
Girolamo Savonarola, retrato de Fray Bartolomeo (1498)
Girolamo Maria Francesco Matteo Savonarola fue un religioso dominico, predicador italiano, confesor del gobernador de Florencia, Lorenzo de Médici, organizador de las célebres hogueras de vanidad (o “quema de vanidades”) donde los florentinos estaban invitados a arrojar sus objetos de lujo y sus cosméticos, así como los libros que él consideraba licenciosos, como los de Boccaccio. Con un gran poder en la Florencia de la segunda mitad del siglo XV, fanático irrefrenable que atemorizaba al pueblo con sus sermones, predicó contra el lujo, el lubro, la depravación de los poderosos y la corrupción de la Iglesia Católica, contra la búsqueda de la gloria y la sodomía, que sospechaba se encontraban inmersas en la sociedad de Florencia, donde él vivió.
El poder de Savonarola se
encontraba en sus profecías, en sus sermones proféticos. Predijo que un nuevo
rey Ciro atravesaría el país para poner orden en las costumbres de los
sacerdotes y el pueblo. La entrada del ejército francés de Carlos VIII, en
1494, en la Toscana, confirmó su profecía. Sus violentas críticas contra la
familia que gobernaba Florencia en esa época, los Médici, acusándoles de
corruptos, contribuyeron a la expulsión del gobernador Piero de Médici por los
florentinos en 1495. Sus ataques contra el Papa Alejandro VI le valieron,
primero la excomunión y la prisión, y más tarde, tras haber sido liberado y
conducido a Roma por los grandes comerciantes florentinos, la condena a la
hoguera por un tribunal de la Inquisición y la inclusión de su obra en el Index (Índice de Libros Prohibidos).
Savonarola fue el tercero de los
siete hijos del comerciante Nicoló di Michele dalla Savonarola y de Elena
Bonacolsi, descendiente de los señores feudales de Mantua. Era costumbre de las
familias acomodadas entregar uno o varios de sus hijos a la Iglesia para que se
educaran y fueran sacerdotes. El abuelo de Savonarola, Michele, había sido
doctor y autor famoso en Medicina, médico de los gobernantes ferrarenses; pero
además había sido un hombre profundamente religioso, estudioso de la Biblia, de
costumbres sencillas y terminantes. En su vejez escribió folletos, como De laudibus Iohanni Baptistae, que
fueron muy importantes en la formación de Girolamo. También su abuelo se
encargó de su primera educación, enseñándole gramática, música y dibujo. Tras la
muerte del abuelo, el padre de Savonarola quería que estudiara Medicina. En un
principio, Girolamo se entusiasmó con los diálogos escritos por Platón, pero
pronto se decantó por las enseñanzas del aristotelismo y Santo Tomás.
Después de alcanzar el título de
maestro, empezó los estudios de Medicina, que abandonó para dedicarse a la
Teología, el estudio de las doctrinas católicas. En 1472 escribió De ruina Mundi y en 1475, De ruina Ecclesiae, donde compara la Roma
del Papa con la antigua y corrupta Babilonia. Con este espíritu ingresó en el
convento de San Agustín de Faenza, donde muy pronto se convirtió en predicador.
Más tarde, solicitó su ingreso en la orden dominica, y fue enviado al convento
de San Domenico de Bolonia. Allí se dedicó íntegramente al estudio teológico y
poco tiempo después se trasladó al convento de Santa Maria degli Angeli. Escribió
discursos en los que acusó a la Iglesia de todos los pecados. Los papas
humanistas, que ayudaban y mantenían a los artistas, eran su blanco preferido. Sus
fieles siguieron con devoción sus llamadas a la vida sencilla. Las misas de
Girolamo Savonarola llegaron a reunir a 15.000 personas. Decía que todos los
males de este mundo se debían a la falta de fe, porque cualquiera que tuviese
fe se daría cuenta que es necesario obrar bien, porque las penas del infierno
son infinitas. Según Savonarola, los poderosos de este mundo se sentían
orgullosos de haber puesto fin a la vida sencilla de los siglos anteriores. Según
él, los sacerdotes de su época eran los peores porque hacían todo al revés de
cómo deberían hacerlo; sólo les interesaban los bienes de este mundo, ya no
cuidaban las almas ni les inquietaban los corazones de su pueblo, sino que sólo
se preocupaban de obtener beneficios.
Estatua de Savonarola en Ferrara
En 1482, la orden dominia le envió a Florencia. En sus discursos hablaba sobre la pobreza, la sobriedad y el carácter fuerte que los verdaderos creyentes deben tener. Su forma de hablar violenta y sus excesivas críticas acabaron por desesperar al pueblo, por lo que tuvo que abandonar Florencia unos pocos años después de haber llegado. Regresó a Bolonia, donde se convirtió en maestro de estudios. En su vida en el convento se distinguó por sus rigurosos ayunos y penitencias, incluyendo el maltrato que se daba con el cilicio y practicando una absoluta frugalidad, comiendo y bebiendo muy poco.
Regresó al convento de Santa
Maria degli Angeli, donde se dedicó con especial énfasis a la predicación
después de haber estudiado las técnicas necesarias para hacer discursos
públicos.
En 1491, a la edad de 34 años, se
le entregó la titularidad de la iglesia de San Marco en Florencia. Desde allí
atacó al Papa Inocencio VIII como “el más vergonzoso de toda la Historia, con
el mayor número de pecados, reencarnación del mismísimo diablo”.
Sus ardientes predicaciones,
llenas de avisos proféticos, no eran extrañas en la época, pero sus profecías
parecían cumplirse con los desastres que estaba viviendo la ciudad de Florencia
en esa época, como la derrota contra los franceses o el excesivo lujo de los
ricos, que vivían rodeados de obras de arte, frente a miles de personas que
vivían en la pobreza. En estas condiciones, la población se acercaba a
Savonarola porque denunciaba todo esto. Otro desastre fue la epidemia de
sífilis. Muchos llegaron a creer que Savonarola era el profeta de los “últimos
tiempos”.
La iglesia de San Marcos donde
predicaba Savonarola fue conocida por su fanatismo. Savonarola no era un
teólogo, no predicaba doctrinas. En su lugar, predicaba su idea de la vida
cristiana. Afirmaba que un alma intachable era predecible a cualquier acto
lujoso o ceremonia excesiva. Con sus críticas no intentaba hacer la guerra
contra la Iglesia de Roma, sino que quería corregir sus pecados. Lorenzo de
Médici, que gobernaba Florencia y mantenía con su dinero a Miguel Ángel,
también conocía a Savonarola. Se dice que Lorenzo llamó a Savonarola en su
lecho de muerte y Savonarola le maldijo, haciendo que Lorenzo terminase sus
días temiendo al infierno. Lorenzo y su hijo Piero de Médici se convirtieron en
uno de los blancos de las predicaciones de Savonarola.


Placa conmemorativa
donde estaba colocada la hoguera de las vanidades, Piazza della Signoria,
Florencia
El rey francés Carlos VIII quiso hacer valer su derecho a gobernar Nápoles, por lo que decidió entrar en Italia con su ejército y pasar por Florencia. Savonarola le consideró un enviado del Cielo para poner orden en el clero, que él consideraba impuro. En 1494, en la Florencia invadida por el rey francés, estalló una gran rebelión. Los gobernantes de la familia Médici fueron acusados y expulsados. Savonarola surgió entonces como líder de la ciudad y comenzó a gobernar la República Democrática de Florencia, de marcado carácter religioso. Como el poder estaba en manos de Savonarola, persiguió ferozmente a los homosexuales, las bebidas alcohólicas, el juego, la ropa incedente y los cosméticos. Savonarola ordenó buscar por la ciudad cualquier cosa que permitiera la vanidad o el pecado, como tablas de juego, libros que trataran de cuestiones sexuales, peinetas, espejos, perfumes y ropa indecente, que fueron confiscados y echados a la “hoguera de las vanidades”, una inmensa hoguera que ardía en la plaza principal de la ciudad. También se quemaron cuadros y obras maestras del Renacimiento, libros de Petrarca y Boccaccio, libros de los antiguos escritores de la civilización romana y griega de incalculable valor, por ser considerados inmorales. La violencia dirigida por Savonarola se extendió por toda la República de Florencia, en un intento de obligar a los ciudadanos a que retomases unas costumbres sencillas.
En estas circunstancias, se creó
un grupo contrario al Gobierno de Savonarola, llamado “los arrabbiati” (“enojados”),
que fueron derrotados en las calles por los seguidores de Savonarola. Los franciscanos
fueron los mayores opositores de Savonarola, pues con sus predicaciones en la
Iglesia de los dominicos, la iglesia franciscana de la Santa Cruz de Florencia
iba perdiendo adeptos y se quedó vacía. El monje Francesco de la Curia se
convirtió en el mayor crítico a Savonarola.
En esta época, sus ataque contra
la familia española del Papa, los Borgia, se recrudecieron tanto que terminó
enemistándose definitivamente con el
Papa Alejandro VI.
Savonarola atacó a los Borgia
acusándoles de pecadores. Su feroz ataque se centró en Rodrigo Borgia, que poco
después llegó a ser Papa con el nombre de Alejandro VI. Savonarola atacó a los
amigos del Papa, acusándoles de pecadores, incestuosos y mentirosos. Alejandro VI
pidió a Savonarola que cambiara su actitud, incluso intentando sobornarle
ofreciéndole el puesto de cardenal. El fraile no aceptó e incluso llegó a
cuestionar la autoridad del Papa.
Irritado ante tantas críticas, el
Papa Alejandro VI amenazó a todos los habitantes de Florencia con la “pena de
entredicho”, que era la prohibición de todos los sacramentos para todos los
ciudadanos e impedir que los muertos se enterraran en cementerios bendecidos. Estas
amenazas provocaron el terror entre el pueblo de Florencia. En 1497, Savonarola
fue expulsado de la Iglesia. Un año más tarde, el fraile subió al púlpito de
Santa Maria del Fiore (catedral de Florencia) para demostrar la invalidez de
aquella excomunión, y arremetió con mayor violencia contra la Corte de Roma y
el Papa. En 1498, el Papa ordenó su arresto y ejecución, tras la muerte del rey
francés Carlos VIII, que había sido defensor de Savonarola.
El ejército del Papa entró en
Florencia, que no opuso resistencia y los ciudadanos se mostraron dispuestos a
entregar al fraile. Éste se escondió junto con sus seguidores en el convento de
San Marco. Savonarola acabó siendo derrotado y detenido, junto con sus
inseparables amigos, Fray Domenico de Pescia y Fray Silvestro Maruffi.
Savonarola, acusado de herejía, rebelión y errores religiosos, fue conducido a
la prisión de Florencia. Durante 42 días fue torturado y finalmente firmó su
arrepentimiento con el brazo derecho, miembro que los torturadores le habían
dejado intacto para tal fin. La confesión fue firmada el 8 de mayo de 1498 y
poco después se arrepintió de haberla firmado, pues había confesado en la misma
crímenes que en realidad no había cometido. Fue ejecutado el 23 de mayo de
1498, junto a Fray Domenico de Pescia y Fray Silvestro Maruffi. A los tres se
les quitó la ropa, fueron tratados como herejes y entregados al brazo secular,
donde fueron estrangulados y, posteriormente, quemados sus cuerpos. Los restos
fueron devueltos a la hoguera varias veces, a fin de que se redujeran
íntegramente a cenizas y sus partidarios no fueran a coger nada para tratar
como reliquias. Las cenizas fueron arrojadas al río Arno. La familia Médici
recuperó el gobierno de Florencia.
Savonarola era intenso, fanático
y carismático en el aspecto personal. Se le compara a Lutero en su denuncia de
corrupción de la Iglesia Católica, pero no estableció unas bases doctrinales
que, con Lutero, llevarían al cisma de la Iglesia Católica. Sin cuestionar el
dogma católico, era un adelantado de la reforma moral que iban a traer el Protestantismo
y la Contrarreforma.
Ejecución de Savonarola en la Piazza della Signoria, Florencia
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