domingo, abril 30, 2006

"La vida secreta de las palabras"


Un lugar aislado en medio del mar: Una plataforma petrolífera, donde sólo trabajan hombres, en la que ha ocurrido un accidente. Una mujer solitaria y misteriosa que intenta olvidar su pasado (Sarah Polley) es llevada a la plataforma para que cuide de un hombre (Tim Robbins) que se ha quedado ciego temporalmente. Entre ellos va creciendo una extraña intimidad, un vínculo lleno de secretos, verdades, mentiras, humor y dolor, del que ninguno de los dos va a salir indemne y que cambiará sus vidas para siempre. Una película sobre el peso del pasado. Sobre el silencio repentino que se produce antes de las tormentas. Sobre veinticinco millones de olas, un cocinero español (Javier Cámara) y una oca. Y sobre todas las cosas, sobre el poder del amor incluso en las más terribles circunstancias.

Cuando terminó la película, salíamos con una sensación extraña, al menos por mi parte. Es la típica película que te marca bastante. Que te hace ver la importancia de cosas que quizás en otras ocasiones no la tienen tanto.

Y las palabras. Lo importante que es lo que se dice, así como relevante es lo que no se dice. Esta es la típica película que recomendaría a todo el mundo. Al menos al final, te quedas con la moraleja de que una palabra puede mover el mundo, incluso puede cambiar vidas.

Ojalá pudiera volar


A veces imagino cómo sería tener alas para poder volar.
Cómo debe ser mirar desde las alturas, observar a todos aquellos que vienen y van, conocer países lejanos. Y buscar siempre el sol.

Volar... es la capacidad que le falta al hombre para acercarse algo más a los dioses, para surcar el cielo con sus alas y espiar lo que hay dentro.

Ojalá pudiese volar; no necesitaría equipaje para viajar, me cobijaría en los árboles y podría llegar lejos, incluso hubiera conocido a gente de la que me separa kilómetros.

Lo peor de ser un pájaro es que algún día te pueden quitar la libertad. Y de nada sirven las alas en una jaula.

Si tuviera que escribir un libro de viajes...

Si tuviera que escribir un libro de viajes no sabría qué lugares describir.
Podría ser Berlín y en primera persona:

El viaje empezó mal ya desde el principio. Mis conocimientos del alemán eran entonces bastante rudimentarios como para poder comunicarme con la suficiente fluidez. Así que esa primera vez en tierras germanas no me quedó más remedio que acudir al inglés en numerosas ocasiones.


El viaje en avión hasta la capital alemana hace trasbordo obligatorio, sea en Frankfurt o en Munich, pero no hay un vuelo directo. Opté por el primero, pues estaba más al norte.
Nuestro avión sobrevoló Frankfurt durante varias horas. Desde arriba veíamos el río Main serpenteando entre miles de casitas. Lo teníamos ahí abajo y no podíamos tomar tierra. ¡Qué impotencia! Aterrizó el avión siendo noche cerrada. Tenía un plano del aeropuerto que me había agenciado en internet, pero no me sirvió de nada. Suerte tuvimos que el siguiente avión nos esperaba, aunque debería haber salido ya. Alemanes... siempre tan educados... Nos perdimos al cambiar de terminal. El siguiente avión era de la compañía alemana más importante, Lufthansa, y menos mal porque así no tendríamos que volver a repetir la experiencia anterior.
A mi lado se sentó una mujer que llevaba varios años viviendo en Barcelona. Era una señora mayor que iba a visitar a su familia berlinesa.


El primer problema surgió en la cinta portadora de equipajes. Mi maleta no estaba. Recuerdo que decía: "Oh, mein Koffer", pero era incapaz de hacer una oración completa en alemán para explicarlo. Lógicamente en Frankfurt no había dado tiempo a que pasaran el equipaje de un avión a otro, así que más de la mitad de los viajeros estábamos sin ropa.
En la taquilla de Lufthansa supe explicarme mejor, pero gracias a la alemana afincada en Barcelona, que me animó bastante y me ayudó en esos momentos de desesperación total. Allí me dieron un neceser con todo lo imprescindible para pasar una noche, con una camiseta para dormir incluida. Me hicieron describir mi maleta, que por entonces era roja, y me pidieron la dirección del hotel, que sin saberlo siquiera estaba demasiado cerca.
Cuando salí del aeropuerto no era muy tarde, pero todo estaba desierto. Comparé la parada de taxis con la de Barajas. En Madrid, los taxistas se ofrecen a llevarte cuando te ven salir. Aquí había una fila inmensa pero nadie salió del coche. Taxis pintados de un color ocre clarito, bastante horrorosos.
Subí y dije: "Berlín Reinickendorf" y el nombre del hotel. Estaba demasiado abrumada como para hablar, y esa era mi intención, pero el taxista parecía tener ganas de cháchara. Ese es el primer momento en el que me sentí bien, pues le entendía lo que me decía y yo hacía todo lo posible por hacerme entender. Me contó que en Berlín había un dialecto, pero que no temiera porque no tendría problemas, pues seguro que visitaría las zonas turísticas y allí la gente estaba acostumbrada a los extranjeros. También me preguntó si era la primera vez que visitaba Alemania. Y me aconsejó que probara la cerveza típica de allí. Me informó sobre varias cosas más, absolutamente imprescindibles. Y llegué al hotel, donde hablé en inglés. Expliqué lo de mi maleta y me fui a dormir, con la camiseta que me habían dado en el aeropuerto.


Los problemas no acabaron ahí, pues al despertar al día siguiente mi maleta no había llegado. Como era temprano y madrugar es lo más normal del mundo en Alemania, me fui a dar un paseo caminando por esa zona. Era domingo, oí campanas y me encontré frente a un edificio de ladrillo naranja que parecía un lugar religioso. Estoy segura de que si no hubiera sido por el ruido de las campanas, cualquier otro día me hubiese pasado desapercibido. Desde luego aquella misa era demasiado antinatural. Llegué a la conclusión de que no estaba oyendo una misa cristiana, pero seguí sentada en el banco, mientras el cura continuaba con su liturgia. No llevaba micrófono pero gritaba como un demonio. La iglesia no tenía retablo y en su lugar había unos ventanales que daban una luz inusual al lugar. En un lateral había una especie de placa con números digitales que iban cambiando al inicio de cada canción. Y en el banco encontré el libro de himnos. Así que miraba la placa y buscaba la página que en ella ponía. Al sacerdote no le entendía o es que tartamudeaba porque no paraba de decir "Gott". Al salir del Santo Oficio ni siquiera me molesté en mirar qué tipo de iglesia era. Al regresar al hotel mi maleta estaba en recepción.


Mal comienzo para un viaje que terminó genial. Mal comienzo para salir por primera vez a un país donde no sabía lo que me esperaba, todo era demasiado nuevo y demasiado diferente de mi tierra. En estos momentos regresaría de todas formas.

Podría ser Portugal, y en tercera persona, con diálogos, aunque aquí no aparezcan.

Una beca Erasmus en una ciudad universitaria como era Santiago de Compostela le daba la posibilidad de conocer más lugares aparte de España. Allí cerca tenía Portugal. Así que Maëlle había decidido no sólo visitar las ciudades que más le llamaban la atención: Barcelona, Madrid, Sevilla y Valencia. Había decidido que en cuanto tuviera la oportunidad visitaría Lisboa.
Maëlle era de Marsella, estudiaba Ciencias Políticas y cuando llegó a Santiago sólo tenía conocimientos gramaticales del castellano, pero no podía expresarse, le costaba muchísimo. Llevaba varios meses de convivencia con españolas y ahora chapurreaba bastante bien el castellano, incluso decía palabras en gallego.
El viaje a tierras portuguesas no se hizo esperar. Hacía una semana que había conocido a otros Erasmus, algunos de ellos franceses. Stephone era de Lyon, estudiaba Derecho y llevaba el mismo tiempo que ella en Santiago. Maëlle le había comentado que quería viajar a Portugal, pero él no le había dicho nada, no parecía muy amante de los viajes. Sólo se preocupaba en comparar las leyes españolas con las de su país natal.
Maëlle estaba cenando cuando la llamaron por teléfono. Era Stephone. Le dijo que había pensado lo del viaje y que había decidido ir puesto que se acercaba un fin de semana largo y había que aprovecharlo.
Veinticuatro horas después tenían los billetes del autobús que les llevaría a Lisboa y habían reservado una habitación doble en un hostal del Rossío. Allí surgiría un amor que quizás les cambiara la vida.

Otra posibilidad es hacer un viaje imaginario por los rincones más recónditos, por mundos pasados o por lugares que no conozco. Aquí hay un narrador que ve todo desde fuera, que no entra en la historia. Casi todo es descriptivo. Y necesito documentarme.

Lo primero que sintió Harry antes de abrir los ojos fue la humedad en su piel, su ropa mojada. Cuando sus manos fueron capaces de sentir notó la suavidad fina de la arena bajo su maltrecho cuerpo. Se dio la vuelta y miró hacia el cielo. El sol era deslumbrante y hacía demasiado calor. Se frotó los ojos y miró a su alrededor. Sólo veía arena. Arena... y el mar. Un mar tranquilo, azul, despejado.
Se levantó como pudo, sentía los huesos entumecidos y sus músculos estaban agarrotados. Empezó a caminar hacia el interior de la isla. No veía un alma humana por allí. Estaba solo. A lo lejos vio unas palmeras y una cordillera.
Siguió caminando. Su cojera era patente y el dolor inaguantable. ¡Lo que daría por una botella de whisky en esos momentos para paliar ese sueño interminable!

¿Qué estaba haciendo allí? ¿Cómo había llegado a aquel lugar? No recordaba nada. Entonces fue cuando sucumbió a la desesperación. Empezó a sentirse demasiado solo. Sólo sabía que necesitaba sobrevivir. Ni siquiera cuando Émile le dijo que se marchaba se había sentido un ser tan solitario. Siempre había encontrado soluciones para todo y en estos momentos no sabía quién era, ni de dónde venía, ni qué hacía en aquel lugar terrible. Ni siquiera sabía la hora que era. Siempre tan meticuloso, decidió no pensar en cómo se las arreglaría en adelante en aquel inhóspito lugar e ideó construir una cabaña donde pasar la noche. Alguna vez había leído que las tormentas tropicales eran devastadoras y los días engañosos. Así que aunque hiciera un calor terrible, era necesario construir un lugar donde guarnecerse por la noche. Y se puso manos a la obra.

Y entonces es cuando la idea se materializa. Tengo cinco meses para escribir.
Y de todo lo anterior ¿qué es real? ¿qué es ficción? Porque es bastante usual utilizar la experiencia propia a la hora de escribir. Es algo inevitable.

¿Quién quieres ser?

Ante la invasión de páginas que hay en el mundo de internet acerca de qué personaje de ficción te gustaría ser, he aquí una muestra de unos cuantos.

Los más famosos, los de South Park. Varias veces me he metido en las páginas para reírme un poco. Aunque el exceso cansa. La mayoría de los dibujos que hay aquí están hechos hace bastante tiempo, digo "la mayoría" porque algunos han sido creados hoy.
Mayo de 2005. Mis amigos y yo:


Evidentemente, unos vienen y otros se van. Por eso, el primero está tachado, porque ya no es tan amigo como era entonces. Simplemente hemos perdido el contacto. Eso no quiere decir que sea una amistad perdida, aunque si no hay contacto...
Hace un tiempo me volví a "dibujar" como personaje de South Park:
Y cómo no, en casi un año he conocido a mucha gente. En muchos sitios. Mención especial merece una persona, por supuesto, también retratado como personaje de la famosa serie:

http://www.planearium2.de/flash/spstudio.html

http://www.kinasz.com/swf/sp-studio.swf

También te puedes hacer tu propio personaje de los Simpsons:


http://www.digyourowngrave.com/the-simpsomaker/

O de las Súper-Nenas:



http://www.nephco.com/nephco/powerpuffgirls/ppps.html

O incluso puedes crear tus propios héroes:





http://www.ugo.com/channels/comics/heroMachine/classic.asp

Luego están los típicos tests de la personalidad con los que te descojonas, donde según unas preguntas te buscan un personaje al que te pareces:



http://www.emezeta.com/testometro/personalidad/

Hay otras páginas que te hacen elegir, entre modo normal, modo gótico y modo fashion:





http://www.stortroopers.com/index.html

Y por último, hasta te puedes crear un personaje mítico. Todo está en la imaginación.
http://gbooks1.melodysoft.com/app?ID=nuevosmitos&do=sign
"Mi personaje surge de los lodazales más oscuros del abismo. Ha sido creado con fuerzas perversas y ocultas para que el choque de contrarios haga el bien en el mundo."
Es lo primero que me ha venido a la mente.

Por supuesto hay miles de páginas de este estilo. Pero una se cansa ya de estos juegos.

Acabo de presenciar una detención

La plaza a la que da mi piso es el típico sitio resguardado de Salamanca. En medio hay una iglesia con un muro de piedra, está a una altura superior a lo que es el parque de alrededor. Se entra por la parte opuesta a mi casa, desde el centro del parque.
Es una zona estratégica por su situación en la zona central de la ciudad y porque para acceder a ella hay demasiadas cuestas. También se puede entrar por varias calles.
Además es tranquila pues una calzada empedrada la rodea, pero por donde los coches sólo pasan en una sola dirección.

Por la mañana los ancianos de una residencia de la tercera edad ubicada en la misma plaza pasean a sus anchas por los adoquines, alrededor de las rosas que decoran la única estatua de la plaza. Nadie entra en el césped, rodeado por una valla, aunque no haya un cartel donde ponga "Prohibido pisar el césped" o "Prohibido que los perros hagan sus necesidades".
Como es un sitio que está en el centro ves pasar a diario todo tipo de gente, ves deambular personas en todas las direcciones.

Por las tardes, el parque se llena de personas que sacan a los perros a pasear. Por lo general son los únicos que pisan el césped, mientras sus dueños hablan del tiempo con los de al lado. Ahora con el buen tiempo también se puede ver a alguna persona sentada en uno de los bancos con un libro sobre las rodillas. Y también es frecuente ver a jóvenes papás paseando con sus hijos.
Un trasiego de gente que se mueve en todas las direcciones.

Ahora bien, por la noche... por la noche el parque cambia, de una manera parecida a como lo hacía el Dr Jekyll Mr Hyde. He visto desde los más multitudinarios botellones debajo de mi balcón hasta una pareja en pleno acto sexual. Y será que la esquina donde el muro de piedra se une a la iglesia no se ve desde el resto del parque, pero sí desde las alturas. Y el caso es que ese lugar tan escondido a los ojos del resto de la gente, para nosotras es la prueba evidente de que vivimos en un lugar demasiado estratégico. Hoy hemos confirmado que hay reuniones clandestinas de noche. La de hoy era una de esas reuniones. Y nuestra ventana es el ojo que todo lo ve.

Cuando se oye jaleo en el exterior, casi siempre lo achacas a botellones semanales. Pero hoy no había cristales, no había alcohol, no había bebida. Contra el muro había cuatro esposados, posiblemente marroquís, que estaban siendo cacheados por agentes de uniforme. Después han sido esposados. Después del registro y de que nuestra curiosidad ha podido más que nosotras y hemos salido a escuchar de qué iba el asunto, les han encontrado varias carteras robadas, y suponemos que teléfonos móviles. Uno de ellos no podía hablar, o eso han dicho. Por eso estoy segura que a pesar de la oscuridad, que no es tanta pues la plaza está bien iluminada, y que me puedo equivocar sobre las identidades, juraría que eran marroquís (¿o se dice marroquíes?).
Mientras, por la parte de dentro del muro, más elevada, había secretas, más policías y otros muchachos explicándose. Todos han sido llevados a comisaría.
Ha sido un asunto de robo.
Por supuesto, los policías nos han visto en el balcón. Si no fuera porque hubiéramos sido detenidas también, les hubiéramos hecho fotos. No se ve una detención de tanta gente a diario.

A los del polvo les grabamos, esos nos pillaron haciéndoles fotos, pero... nosotras estamos en nuestra casa. Si necesitan intimidad que se vayan a un motel.

Y otra vez, cuando al principio nos vinimos a vivir aquí, en plenos exámenes, tuve que salir a mandar callar a unos adolescentes que estaban de botellón. Me chulearon, pero yo chuleé más. Cuando sales dos veces de buenas al balcón y les pides por favor que bajen el volumen, y siguen en su línea (porque están de fiesta, vale, pero a mí me están molestando), ya la tercera vez que salí, fui demasiado clara: "Callad, que estoy en mi casa y me estáis molestando". Y un presumido, supongo que para hacerse "el machote" delante de las muchachas, me saltó: "Nosotros también estamos en nuestra casa". Y yo: "Ah, vale, voy a llamar a los locales a ver qué opinan". A los cinco minutos habían desaparecido.

Y es que el botellón está prohibido. Hay gente que no lo entiende, pero por muchas manifestaciones que haya es muy difícil derogar una ley. Bien, así no se llega a ningún sitio. Nunca se consiguió nada por las malas pues ésa no es la manera. Salamanca está más controlado desde que en el macrobotellón a nivel nacional la gente se desmadró y terminaron saliendo en las noticias.
Es cierto que el parque ahora está más tranquilo. No faltan los botellones, pero ya no son tan multitudinarios.

Lo peor de vivir aquí, a pesar de la tranquilidad, es que me da miedo venir sola por las noches. Cada vez me da más miedo. Sobre todo entre semana.

"El maquinista"

Trevor Reznik es un empleado de fábrica que empieza a verse cada día más delgado, hasta tal punto que se le marcan los huesos. Él achaca su mal al insomnio, y así es como se lo dice a la
prostituta con la que se acuesta: "Llevo más de un año sin dormir". Su vida se empieza a alterar en el momento en que aparece en escena un personaje que es más importante para él de lo que cree, Iván. Allá donde quiera que vaya allí estará Iván, quien se ha apropiado de su coche, se ha puesto a trabajar en la misma fábrica e incluso
visita su propia casa.

¿Quién es Iván realmente? He aquí el quid de la película. Desafortunadamente no puedo destriparla más, que me ha tenido saltando cada dos por tres, casi desde el principio.
He llegado a pensar incluso que el protagonista está majara total, pero no es eso. Al final se descubre el porqué ocurren ciertas cosas y por supuesto se sabe qué papel tiene Iván en la película.

Y es que es para pensar. Para mí la mente no creo que sea capaz de hacer jugarretas de esa manera. Algo muy fuerte debería pasarle a alguien para borrar todo o al menos transportarlo de tal manera al subconsciente que parezca totalmente amnésico o para que llegue un momento en que no sabe incluso lo que está haciendo. Entonces deja de tener control sobre su vida.

La película no es que no me haya gustado. Si hay algo que me ha dado grima ha sido el estado de delgadez extrema del protagonista:



La verdad es que hay escenas de este tipo que ponen la piel de gallina.

sábado, abril 29, 2006

"La novia cadáver"


La he visto porque me lo aconsejaste. Y tenías razón. Y como película de Tim Burton, no se podía esperar otra cosa que salga de su mente. Increíblemente maravillosa.
Hay algún momento en que se me ha encogido el corazón, incluso las lágrimas luchaban por salir... sólo me quedaba la esperanza de un final feliz. Y es que he visto muchas películas de Burton para saber qué línea sigue en ellas.
Sí, es una película de domingo por la tarde, pero yo la he visto hoy, viernes noche, porque me habías apremiado que la viera. Y tenía prisa por hacerlo. No hace falta que te la comente pues sabías que me iba a gustar.

Ojalá todos los cuentos tuvieran un final feliz como éste.

http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1809.html

En una constante contradicción



A veces me siento tan mayor para unas cosas... y tan joven para otras... que la única forma de desahogarme a veces es escribiendo. Puede ser aquí o quizás escriba con sangre sobre mi piel, no importa el soporte sobre el que lo haga. Las heridas diarias son quizás las que me impulsan a terminar con lo que una vez empecé sin pensar en que quizás tardara demasiado en acabar.
Llevo varios días dándole vueltas a la cabeza y quizás las horas que paso aquí las pase en otro sitio, un lugar donde mantenga ocupada mi cabeza sin pensar en otras cosas. Pero siempre encontraré un hueco para hablar contigo. Da igual que el día a día se me haga crudo, lo importante es llegar y saber que hay alguien que me hará sonreír.
No debería haberlo hecho pero al sentir tu pesar he comparado tu vida con la mía. La comparé y te conté las diferencias, lo que pasa que nunca llegaste a leerlo. A pesar de todos los problemillas que puedas tener tú en la actualidad, tienes ya una vida bastante asentada. En cambio yo me siento muy mayor para seguir creando mi futuro. A veces se me hace muy fatigoso dar un paso más, ¡cuántas veces he pensado en parar! Entonces pienso en algo más lejano, dentro de 10 años... y eso me anima a seguir.
Todos y cada uno de nosotros tenemos algo dentro que nos arranca la piel. Es como un hierro que nos quema al rojo vivo. Duele, quizás demasiado. Y eso es lo que nos hace duros. Ojalá dentro de 10 años vuelva a leer esto y sonría porque he conseguido mis objetivos.
Mientras tanto, seguiré viendo luchar dentro de mí todo tipo de fuerzas, unas que me hacen sentir demasiado mayor, y a veces demasiado cansada para seguir, y otras, que son las que más pesan, las que me hacen sentir con un espíritu joven que me animan y me consuelan en momentos de debilidad, como este.

Post Data. Y si algún día me diera por escribir un libro, ¿me dejarás que te lo dedique?

viernes, abril 28, 2006

Son tesoros


Hay personas que son tesoros de un valor incalculable.
Tienen una belleza interior de la que casi desconocen su existencia. Quizás por eso valen tanto.

Conozco a alguien así. Es una gran persona, pero se subestima a veces; yo creo que lo hace sin darse cuenta. Él es consciente de sus valores, de lo que no es consciente es de la inmensidad de los mismos.

Y esas personas son las que se terminan conservando al final. Porque merece la pena lo que llevan dentro.

Así que ya lo sabes. Cuida de tu tesoro, aunque creas que no tienes ninguno. Además, lo que brilla por dentro de ti es digno de admiración. Sólo quería que supieras lo que vales. A veces es necesario decirlo.

Viajando


Viajo a diario por mundos inexistentes, por caminos infinitamente largos, incluso he viajado en el tiempo.
A veces viajo sola, a veces acompañada. Una buena compañía hace mucho a la hora de viajar, pero no tienes la libertad de elegir lo que quieres ver, pues debes consultar con la otra persona.
Viajo por los límites del mundo, viajo por las mentes de la gente, viajo por mundos de ficción que vienen escritos en novelas larguísimas, viajo por las notas musicales de canciones que me transportan muy lejos. Incluso he viajado al otro mundo.
Sólo me queda la ilusión de que la vida es un viaje solitario donde cada uno de nosotros debe saber en qué puertos parar, debe reconocer los obstáculos que ha de atravesar, debe conocer gente, unos para siempre y otros que se irán. Quizás en este viaje, las fotografías y los recuerdos sean nimios. Quizás sea mejor llenar la maleta con las mejores cosas de las mejores personas.
Seguiré viajando y seguiré aprendiendo de la gente. Al fin y al cabo, siempre hay quien te deja sus ojos para ver su visión del mundo.
Pero yo quiero seguir viajando.

Butterflies


Sería demasiado hermoso tener alas para poder volar.
Sería demasiado hermoso ser una mariposa, presumir de bellos colores e ir de flor en flor. Sólo dejarse ver en primavera y relucir bajo los rayos del sol.

Hay muchas personas que son como mariposas; en el momento en que algo les espanta salen huyendo. Quizás ahora no me gustaría ser tanto una mariposa. Me gusta observarlas, pero todo acaba ahí.

Anoche cenaba cuando una polilla se metió en la cocina. Oía un ruido pequeño, hasta que la descubrí mover sus alas sobre la luz. De repente paró y se quedó observándome. Terminé de cenar y decidí echarla de la cocina. No quería irse, pero ella no puede pensar y la engañé. Encendí la luz de fuera y apagué la de dentro. Ayudada por una escoba la empujé a marcharse, por supuesto sin hacerle daño. Y al final se fue.
Cuando me iba a marchar, la vi apoyada en el cristal por la parte de fuera, seguía mirándome. Quería luz, pero no estaba dispuesta a dejarla entrar de nuevo. Le hice burla y me fui.

Y hoy seguiré observando el rápido revolotear de las mariposas, pero estoy segura de que me acercaré un poco a una de ellas y saldrá huyendo.

jueves, abril 27, 2006

Y los sueños... sueños son


Cuando hace unos años me preguntaban cuáles eran mis sueños, se me agolpaban en mi mente miles de sensaciones diferentes, algunas incluso contradictorias.

Hoy, varios años después, prefiero no decir nada. Los sueños sólo son importantes si nosotros mismos nos proponemos que se cumplan.

Ya lo decía Calderón:

"¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son."

¿Y por qué no vivir la vida como un sueño? Si ya solamente el simple hecho de vivir es soñar un mundo que muchos no llegarán a tener nunca, disfrutar de cada momento como si fuera el último, vivir es equivocarse y buscar soluciones que llegarán. Porque todo llega tarde o temprano, sea para bien o para mal... al final del camino habrá un sueño para todos.

Hace unos años me preguntaban cuáles eran mis sueños. No eran sueños prohibidos, simplemente estaban vedados pues era preferible no contarlos.

La vida en sí misma ya es un sueño, un sueño que merece la pena vivir, vivirla como si estuviéramos soñando. Claro que merece la pena.

Estemos pasando por la peor pesadilla jamás contada o por el mejor rato onírico del que jamás quisiéramos despertar, al abrir los ojos sabemos que en nuestra mano está quererlos hacer realidad o hacer que caigan en el olvido.

Soñar es vivir. Y vivir es soñar. Ya lo decía Calderón.

¿Y todavía me preguntas por qué te aguanto?


Hay personas...

Hay quienes te quitan más de lo que te dan.
Hay quienes te dan mucho sin pedir nada a cambio.
Otros prefieren estar contigo por no sentirse solos.
Algunos necesitan las palabras de apoyo que les das a diario.
Hay personas que te dicen las cosas claras, hay otras que se andan con rodeos.
Hay ángeles que saben que lo son y te dan la mano. Hay demonios que te pisan sin remordimientos. Y hay otros ángeles que lo son sin darse cuenta.
Hay personas que miran más allá. Luego están las superficiales.
Hay gente que escucha "el qué dirán" sin ni siquiera intentar oírte a ti lo que tengas que decir. Luego están los que hablan de todo y por todo.
Hay personas que tienen carisma y son admiradas. Hay quienes son crueles porque esconden un dolor pasado que no quieren que se repita. Hay otros que están a la defensiva y muchas de las veces su única salida es la mentira. Hay quienes son sinceros, a pesar de las consecuencias. Hay otros que se esconden por pánico a los demás.
Hay quienes tienen doble cara. Unos parecen buenos por fuera y cuando les conoces son demasiado crueles. Y aquellos que parecen perversos exteriormente, cuando te acercas a ellos y te ofrecen su mano... son los mejores.
Luego están los que no tienen personalidad, y por tanto su dependencia de otros es terrible, a veces demasiado para que sean capaces de dar un paso ellos solos. Hay personas que se valen por sí mismas, quizás demasiado independientes, quizás demasiado seguras de sí mismas... la confianza en sí mismos es un punto a su favor.
Hay personas egoístas, ególatras y narcisistas, que nunca moverán un dedo por los demás. Menos mal que sus polos opuestos tienen una generosidad sin límites.
Y hay personas que valen millones sólo con estar ahí.
Hay quienes te hacen sonreír con una sola palabra y otros en cambio disfrutan viéndote llorar.
Hay personas que creen, hay personas que sueñan, hay personas que ríen, que lloran, hay personas que aman, que odian, hay personas que sufren, otras lo hacen en silencio, hay personas desconfiadas por naturaleza, hay personas tristes, otras demasiado positivas. Hay quienes nunca saldrán adelante, hay quienes se lamentan sin razón. Hay personas y personas, y estoy segura de que hay personas maravillosas en el mundo. Y me dejo tantas...
Hay personas que tienen más virtudes que defectos. Si juntamos todas las virtudes anteriores y buscamos un nombre, me viene a la cabeza el tuyo. ¿Y todavía me preguntas por qué te aguanto?

miércoles, abril 26, 2006

Palabras, palabras, palabras...


Las palabras... esos instrumentos de comunicación que a veces sirven de nada.
A veces sobran, y a veces son necesarias.
Una palabra puede mover el mundo y también provocar una guerra en tiempos de paz.
Una palabra puede repetirse durante siglos y también poner fin a una batalla.
Hay palabras silenciosas, sustituidas por gestos, palabras que no necesitan pronunciarse...
Hay palabras de aliento, de ánimo que sirven de sujeción en momentos duros...
Y hay palabras que dejan peores heridas que las que puede hacer un arma, y esas son las que siempre permanecen en el recuerdo, aunque intentemos olvidarlas.
Hay palabras que se graban en nuestra piel a fuego, hay palabras que se lleva el viento...
Hay palabras que no vuelven a ser dichas...
Y hay palabras que hacen sonreír.
Una palabra es a veces demasiado valiosa como para desperdiciarla. Y la palabra que no se dice... muere.
Con palabras se entiende la gente.
A veces una palabra es necesaria, aunque parezca lo contrario.
A veces es necesario decir un "Gracias" o un "Hasta luego" porque, aunque parezca una tontería, quizás la otra persona necesite oírlo.