero no así Robert Langdon.


Tumba de Enrico Dandolo, basílica de Santa Sofía, Estambul
Langdon se despierta a bordo de
un barco, donde colaboran juntos la doctora Sinskey y el preboste. Ellos le
explican que debe confiar en ellos, que Sienna es la que le ha engañado, que
también está a favor de expender la plaga para acabar con el ser humano, y que
fue, durante muchos años, la amante de Zobrist. Entonces Langdon les explica
que deben ir a Estambul, a escuchar el rumor del agua bajo la tumba del dux Enrico Dandolo.


Basílica sumergida, Estambul
Con el guía de Santa Sofía,
descubren que hay una basílica sumergida en Estambul, antigua cisterna que
suministraba agua a la ciudad. Allí tiene que estar la plaga metida en una
bolsa de plástico soluble. Cuando llegan se encuentran con que llevan una
semana de conciertos y descubren que han llegado demasiado tarde. La plaga ya
se ha extendido.


Máscara mortuoria de Dante Alighieri, Museo del Palacio Vecchio,
Florencia
Robert Langdon sale detrás de
Sienna, que le explica que la verdadera plaga no es tal, sino que afecta a los
genes. El código genético ha sido alterado y una tercera parte de la población
será estéril, por lo que se reducirá la población del planeta. La doctora
Sinskey recluta a Sienna para que les ayude a descubrir una manera de volver a
modificar los genes y devolverlos a su origen.
Dante y la Divina Comedia, por Domenico di Michelino, Duomo de
Florencia
sábado, julio 27, 2013
Nueva York, crisol de culturas
Allá donde se vaya en Nueva York,
se descubre la evidencia de la riqueza étnica de la ciudad. Una vuelta en
autobús puede trasladar de Madrás a Moscú, de Hong Kong a Haití. Los inmigrantes
siguen llegando a Nueva York, aunque en menor número que en el período álgido,
de 1880 a 1910, cuando hubo una afluencia de 17 millones. Entre 1980 y 1990, la
ciudad acogió a un millón de recién llegados –la mayoría procedente del Caribe
y Asia-, que han sabido hacerse un hueco en la ciudad. Hay multitud de fiestas
y celebraciones a lo largo del año en estos lugares.
Incluso los nacidos en Nueva York
tienen raíces ancestrales de otro país. A lo largo del siglo XVII se asentaron
en Nueva York holandeses e ingleses, haciendo de la ciudad el puerto colonial
más importante del Nuevo Mundo. América pronto se convirtió en símbolo de
esperanza para los desheredados de toda Europa. Llegaban hacinados en los
barcos, sin un céntimo y con escaso conocimiento del idioma. La hambruna de la
década de 1840 produjo la primera oleada de inmigrantes irlandeses, que pronto
fueron seguidos por alemanes y trabajadores de otras nacionalidades,
desplazados por los cambios que ocasionó la Revolución Industrial europea.
La primera comunidad judía se
asentó en Nueva York en 1654, y la primera sinagoga, Shearith Israel, la
establecieron unos refugiados procedentes de una colonia holandesa en Brasil
(aún hoy en servicio). Eran judíos sefardíes de ascendencia española, entre los
que destacaba la familia Baruch. Les siguieron los judíos alemanes, que
abrieron, con éxito, numerosos comercios. La persecución en Rusia dio lugar a
emigraciones masivas que se iniciaron al final del siglo XIX. Al comenzar la Iª
Guerra Mundial ya vivían 600.000 judíos en el Lower East Side. Actualmente esta
zona es más hispana que judía, pero mantiene aún su antiguo carácter de lugar
de acogida de refugiados. Las sinagogas cercanas a Rivington Street y Eldridge
Street reflejan las tradiciones religiosas de esta antigua zona judía.
Los alemanes comenzaron a
establecerse en Nueva York en el siglo XVIII. A partir de John Peter Zenger,
esta comunidad siempre ha encabezado los movimientos a favor de la libertad de
expresión. De ella también han surgido gigantes de la industria, como John
Jacob Astor, el primer millonario de la ciudad. En Yorkville todavía hay cafés
y bierkellers (cervecerías) que
conservan el sabor del antiguo distrito alemán. Cada mes de septiembre se
celebra aquí el Steuben Day Parade.
Los primeros italianos llegaron
en 1830, la mayoría procedente del norte del país. En 1870, fue la pobreza del
sur de Italia la que empujó a muchos italianos a cruzar el océano. Con el
tiempo, constituyeron una potente fuerza política de la ciudad, ejemplarizada
por Fiorello LaGuardia, uno de los más brillantes alcaldes de Nueva York. Little
Italy lleva asentada muchas décadas en Nueva York. En septiembre, la comunidad
italiana se reúne durante diez días en la zona de Mulberry Street, donde,
literalmente toma las calles para celebrar la fiesta de San Genaro. El día de
la festividad sus reliquias desfilan por las calles. La multitud disfruta de la
música, el baile, las múltiples atracciones y los puestos callejeros.
Little Italy
Los italianos del sur que llegaron a Nueva York a finales del siglo XIX se instalaron en insalubres apartamentos, construidos tan cerca unos de otros que la luz del sol nunca entraba por las ventanas de los pisos inferiores ni en los patios traseros. Con cerca de 40.000 personas hacinadas en 17 manzanas y pésimas instalaciones, las enfermedades proliferaban.
Little Italy
Pese a las carencias del Lower East Side, la comunidad que creció alrededor de Mulberry Street dio vida al barrio con colores, sabores y ambientes que recordaban a su patria. Todo ello ha subsistido, pese a que la población de origen italiano se reduce en la actualidad a unas 5.000 personas y los límites de Chinatown llegan hoy hasta la tradicional Little Italy.
Little Italy
Los restaurantes de Little Italy sirven comidas sencillas en un ambiente agradable y a precios razonables. NoLIta, al norte de Little Italy, está llena de boutiques y cafés. Umberto Clam House es conocido por ser el lugar en el que el jefe mafioso Joey Gallo fue tiroteado en 1972. En Little Italy se grabaron muchas escenas de la trilogía El Padrino.
Los chinos se establecieron en la
ciudad más tarde. En 1880, la población del distrito Mott Street era sólo de
700 asiáticos. Hacia 1940 se convirtieron en el grupo étnico de crecimiento más
rápido de la ciudad y creó nuevos barrios en Brooklyn y Queens. Aunque inicialmente
fue una comunidad cerrada, en la actualidad Chinatown está repleta de turistas
que exploran sus calles y mercados y degustan comida china en sus restaurantes.
A finales de enero, Mott Street se llena de fiestas: Chinatown celebra el Año
Nuevo chino.
Chinatown es el barrio más
atractivo y de mayores proporciones de Nueva York. Su crecimiento es tan rápido
que está invadiendo zonas limítrofes de Little Italy y el Jewish Lower East
Side. Sus calles aparecen llenas de puestos de verduras, tiendas de curiosidades
y centenares de restaurantes chinos; incluso el más humilde ofrece buena
comida.
La Chinatown de principios del
siglo XX era en sus orígenes una comunidad sólo de hombres, que agrupaba a
inmigrantes orientales procedentes de California, adonde habían llegado en una
primera oleada. Enviaban sus salarios a sus familias en China, a las que las
leyes estadounidenses impedían entrar en el país. Los hombres se relajaban
jugando al mah-jong. La comunidad
quedó aislada del resto de la ciudad, financiada y controlada por sus propias
organizaciones secretas, las Tongs. Algunas eran simples empresas familiares
que prestaban dinero. Otras, como la On Leong y la Hip Sing, enfrentadas entre
sí, constituían auténticas asociaciones de malhechores. Doyers Street, pequeña
y tortuosa, era conocida como Bloody Angle (Esquina Sangrienta), pues allí se
producía la mayoría de los enfrentamientos entre bandas rivales. Una tregua
entre las Tongs, en 1933, llevó la paz a Chinatown. Hacia 1940 el barrio estaba
habitado principalmente por familias de clase media. Inmigrantes y hombres de
negocios procedentes de Hong Kong contribuyeron también a la prosperidad de la
comunidad tras las IIª Guerra Mundial. Hoy viven en ella 80.000
chino-americanos. Muchos la visitan para disfrutar de la comida china; pero
éste ofrece muchas otras cosas. Hay anticuarios, tiendas de curiosidades y
recuerdos y fiestas orientales. Es destacable el templo budista del nº 64b de
Mott Street.
El Wall of Democracy es un muro
instalado en Bayard Street, que se halla cubierto de periódicos y carteles
sobre la actualidad china. Con Confucius Plaza se alza un monumento al filósofo
oriental, realizado por el escultor Liu Shih. En Chatham Square hay un
monumento a los chino-americanos caídos en la IIª Guerra Mundial. En Columbus
Park, los vecinos se reúnen para jugar al mah
jong. El mercado de Canal Street ofrece gangas de ropa nueva y de segunda
mano y productos frescos. El Eastern States Buddhist Temple contiene más de 100
budas dorados.
Chinatown
Los puertorriqueños empezaron a llegar de forma masiva al final de la IIª Guerra Mundial, en busca de trabajo. Gran parte de ellos vive en El Barrio, antes conocido como el Harlem español. Los profesionales que se asentaron tras huir de la Cuba de Castro se han trasladado fuera de la ciudad, pero siguen ejerciendo gran influencia sobre el comercio y la cultura hispanos. En Washington Heights se han establecido comunidades dominicanas y colombianas. La vibrante comunidad hispana se concentra alrededor del mercado callejero La Marquetta.
Los irlandeses empezaron a llegar
entre 1840 y 1850, y tuvieron que vencer muchas dificultades. Debilitados por
el hambre y sin dinero, trabajaron con entusiasmo para escapar de los tugurios
de Five Points y Hell’s Kitchen, colaborando en la construcción de la ciudad
moderna. Muchos se hicieron policías y bomberos. Otros establecieron negocios
de gran éxito, como es el caso de los numerosos bares que sirven de lugar de
reunión a la comunidad, actualmente desperdigada por la ciudad. A Hell’s
Kitchen durante un tiempo se le denominó “Clinton” para reflejar un nuevo
barrio mixto.
La comunidad negra establecida en
Harlem atrae a los visitantes por sus cantos evangélicos (gospel) y su
excelente gastronomía. El éxodo de los afroamericanos hacia las grandes
ciudades del norte comenzó con la abolición de la esclavitud en 1860. Este movimiento
migratorio se aceleró en los años 20. La población negra creció de 83.000 a
204.000, y Harlem se convirtió en el foco del renacer de esta comunidad. Hoy,
la revitalización de Harlem continúa en varias zonas, y la comunidad
afroamericana se ha dispersado por toda la ciudad. La Abyssinian Baptist Church
celebra uno de los servicios religiosos más notables.
Hay otras culturas en Nueva York,
si no tan destacadas sí fácilmente identificables. Los ucranianos se concentran
en el East Village, alrededor de George’s Ukrainian Catholic Church, en la East
7th Street. Todos los 17 de mayo se conmemora la conversión al cristianismo de
los ucranianos en Little Ukraine. La Little India se descubre por los
restaurantes de la East 6th, que ofrecen un ambiente oriental a precios muy
asequibles. Los coreanos son propietarios de muchas tiendas de comestibles de
Manhattan, pero tienden a vivir en la zona de Flushing. Little Korea se
encuentra no muy lejos de Herald Square. La diversidad religiosa se pone de
manifiesto en el Islamic Center de Riverside Drive, el Islamic Cultural Center,
en la calle 96 –la primera mezquita principal de Manhattan- y la Russian
Orthodox Cathedral, en la calle East 97th Street, donde cada domingo se celebra
misa en ruso.
Brooklyn es, con mucho, el
distrito más internacional. Los haitianos y jamaicanos forman los grupos de
inmigrantes de más rápido crecimiento. Los antillanos tienden a instalarse en
Eastern Parkway, entre Grand Army Plaza y Utica Avenue, ruta del West Indian
Day Parade, desfile que se celebra en septiembre y en el que se muestran
exóticas vestimentas. Los judíos rusos, llegados en los últimos años, han
convertido Brighton Beach en “Little Odessa by the Sea” (Pequeña Odessa del
Mar); los escandinavos y libaneses se han establecido en Bay Ridge y los
finlandeses en Sunset Park. Los judíos ortodoxos se asientan en Borough Park y
Williamsburg; Midwood recuerda a Israel y Oriente Medio. Los italianos viven en
la zona de Bensonhurst. Greenpoint es Little Poland, y Atlantic Avenue, el
hogar de la mayor comunidad árabe de Estados Unidos.
Los irlandeses fueron el primer
grupo que cruzó el río Harlem, estableciéndose en el Bronx. Los ejecutivos
japoneses prefieren la zona, más elegante, de Riverdale. Una de las comunidades
étnicas más características se halla en Astoria, Queens, en la que vive la
colonia griega de mayor tamaño del mundo. En Jackson Heights habitan numerosos
latinoamericanos, entre ellos unos 300.000 colombianos. En el cercano Flushing
se asienta una comunidad oriental, por lo que el tren de cercanías se conoce
popularmente como El Orient Express.
Museum Mile, Nueva York
La alta sociedad neoyorkina se
trasladó al Upper East Side con el cambio de siglo. Muchas de aquellas
mansiones de estilo beaux arts son
ahora museos y embajadas, pero los más afortunados ocupan todavía grandes
edificios de apartamentos en Park Avenue y la Quinta Avenida. Las tiendas de
moda y las galerías se alinean en Madison. Más al este, el ambiente se torna
más internacional: los barrios alemán (German Yorkville), húngaro y la pequeña
Bohemia, con su población checa. Muchos residentes de estas nacionalidades han
dejado la zona, pero sus iglesias y algunos comercios permanecen.
En la llamada Museum Mile (Milla
de los Museos) del Upper East Side se concentran muchos de estos recintos,
instalados en edificios de variada arquitectura, desde las antiguas mansiones
de Frick o de Carnegie hasta el moderno Guggenheim, proyectado por Frank Lloyd
Wright. Las colecciones son tan diversas como los edificios que las acogen,
destacando la del Metropolitan Museum of Art, rival del Louvre. Algunos museos
permanecen abiertos hasta tarde un día a la semana.
La Neue Galerie New York fue
fundada por el marchante de arte Serge Sabarsky y el filántropo Ronald Lauder. Su
objetivo es coleccionar, investigar y exponer las artes decorativas de Austria
y Alemania desde principios del siglo XX. La estructura, de estilo Luis XIII beaux arts, fue completada en 1914 por
Carrère & Hastings, quienes también diseñaron la Biblioteca Pública de
Nueva York. El edificio está considerado como uno de los más distinguidos de la
Quinta Avenida. Antaño ocupada por la señora de Cornelius Vanderbilt II, la
mansión fue adquirida por Lauder y Sabarsky en 1994.
El Jewish Museum alberga la mayor
colección de arte judío del mundo. Reúne monedas, piezas arqueológicas y
objetos ceremoniales y religiosos. El museo se aloja en una magnífica
residencia de Felix J. M. Warburg, financiero y dirigente de la comunidad
judía. Fue construida por C. P. H. Gilbert en el año 1908.
El Cooper-Hewitt National Design
Museum es el museo de las artes decorativas, con cerámica, vidrio, mobiliario y
tejidos. El museo se ubica en la antigua residencia del industrial Andrew
Carnegie. Las hermanas Hewitt, Amy, Eleanor y Sarah, iniciaron y aumentaron la
muestra. El museo abrió en 1897 en la Cooper Union; el Smithsonian Institute la
adquirió en 1907 y la Carnegie Corporation ofreció la mansión.
El National Academy Museum
(Academia Nacional de Diseño) estableció su sede en este distrito en 1940. Más
de 6.000 pinturas, dibujos y esculturas, que incluyen obras de Thomas Eakins,
Winslow Homer, Raphael Soyer y Frank Lloyd Wright, integran la colección, que
además incluye cuadros y esculturas realizados por sus miembros. Archer Huntington,
mecenas de las artes, donó su casa en 1940 –un atractivo edificio con suelos de
mármol y artesonados en escayola-.
En la milla de los museos también
se encuentra un afamado hospital: el Monte Sinaí.
El Solomon R. Guggenheim Museum fue
inaugurado en 1959 y es la sede de una de las mejores colecciones de arte
moderno y contemporáneo del mundo. El edificio constituye quizá la mejor obra
del museo. Fue diseñado por el arquitecto Frank Lloyd Wright; una rampa en
espiral desciende desde la cúpula y pasa por un espacio donde se encuentran los
trabajos de los mejores artistas de los siglos XIX, XX y XXI. El edificio se
ilumina al anochecer.
Se pueden contemplar obras de
Picasso, Modigliani, Chagall, Franz Marc, Kandinsky, Manet, etc.
Wright fue considerado en vida
como el gran radical de la arquitectura estadounidense. En su obra son
características las casas de campo, los edificios de oficinas con bloques de
hormigón, los ladrillos de cristal y el entubado. Wright comenzó el Guggenheim
en 1942, que se completó poco después de su muerte, en 1959.
Muy cerca, y en la acera de
enfrente, robando una parte del terreno de Central Park, se encuentra el
Metropolitan Museum of Art.
El Whitney Museum of American Art
constituye el principal escaparate de arte estadounidense de los siglos XX y
XXI. Fue fundado en 1930 por la escultora Gertrude Vanderbilt Whitney, después
de que el Metropolitan rechazara su colección de obras de artistas vivos, como
George Bellows y Edward Hopper. En 1966, el museo se trasladó a este edificio
en forma de pirámide invertida, obra de Marcel Breuer. Su exposición bienal,
que se celebra en años pares, es la muestra más significativa sobre nuevas
tendencias en el arte del país. Se pueden encontrar obras de Andy Warhol,
Elizabeth Murray, Lichtenstein o Alexander Calder, entre otros.
La Frick Collection también se
ubica en la Museum Mile. La colección del magnate del acero Henry Clay Frick se
halla expuesta en un lujoso entorno residencial, con muebles apropiados para
tan opulenta mansión, y es indicativa del modo de vida de las clases adineradas
en la era dorada de Nueva York. Frick pretendía que la colección fuera un
tributo a su memoria, y a su muerte legó la casa con todos sus bienes al
Estado. La colección contiene antiguas joyas pictóricas, destacadas esculturas,
mobiliario francés, esmaltes de Limoges y alfombras orientales. Hay óleos de
Vermeer, Hals y Rembrandt, así como obras de Van Dyck y Whistler, Tiziano y
Holbein.
La Asia Society fue fundada por John D. Rockefeller III en
1956 para aumentar el conocimiento de la cultura asiática. La sociedad muestra
el arte de 30 países, desde Japón hasta Irán, pasando por Asia Central y
Australia. Este edificio de ocho plantas se construyó en granito rojo en 1981.
La Society of Illustrators se
fundó en 1901 para promover el arte de la ilustración, con nombres como Charles
Dana Gibson, N. C. Wyeth y Howard Pyle. Al principio se ocupaba de temas de
educación y servicio público en charlas mensuales que aún se mantienen hoy en
día. En 1981 se inauguró el Museum of American Illustration, con muestras sobre
la ilustración en libros y revistas.
El Museum of City of New York fue
fundado en 1923 y en un principio se situó en la Gracie Mansion. Este museo
está dedicado al desarrollo de la ciudad desde sus comienzos hasta el presente
y el futuro. Ubicado en un edificio georgiano colonial desde 1932, con el paso
del tiempo ha ido ampliando su espacio público.
El Night Presence IV (1972) es una vanguardista escultura de acero, de
Louise Nevelson, que se encuentra en Central Park. Muchos piensan que desentona
en Park Avenue, que es una calle llena de elegantes y señoriales edificios.
En los números 120 y 122 de East
92nd Street se encuentran dos de los escasos edificios de madera que quedan en
la ciudad. Construidos en 1859 y 1871 respectivamente, muestran un encantador
aire italianizante.
Los hermanos Marx vivieron de
niños en un apartamento de tres habitaciones de una modesta casa en el número
179 de East 93rd Street.
viernes, julio 26, 2013
Metropolitan Museum of Art, Nueva York
Tuve ocasión de visitar el
Metropolitan, o “el Met” como lo llaman allí para acortar, en dos ocasiones. La
primera fue un lunes que llovía y me encontré accediendo por una entrada
lateral hasta que un guarda de seguridad me dijo que el día de la semana que
cierra el museo es justamente el lunes. Así que tuve que darme media vuelta,
aprendiéndome su ubicación en Central Park East, con la intención de volver
otro día. Y así lo hice.
Unos días antes de regresar a
casa había de elegir un museo de entre la ingente cantidad de museos que hay en
Nueva York, y decidí que el más completo era el Metropolitan. Era un precioso
día soleado. Lo recuerdo porque cuando llevaba un rato en el interior me senté
en una cafetería en medio de un jardín de esculturas y con unas cristaleras
desde las que se veía Central Park y miré el teléfono móvil. Lo miré porque me
di cuenta que había WiFi gratis y fui consciente de que me apetecía enviar unos
mensajes y unas fotos. Después de tantos días sin él, me apetecía mucho
describirle dónde me encontraba, y sobre todo me apetecía sentirle cerca…
Vestíbulo del Met
Está claro que el Met no es para visitarlo durante unas pocas horas, porque si el Prado es grande y el Louvre lo era aún más, éste es astronómico. Sobra decir que no lo vi entero, que me limité a ciertas obras, eso sí, todas muy famosas. Y finalmente me dejé abrazar por los impresionistas. Se puede hacer fotos de todos los cuadros, excepto de un Velázquez.
El Metropolitan Museum of Art fue
fundado en 1870 por un grupo de artistas y filántropos que deseaban crear una
institución que rivalizara con las de Europa. Se estima que contiene la
colección de arte más amplia del mundo occidental. Sus obras abarcan desde la
prehistoria hasta la actualidad. El museo se inauguró en 1880 y alberga
colecciones de todos los continentes.
Entrar en el Met fue una
experiencia completamente extraordinaria. Cuando estudiaba Historia del Arte me
resultaba tan lejano el Metropolitan al leer en la letra pequeña que esta o
aquella pintura estaban allí, que no me podía creer que ese día fuera a ver, de
primera mano, cuadros de Van Gogh, de Picasso, de Monet, de Manet… Fue una
sensación extraordinaria. Sobre todo cuando recuerdo que me acerqué a Los
cipreses y, para mi sorpresa, no había cristal y se veían perfectamente las
pinceladas de Van Gogh. O cuando apunté con la cámara al Retrato del Duque del Este (que me parecía muy español) y un guarda
de seguridad me dijo que no podían hacerse fotos, pero me entregó un póster del
cuadro de Velázquez.
Allí estaba, rodeada de muchos
siglos de cultura, de algunas de las más geniales obras de arte del mundo y en
uno de los museos más impresionantes del planeta. Bienvenidos al Met.
Autorretrato, de Van Gogh
Los tesoros del Met incluyen una enorme colección de arte estadounidense, y más de 2.500 pinturas europeas. Hay también muchas piezas árabes y la mayor colección de arte egipcio fuera de El Cairo (que yo pensaba que era en el Louvre donde más piezas egipcias se concentraban).
Nelson Rockefeller financión el
ala Michael C. Rockefeller en 1928, en memoria de su hijo, fallecido furante
una expedición artística a Nueva Guinea. Muestra una estupenda colección de más
de 1.600 piezas procedentes de África, América e Islas del Pacífico. Entre las
primeras destacaj esculturas de marfil y bronce del reino de Benin y las de
madera de las tribus Dogón, Bamana y Senufo, de Mali. Del Pacífico proceden las
tallas de los Asmat, de Nueva Guinea, o los adornos y máscaras de Melanesia y
Polinesia. Hay también oro, cerámica y piedras precolombinas originarias de
México, América Central y del Sur, al igual que hermosos objetos de los nativos
estadounidenses, como los pertenecientes a los Inuit y otros.
En el ala del arte estadounidense
destacan el retrato de George Washington, de Gilbert Stuart; Comerciantes de pieles descendiendo por el
Misuri, de George Caleb Bingham; el célebre Retrato de Madame X, de John Singer Sargent, y el monumental George Washington cruzando el Delaware,
de Emanuel Gottlieh Leutze, pintado en 1851 y que ofrece una visión romántica,
pero inexacta, del famoso cruce del río.
Habitación de época
Acoge una de las más bellas colecciones de pintura, escultura y artes decorativas norteamericanas, desde la época colonial hasta principios del siglo XX. Entre lo más notable se sitúan las elegantes vasijas de plata neoclásicas de Paul Revere o las innovadoras piezas de cristal de Tifanny & Co. En esta sección de muebles sobresalen los sofás, las sillas, las mesas, las librerías y escritorios procedentes de Boston, Newport y Filadelfia. Las habitaciones de época, con mobiliario y decoración originales, van desde el vestíbulo donde George Washington celebró su último cumpleaños, hasta la elegante sala de estar de la casa que Frank Lloyd Wright diseñó para Francis W. Little en Wayzata, Minnesota, en 1912.
El Charles Engelhard Court es un
jardín interior con enormes elementos arquitectónicos, como la bonita loggia (lonja) de vidrieras y mosaico de
la finca de Louis Comfort Tiffany, en Long Island, o la fachada del United
States Branch Bank, de 1824, antaño en Wall Street.
Figura alada asiria con cabeza humana
Dos enormes animales alados de piedra con cabeza humana, que antaño guardaban la entrada del palacio asirio de Asurnasipal II, del siglo IX a. C., guardan hoy la de las salas del arte antiguo de Oriente Próximo. Dentro, y en un recorrido de 8.000 años, se encuentran bronces iraníes, marfiles de Anatolia, esculturas sumerias y objetos de oro y plata de los aqueos y sasánidas. En una galería adyacente se expone arte islámico de los siglos VII al XIX: cristalería y objetos de metal de Egipto, Siria y Mesopotamia; miniaturas de las cortes de Persia y de la India de los mogoles; alfombras de los siglos XVI y XVII, y una estancia siria del siglo XVIII.
Las salas de las armas y
armaduras son las preferidas por los niños y por todo aquel interesado en la
Edad Media, o simplemente en el arte bélico. En ellas se hallan dos caballeros
con armadura a lomos de sus caballos durante unas justas, estoques y sables con
empuñadura de oro y piedras preciosas, armas de fuego con incrustaciones de
marfil y madreperla, estandartes y escudos multicolores o armaduras. Entre las
joyas destacan la armadura del pirata Sir George Clifford, favorito de la reina
Isabel I, o la de un Shogun japonés (señor feudal), del siglo XIV, llena de
colorido. Hay también una colección de revólveres del Oeste, que pertenecieron
al armero Samuel Colt.
Colección de arte asiático
El arte asiático se encuentra comprendido en una serie de excepcionales salas que contienen piezas del arte chino, japonés, coreano, indio y del sureste asiático, desde el 2.000 a. C. hasta el presente siglo. Una reproducción de tamaño natural de un jardín-escuela de estilo Ming (Astor Court), construido por artesanos de Souzhou, es fruto del primer intercambio cultural entre Estados Unidos y la República Popular China. Fue realizado en 1979. Para construir este tranquilo lugar destinado a la meditación se utilizaron técnicas centenarias y herramientas hechas a mano. El museo alberga también una de las colecciones más bonitas del mundo de pinturas Sung y Yuang, grandes esculturas budistas chinas, preciosas porcelanas y jades, así como una muestra de la antigua China.
El arte japonés ocupa once
impresionantes salas donde, organizados por orden cronológico y temático, se
encuentran lacas, porcelana, pintura, escultura, telas y biombos del país del
Sol Naciente. Las salas india, coreana y del sureste asiático muestran las
manifestaciones artísticas de estos países.
El museo también cuenta con una
gran colección de vestidos. Las 31.000 piezas de la colección de trajes y
accesorios se ha visto ampliada con otros 23.000 objetos tras un acuerdo con el
Museo de Brooklyn. Debido a la fragilidad de los objetos no hay una exposición
permanente, pero sí dos exposiciones especiales al año. La colección abarca
desde el siglo XVII hasta la actualidad, y es un compendio del vestir y la
moda, desde los trajes con ricos bordados de finales del siglo XVII a los
vestidos de la época napoleónica. No faltan diseños de Elsa Schiaparelli, Worth
y Balenciaga, junto con trajes utilizados por el Ballet Ruso e incluso un
atuendo de lentejuelas de David Bowie.
La visita a la colección está
acompañada por el documento sonoro The
Art of Dress, narrado por la actriz Sarah Jessica Parker, en el que se
explica cómo los artistas han utilizado la ropa para expresar su propia
identidad y su fuerza. El Instituto utiliza técnicas de conservación muy
sofisticadas.
También hay una ecléctica galería
donde se realizan exposiciones regulares de dibujos, grabados, aguafuertes y
fotografías. La colección de dibujos es rica en arte italiano y francés de los
siglos XV al XIX; las obras van rotando para protegerlos del nocivo efecto que
la luz ejerce sobre el papel. Entre los 4.000 dibujos mostrados destacan obras
de Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Rafael, Ingres, Goya, Rubens, Tiépolo,
Rembrandt y Seurat.
Colección de grabados
La colección de grabados, compuesta por un millón y medio de obras y unos 14.000 libros ilustrados, incluye trabajos de la mayoría de los mejores maestros grabadores de la historia, desde la antigua xilografía alemana, Virgen con Niño, hasta piezas de Durero o El gigante de Goya.
Gracias a la donación realizada
por el galerista Alfred Stieglitz de su extensa colección particular de
fotografías, llegaron al museo joyas como The
Flatiron, tomada por Edward Steichen. Esta obra constituye el corazón de
una colección fotográfica particularmente rica en obras modernistas realizadas
durante el período de entreguerras.
Una de las secciones más
admiradas del museo es la dedicada al Antiguo Egipto, en la que se exhiben
miles de objetos que van de la prehistoria al siglo VIII d. C. Se muestran
desde fragmentos de los labios de jaspe de una reina del siglo XV a. C. hasta
el enorme templo de Dendur.
El emperador Augusto, que hizo
construir el templo de Dendur (15 a. C.), aparece en los relieves haciendo sus
ofrendas.
Entre los hallazgos
arqueológicos, la mayoría de ellos recogidos en expediciones financiadas por el
museo a principios del siglo XX, figuran esculturas de la famosa reina Hatshepsut,
que usurpó el trono de Tebas en el siglo XVI a. C., 100 relieves del reinado de
Amenofis IV y estatuas funerarias, como el hipopótamo azul de loza, hoy mascota
del museo.
Colección de arte egipcio
En 1920, un investigador del Metropolitan descubrió una sala oculta de 2.000 años de antigüedad en la tumba del noble Meketre. Contenía 24 reproducciones en miniatura de objetos que le habían pertenecido: su casa y jardín, su flotilla de barcos y un rebaño de ovejas. El propio Meketre está representado en su embarcación, oliendo un capullo de oro.
Pintura europea
Unas 3.000 pinturas europeas constituyen el orgullo de la colección del museo en lo que respecta a la pintura, escultura y artes decorativas de Europa. Entre las obras italianas, figuran La última comunión de San Jerónimo, de Boticelli y Retrato de un joven, de Bronzino. Los lienzos holandeses y flamencos son de los mejores del mundo, e incluyen Las segadoras, de Brueghel, varias obras de Rubens, Rembrandt, Van Dyck y numerosos cuadros de Vermeer. La colección tiene también obras maestras de artistas españoles, como El Greco, Velázquez y Goya, al igual que de artistas franceses, entre ellos Poussin y Watteau. Se encuentran también algunas de las mejores obras impresionistas: 34 cuadros de Monet, entre ellos Terraza en Sainte-Adresse; 18 de Cézanne y varios de Van Gogh, entre ellos Los cipreses.
Van Gogh pintó Los cipreses un
año antes de morir, en 1889. Sus últimas obras están marcadas por gruesas
pinceladas de trazos espirales.
En Jugadores de cartas, pintado en 1890, Paul Cézanne se olvidó de sus
tradicionales paisajes y bodegones para pintar unos campesinos jugando a las
cartas.
En el ala Kravis y en las
galerías adyacentes se exhiben más de 60.000 objetos de escultura y artes
decorativas de Europa, como la estatua de Adán en mármol, de Tullio Lombardo,
una pequeña escultura en bronce de un caballo encabritado, inspirada en un
modelo de Leonardo, y docenas de obras de Degas y Rodin. Entre las salas de
época se muestra un patio de un castillo español del siglo XVI, así como unas
estancias domésticas decoradas del siglo XVIII procedentes de Francia y
conocidas como “las habitaciones Wrightsman”.
Galería de la colección de arte griego y romano
El sarcófago romano de Tarso, donado en 1870, constituye la primera obra de arte con la que se comenzó la colección de arte griego y romano. Se halla junto a los frescos procedentes de una villa enterrada bajo la lava del Vesubio en el año 79 d. C., espejos etruscos, bustos romanos, exquisitos objetos de cristal y plata, al igual que cientos de vasijas griegas. Una monumental estatua de un joven, del siglo VII a. C., representa los inicios del naturalismo en la escultura. La helenística Mujer en el mercado muestra cómo dominaban los griegos el realismo en el siglo II a. C.
La que fuera una de las mejores
colecciones privadas de arte del mundo, la del banquero Robert Lehman, llegó al
museo en 1969. El ala Lehman es una pirámide de cristal y alberga una muy
variada colección de obras de grandes maestros, pintura francesa del siglo XIX,
dibujos, bronces, mayólica renacentista, cristal veneciano, muebles y esmaltes.
Entre los distintos lienzos se encuentran pinturas de maestros holandeses y
españoles, obras de arte francesas, cuadros posimpresionistas y fauvistas.
Vidriera medieval
La colección de arte medieval del Metropolitan incluye obras que abarcan desde los siglos IV al XVI: aproximadamente desde la caída de Roma hasta el inicio del Renacimiento. La colección está repartida entre la sede principal del museo y el anexo The Cloisters. En la sede principal se hallan el cáliz que, durante un tiempo, se creyó que era el Santo Grial; seis bandejas bizantinas de plata que representan escenas de la vida de David; un púlpito de 1301, de Giovanni Pisano, en forma de águila, y varias esculturas monumentales de la Virgen y el Niño. Entre los objetos expuestos figuran joyas, vidrieras, esmaltes, marfiles y tapices.
El piano más antiguo del mundo,
las guitarras de Andrés Segovia y una cítara en forma de pavo real son algunos
de los objetos de la amplia colección de instrumentos musicales del Met, que
abarca los cinco continentes y va desde la prehistoria hasta la actualidad. Los
instrumentos ilustran la historia de la música, y la mayoría están en
condiciones de ser utilizados. Mención especial merecen los instrumentos procedentes
de las cortes europeas de la Edad Media y el Renacimiento, originales violines,
clavicordios, otros instrumentos con incrustaciones de materiales preciosos, el
taller completo de un fabricante de violines, así como los tambores africanos,
los pi-pas o los laúdes asiáticos y
las gaitas de los nativos americanos. Los visitantes pueden utilizar un equipo
de audición para escuchar la música de estas épocas interpretada por ellos.
Desde su fundación en 1870, el
museo ha ido adquiriendo obras de arte contemporáneo, pero sólo a partir de
1987 se creó un espacio permanente para su exhibición: el ala Lila Acheson
Wallace. Otros museos neoyorkinos tienen colecciones de arte moderno más
amplias, pero ésta se considera una de las mejores. Obras europeas y
estadounidenses desde 1900 en adelante pueden contemplarse en los tres niveles
dispuestos al efecto, empezando por los artistas europeos, como Picasso,
Kandinsky, Braque y Bonnard. Lo mejor de la colección reside en el arte moderno
estadounidense, con obras de la escuela The Eight, de Nueva York, que incluyen
trabajos de John Sloan, Charles Demuth y Georgia O’Keeffe, el regionalista
estadounidense Grant Wood, el expresionista abstracto Willem de Kooning y de
representantes del estilo color field
como Clyfford Still.
Ritmo de Otoño, de Jackson Pollock
En otras salas se muestran mobiliario y piezas de metal art nouveau y art déco, una colección de trabajos en papel de Paul Klee. También destaca la galería de Esculturas, con enormes ejemplos y lienzos. Entre las joyas de la colección cabe mencionar el Retrato de Gertrude Stein de Picasso, Nasturtiums y Baile de Matisse, Vi el número 5 en oro de Demuth, Ritmo de Otoño de Jackson Pollock y el último autorretrato de Andy Warhol.
El retrato del escritor estadounidense
Gertrude Stein, obra de Picasso, fue realizado en los años 1905-1906. La cara
tipo máscara es una muestra de su deuda con el arte africano y romano.
Todos los años, en el Cantor Roof
Garden, en la azotea del ala, se exhiben esculturas contemporáneas que pueden
verse con el perfil de Nueva York y Central Park como telón de fondo.
Finalmente, cabe destacar la interesante exposición temporal sobre la moda punk que se organizaba esos días en el Met. Cuando salí fue impresionante ver grupos punk que se adentraban en el museo. No se podían hacer fotos, aunque alguna hice.
Exposición sobre la moda punk
Finalmente, cabe destacar la interesante exposición temporal sobre la moda punk que se organizaba esos días en el Met. Cuando salí fue impresionante ver grupos punk que se adentraban en el museo. No se podían hacer fotos, aunque alguna hice.
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