Estoy hechizada, tan hechizada que a veces me faltan las palabras para describir todo lo que siento. Marcharme a casa y ver su coche, tan cerca, el deseo de dejarle un mensaje en la luna trasera; verle pasar de refilón, con el perfil angelical y tranquilo, escuchar su voz a última hora de la tarde, y sentirle tan cercano. E intuir entre sus palabras una sonrisa.
Es amor. Le quiero tanto que no tengo palabras. Y, de paso, me voy a soñar con él.

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