De vuelta a Nueva York, no
esperaba que el primer día tras el circuito por la Costa Este diluviara como lo
hizo. ¿Qué haces en una ciudad que no es la tuya en un día que no para de
jarrear? Obviamente, ir a un lugar cerrado. Y no tenía ganas de ver arte, me
apetecía más el Museo de Historia Natural, considerado uno de los mejores del
mundo. No me arrepentí. Era realmente impresionante, y como todo en Estados
Unidos, era bestial, tanto como para perderse en las salas, que aún hoy tengo
la sensación de haber visto sólo una parte del museo.
Mamíferos africanos
El museo es muy completo. Recuerdo desde las tallas de animales, entre ellos la reconstrucción de esqueletos de dinosaurios, como la esfera y las zonas dedicadas al Sistema Solar, así como las salas de las diferentes civilizaciones. Para una persona entusiasta de los animales, ver las maquetas de tantos y la explicación de su hábitat natural fue toda una experiencia para los sentidos.
Es uno de los mayores museos de
historia natural del mundo. Desde que el edificio original se abrió en 1877, ha
crecido hasta abarcar cuatro manzanas junto a Central Park West. Hoy alberga
más de 30 millones de objetos. Por cierto, que este museo es para ir en plan
familiar, dentro hay varios restaurantes y sería uno de los lugares donde,
dentro de unos años, llevaría a mi sobrina a que disfrutara. Vaya, que es un
museo para ir con niños. Y también me vino a la memoria la película de Noche en
el museo, película que en su mayor parte se grabó aquí.
Lo primero que te encuentras,
nada más entrar, es el esqueleto del barosaurio en el vestíbulo principal. Se trata
del especímen de barosaurio más grande del mundo. Hay tres esqueletos: una
hembra erguida defiende a su cría de otro depredador. Los tres esqueletos
fueron montados con piezas fósiles originales.
Los elefantes de África que se
ven en la planta baja son un conjunto impactante, sobre todo porque los ojos de
cristal de los elefantes es una de las primeras cosas que te encuentras nada
más entrar. Cuatro de los elefantes fueron capturados hacia 1920 por Karl
Akeley, a quien se debe la sala de los mamíferos africanos.
Otro ejemplar interesante es la
ballena azul. Es el mayor de todos los animales, vivos o extintos. Puede pesar
hasta 100 toneladas. La réplica expuesta en el museo es de una hembra capturada
en la costa sur de Estados Unidos en 1925.
Me gustó mucho la parte de la
historia de las civilizaciones. Me salté la parte que tiene que ver con Japón y
con Nueva Zelanda, porque al haber estado en los propios países lo que me van a
mostrar no va a ser tan completo como lo vi allí, y porque por lo general son
cosas que ya me han contado o he visto “in situ”. La gran canoa me recordó a
los maoríes. Es una canoa de guerra de 19,2 m proveniente del Pacífico Noroeste
que fue labrada en el tronco de un cedro.
También es impresionante el corte
transversal de la secuoya gigante de 1.342 círculos anuales y 4,8 m de
diámetro. Las secuoyas son una de las especies vegetales más grandes del mundo.
Uno de los anexos que se
encuentran en el museo, es el Rose Center for Earth and Space. Ubicado en una
esfera de 26,5 m, contiene el avanzado Space Theatre, el Cosmic Pathway, una
rampa espiral de 106 m con una cronología de 13 billones de años de evolución y
el Big Bang Theater. En la sala del Universo se muestran los asombrosos
descubrimientos de la astrofísica moderna.
Salí del museo por otra puerta
que daba a un lateral del edificio, y aún hoy sé que hubiera necesitado al
menos tres días para ver la mayor parte de este museo. Otro lugar titánico,
como todo lo que tiene la etiqueta de “norteamericano”.
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