jueves, julio 11, 2013

Niagara Falls

El 5 de junio tuve que levantarme muy temprano, porque el autobús hacia Niágara partía a las 7.30 h. Como no tenía desayuno en el hotel, me acerqué, poco antes de las 7.00 h. al Starbucks más cercano. La guía se llamaba Beatriz y era de Colombia, pero llevaba muchos años afincada en Nueva York. Nos dijo que vivía en el distrito de Queens. Como guía no es que explicara mucho ni muy bien. A mí me gusta que me ofrezcan más ‘chicha’ que la que me ofreció ella.
Desde Nueva York a Niágara hay aproximadamente 700 kilómetros, por lo que el viaje era largo, aunque con muchas paradas. Y el autobús tenía WiFi. A las 18.00 h. estábamos en la entrada a las cataratas del Niágara.
A medida que íbamos recorriendo kilómetros en dirección Norte, era habitual encontrarse con obreros arreglando las carreteras. En Estados Unidos, los inviernos son fríos y con muchas nevadas en esta parte del país, por lo que en primavera suelen reparar muchas carreteras que han quedado destrozadas por las fuertes nevadas, sobre todo porque en los meses de calor los estadounidenses son muy dados a coger el coche.
El Estado de Nueva York es el Estado más grande de la Costa Este. Su capital es Albany, pero la ciudad más importante y más poblada es Nueva York. Es un Estado que comparte mucho con el vecino Nueva Jersey. La gente se casa en Nueva York y se marcha a vivir a Nueva Jersey, porque es más económico y está lleno de bosques. Cada Estado tiene un eslogan. El de Nueva Jersey es “Estado Jardín”; el de Nueva York, “Imperio”. Los dos Estados son muy afines y se apoyan mutuamente. Vivir en las grandes ciudades, como Nueva York, es muy costoso y los impuestos son más elevados; por lo que muchos habitantes de Nueva Jersey trabajan en Nueva York pero residen en Nueva Jersey.
A lo largo del camino hacia Niágara se encuentra la cordillera de los Apalaches, que son los montes más antiguos de la Tierra. No son muy altos, porque cuanto más antiguo más hacia abajo va, y sus picos se han terminado redondeando. También hay muchos arces, cuyo número crece a medida que una persona se acerca a Canadá, ya que es el símbolo del país, que incluso aparece en su bandera.
En Estados Unidos la temperatura se mide en grados Fahrenheit. Para calcular los grados centígrados correspondientes se tiene que dividir la temperatura en Fahrenheit entre dos y restarle 15. Es decir, si hay 66ºF (entre 2 son 33 -15) son 18ºC. Si hace frío, hay que contar con el factor viento, por lo que la temperatura bajaría en 2/3 grados. Si hace calor, hay que contar con la humedad (con motivo de todo el sistema de agua de esta zona: los Grandes Lagos, el Hudson, etc.), por lo que sube varios grados. El verano es más cálido en Niágara por la humedad.
Otra medida que cambia es el galón. La gasolina se mide en galones, no en litros. Un galón se corresponde con 3,78 litros.
Uno de los lugares por los que pasamos fue Dinghampton, ciudad que se hizo famosa porque su universidad pública descubrió la fibra óptica. Este hecho hizo que disminuyera su población (de 450.000 a 250.000 habitantes). Uno de sus fundadores dejó en las calles de la ciudad diez carruseles y tiovivos porque creía que un niño debe aprender a soñar. Son gratis. Se reparan cada año y reabren cada primavera.
También pasamos por el Valle del Geneceo, que significa “valle hermoso”. Es un nombre indígena, como Canadá, Toronto, Niágara. Es un lugar que integra muchas pequeñas ciudades en una grande. En el Valle del Geneceo, esa ciudad es Batavia, que es la típica ciudad americana: una calle principal donde está todo lo necesario. Se concentran todos los servicios en una población, de la que dependen aproximadamente once o doce condados. Son ciudades que rondan los 2.000 habitantes y el 98% de su población es de origen anglosajón (blancos). Es raro encontrar en estos lugares afroamericanos, hispanos o asiáticos. Son ciudades que no han sido contagiadas por la inmigración. No se ve gente por las calles. Hacen una vida tranquila, pero no por ello aburrida. En estas ciudades no faltan gasolineras ni tabernas, que los americanos consideran esenciales. Estas comarcas están protegidas por el Estado, ya que son comunidades agrícolas. Son comunidades tranquilas, limpias, el índice de criminalidad es muy bajo. Todo el mundo se conoce. El autobús escolar reparte a los niños por sus casas y hace recorridos larguísimos desde los centros educativos.
Las banderas americanas son habituales en las casas y en los coches. Los americanos se sienten orgullosos de serlo, y su manera de demostrarlo es colocando la bandera americana en muchos sitios.
En USA se produce mucho jarabe de maíz, que le echan a todas las comidas. Es muy sabroso, pero tiene un elevado poder calorífico, de ahí que haya tanta población obesa en el país. Por el contrario, en Canadá se consume jarabe de arce, que es más ligero, por lo que la población es más estilizada.
Niágara es el nombre de dos ciudades gemelas. Las dos se llaman igual, pero una está en Estados Unidos y la otra en Canadá. El río Niágara hace frontera entre ambos países. Niágara se encuentra muy cerca de la ciudad de Buffalo, pero por falta de tiempo no pudimos entrar aquí.
A Niágara se la conoce como “la ciudad de los enamorados” americana. Muchas parejas van a casarse allí, por lo que muchos hoteles cuentan con capilla para celebrar bodas.
Las cataratas del Niágara son la concentración de agua dulce más grande del mundo.
Louis Hennepin, párroco francés y uno de los primeros europeos que contempló las cataratas del Niágara en 1678, escribió: “El Universo no se puede permitir un doble”. Todavía hoy las cataratas del Niágara, con una caída de 61 metros sobre un cañón rocoso, resultan tan impresionantes como hace 300 años. A pesar del desenfrenado desarrollo a ambas orillas del río Niágara, que separa la provincia canadiense de Ontario del Estado de Nueva York, esta maravilla natural ofrece suficiente espectacularidad, bruma y romanticismo como para que acudan a contemplarla más de 10 millones de personas al año.

Las cataratas tienen iones positivos y los seres humanos, iones negativos. La interacción entre los dos hacen que las personas salgan rejuvenecidas. Por ello se recomienda que la gente se deje mojar por el agua de las cataratas.
El color verde proviene de los Apalaches, ya que estos montes tienen muchos minerales, que son los que les dan a las cataratas el color verde esmeralda. El río es de una gran pureza. Al Niágara no llegan impurezas ni desechos de cloaca.
Desde que se descubrieron las cataratas se han ido desplazando unos 14 kilómetros. El esfuerzo de los Gobiernos estadounidense y del canadiense ha sido muy grande para mantenerlas en su lugar.
En invierno, cae sobre las cataratas una gran capa de nieve, que se denomina “el cinturón de hielo”.
Alrededor de las cataratas y en el río Niágara hay muchas islas. La Isla de Cabra era propiedad de un ganadero, que en una fuerte nevada perdió todo el ganado menos una cabra. Por eso la isla tiene ese nombre. En otra isla, la Isla de las Tres Hermanas, se rodó la película de Marilyn Monroe Niagara.
Cuando llegamos a las cataratas, había salido el último barco para ver las cataratas desde abajo. Yo creo que alguno de los turistas se hubiera comido a la guía con pan, porque lo que no es normal es que la guía no hubiera reservado. No hay mal que por bien no venga, y el barco lo cogeríamos desde el otro lado, es decir, desde Niágara canadiense, que tiene mejores vistas que desde el lado americano. Teníamos varias opciones: cruzar por el puente durante veinte minutos para pasar al lado canadiense, visitar la ciudad de Niágara –que no tenía muchas cosas que ver, aunque estaba llena de casinos- o irnos a un outlet. Esos lugares son centros comerciales que se encuentran en las afueras de las ciudades, con ropas de marca y muy económicos. Nos cogió un taxista pakistaní que nos dio su número de teléfono para llamarle cuando quisiéramos regresar al hotel. Y, sí, volvimos cargadas de bolsas. Aquí hablo en plural, porque durante el viaje conocí a dos hermanas de Castellón, Lidon y Raquel, con las que hice buenas migas. Seguimos en contacto, por supuesto.
Una experiencia magnífica fue ver las cataratas de noche. A veces las colorean, pero precisamente esa noche no estaban más que iluminadas. Las cataratas se encuentran en el Niagara Falls State Park, que brinda una excelente vista panorámica de las cascadas.
Al día siguiente, después de volver de Toronto y aún en Canadá, cogeríamos el barco en la parte canadiense. Fue una experiencia magnífica. El barco se acerca lo suficiente a las cataratas como para mojarte entera. Recuerdo que llovía –aunque no lo notamos mucho entre la humedad de Niágara y los chubasqueros que nos habían entregado- y que, finalmente, se echó la niebla. Las cataratas del Niágara, en su parte canadiense, tienen forma de herradura.
Después del recorrido en barco, visitamos la ciudad original, Niágara del Lago, formada por impresionantes mansiones victorianas que la mitad del año se mantienen cerradas. Sus propietarios pueden permitirse el lujo de pasar seis meses al año bajo el sol de Florida mientras este lugar queda aislado por las fuertes nevadas. En invierno los caminos aquí son inaccesibles. Pueden permitírselo porque son una especie de terratenientes que poseen viñas y el vino de esta zona tiene gran prestigio.
También hay aquí un bonito reloj floral, monumento dedicado a los discapacitados. Las agujas que lo forman son dos muletas.
Recuerdo que ese día no cené, porque estaba tan cansada que me quedé completamente dormida.

2 comentarios:

Carol dijo...

¡¡Hola K!! Me alegro mucho de tener noticias tuyas desde hace tanto tiempo. Te he echado mucho de menos, aunque no te lo creas. Veo que por fin fuiste a Canadá, que recuerdo que hace un par de años me comentabas que querías ir. Bueno, a Canadá y a USA, qué maravilla. Yo me voy a Japón en dos meses. Recordarás que era mi gran sueño y lo pospuse cuando el tsunami de 2011, pero mira, al final allá que voy. Te he echado mucho de menos porque me apetecía muchísimo contártelo y saber de ti. Qué alegría poder volver a saludarte, de verdad. Espero que sigamos en contacto.

¡¡Un beso!!

K dijo...

Te va a encantar, en serio. No sabes lo que daría por regresar de nuevo a Japón. Aquel país, y sus habitantes, sí que me enamoraron.
A Canadá fui de rebote, realmente era la Costa Este de USA, y subíamos a Canadá, pero mi viaje fue a USA.
Aún me quedan Washington y Filadelfia de describir, y el resto que vi en Nueva York. Cuando tenga un poco de tiempo, seguiré contando. Me alegro de que todo te vaya bien. Estamos en contacto, un beso enorme.