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miércoles, marzo 28, 2018

De fotos

A última hora tengo cargando móviles, iPad, eBook y la Canon. Me ha entrado mono de llevármela. Y es que hace tan buenas fotos que salgo hasta bien.
Eso quiere decir que ya puedo empezar a hacer la maleta, que ya va siendo hora.
Por mí me marcharía a tomar cañas por ahí, pero si hiciera eso igual pierdo el autobús.

viernes, agosto 27, 2010

Nightmares


Hace años aún tenía pesadillas que me llevaban de cabeza durante el día. De repente, una noche aprendí a soñar y comprendí que prefería soñar.
Recordando algunas de esas pesadillas, había algunas que eran recurrentes, que se repetían en ciertas situaciones. Una de ellas incluso me avisaba cuando me iba a poner enferma, porque sólo aparecía esa pesadilla cuando tenía fiebre.
En todas las habitaciones de mi casa hay molduras de escayola que separa el techo de las paredes. Me solía quedar dormida mirando esas molduras, cuando mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad, y de repente soñaba que aparecían monstruos (semejantes a las gárgolas de una catedral) que se movían en mi dirección. Entonces me despertaba sudando y seguía viendo los seres monstruosos que venían hacia mí. Y gritaba tanto que mis padres se asustaban. Al día siguiente, tenía fiebre y debía guardar cama. Pero, como todo, pasó. Un día dejé de ver seres fantásticos que me despertaban por la noche. Recuerdo que una noche incluso empecé a correr por el pasillo señalándoles a mis padres dónde estaban mis perseguidores.
Otra pesadilla que solía despertarme sudando (y no gritando esta vez) era cuando soñaba que caminaba descalza por un campo con plantas que me llegaban a la cintura y sentía en las plantas de los pies el roce sibilino de cientos de serpientes. Siempre he tenido fobia a las serpientes, tanto que me resulta insoportable incluso ver fotografías.
Y había una pesadilla que resultó constructiva. Soñaba que un día me levantaba de la cama y cuando hablaba escuchaba palabras que no entendía (las que yo decía), pero además no entendía lo que la gente me decía. Me sentía un personaje tan extraño que era horrible. No podía comunicarme con nadie y eso producía impotencia en mí. Con esta pesadilla no llegaba a despertarme, aunque un día comprendí que saber idiomas era importante para comunicarse. Así que yo me lo tomé como un buen mensaje. Aunque he perdido mucho vocabulario en los idiomas que aprendí, aún sigo defendiéndome cuando salgo al extranjero. Mucha gente podría pensar que esta pesadilla provenía por influencia de la Iglesia (por estudiar con monjas o por la catequesis y las misas obligadas de los domingos), pero no era así. Creo que fue porque me contaron el argumento de un libro de una niña que no quiso aprender a leer y, al no poder leer un cartel de "Perro peligroso", la mordió un perro. Me lo contaron, porque yo de niña no leía nada.
Hablando de influencias, siempre he querido saber cómo se llama una película de Alfred Hitchcock donde entierran a una persona viva. Porque siendo una niña vi esa película y me encontré soñando con que estaba dentro de un ataúd. Aunque ahí sólo me desperté soñando, fue suficiente para no volver a ver películas antes de dormir durante mucho tiempo.

¿Qué pasaría si un día no pudiéramos entendernos con las personas que queremos, si nuestras palabras no casaran con lo que queremos decir y nuestras manos escribieran algo que ininteligible? Y que fuera un hecho generalizado, que le ocurriera a todo el mundo. Sería otra nueva torre de Babel, sería horrible.
Aunque hay un lenguaje único que no necesita ningún tipo de comunicación más que un gesto. Me pregunto si él me entendería lo que quiero decirle con sólo mirarle. O si podría entenderle yo a él. Me gustaría que nos comprendiéramos, claro. Pero para saberlo tendría que ocurrir algo tan utópico como lo que he descrito. Y eso no va a ocurrir.

La imagen es de una librería japonesa. No sabía japonés. Para mí, las letras japonesas eran como dibujos. Apenas existían los libros de pastas duras; casi todos eran flexibles (y obviamente más baratos). Abundaban las series de cómics. Y yo me traje uno, un libro-cómic (un libro que sólo contuviera texto no tiene sentido si no lo entiendo), que empieza por donde nosotros tenemos el final. De todas formas, pese a no saber el idioma, sería capaz de escribir alguna palabra (como Tokio) en japonés de memoria. En Japón no podía ocurrir como en mi pesadilla, ya que allí podía recurrir al inglés.

viernes, agosto 06, 2010

¿Sueño o recuerdo?


He soñado con los djembes que sonaban hace unos años en la Plaza de Anaya, cuando nos sentábamos en el césped frente a la Facultad de Filología y nos tomábamos unas cervezas.
He soñado con el Huerto de Calisto y Melibea y los últimos rayos de sol de un atardecer de primavera.
He soñado con el astronauta(*) de piedra de una de las puertas de la catedral (más enriquecedor que la famosa rana de la ciudad).
He soñado con Unamuno, Torrente Ballester y Carmen Martín Gaite.
He soñado con el ambiente bohemio de las tardes invernales en Salamanca.
He soñado con una cafetería semioscura en la Rúa Mayor, reflejado mi rostro en un café a media luz.
He soñado con el Potemkin, el Piper, la Santa Compaña y el Calle Mayor (algunos nombres de bares y discotecas de Salamanca).
He vuelto a entrar en las Conchas (nombre coloquial para denominar la famosa Casa de las Conchas) y he vuelto a pasearme por sus estanterías (es una de las bibliotecas públicas de la ciudad).

Y en mi recorrido onírico o viaje al pasado por las calles de Salamanca no estaba sola. Había una persona junto a mí. En cada rincón le contaba una historia, porque aquella ciudad está cargada de leyendas.

Bien. Me he despertado a las once. He dormido como un bebé. Es obvio que, siendo la hora que es, ya no estoy por la labor de prepararme para salir. Como aún tengo un poco hinchados los ojos y como por la noche no puedo ocultarlos tras unas gafas de sol (y como no quisiera que me viera cierta persona de esta guisa), he optado por la tranquilidad que me aportan las páginas de un libro.

(*) El astronauta de la catedral es una figura en piedra del siglo XX, es la firma del escultor. En la puerta de la catedral que tiene su acceso desde la Plaza de Anaya aparece esa figura emblemática en piedra junto a una raposa comiendo un helado y no recuerdo qué más. Están ahí porque faltaba un trozo de la profusa decoración que se había caído y perdido, por lo que se encargó a un escultor que esculpiera el trozo que faltaba. He ahí el resultado. La catedral es gótica, pero ese trozo es demasiado moderno.

viernes, noviembre 13, 2009

En medio de la noche

Te despiertas en medio de la negrura de la noche. Tus ojos no se habitúan aún a la cerniente oscuridad. Escuchas el silencio, y a través de él te llegan los rítmicos latidos de otro corazón, una respiración tranquila que no es la tuya.
En ese momento sientes que tienes que protegerle de los fantasmas de la noche y te acercas a su piel para pasar los brazos lentamente a través del hueco de su cintura. Apoyas la cabeza de perfil en su espalda y acompasas tu respiración a la suya. Cierras los ojos y esperas al sueño que pronto ha de llegar.
Rodeados por el silencio y la oscuridad, sólo se escuchan dos respiraciones que toman y expulsan aire a la par.

miércoles, octubre 14, 2009

El sueño del bosque

Soñé que nos íbamos de excursión al monte, rodeados de un numeroso grupo de gente que ama la montaña. Habíamos dejado las mochilas en un refugio solitario varias horas atrás, en un valle en el fondo del mundo, como en los viejos tiempos. A medida que íbamos ascendiendo empezábamos a quedarnos a la zaga, inmersos en nuestras historias, viendo el mundo a través de los ojos del otro, a veces cogiéndonos de la mano, quizás robándonos un beso y finalmente grabando nuestras iniciales en la corteza de un haya.
Un minuto después no quedaba a nuestro alrededor más que el silencio. El resto de gente había desaparecido y no sabíamos qué dirección habían tomado. Estábamos rodeados de árboles y no había siquiera un sendero que marcara el camino. Se habían dejado de escuchar las voces de los demás, las numerosas pisadas haciendo crujir la hojarasca, las risas quedaban lejanas ya. Estábamos solos, él y yo, observados por los octogenarios árboles que se erguían a nuestro alrededor como un público que no había sido invitado a estar allí, pese a haber crecido en aquel paraje solitario.
Empezábamos a caminar, cogidos de la mano, sin orden ni concierto, desconociendo la dirección correcta, sin brújula o un mapa para guiarnos. Subiendo, bajando, siguiendo el campo a través, sin parar. Pero sorprendidos por las risas de lo inesperado, risas por habernos quedado solos, felices y despreocupados. A ratos seguíamos el cauce de un arroyo que ni siquiera saciaba nuestra sed.
Habíamos dado vueltas por aquel bosque único que nos observaba silencioso, sin reparar en que las horas iban pasando y la noche se acercaba lentamente. Al atardecer se había echado la niebla encima y miramos en dirección a la montaña, buscando algún lugar donde guarnecerse. No teníamos comida, ni agua, ni siquiera ropa de abrigo.
Comenzamos a subir por la ladera suave de la falda de la montaña, buscando posibles grietas, hasta que encontramos una lo suficientemente ancha como para deslizarnos hacia su interior. La noche se cernía sobre nuestras cabezas y nuestros dientes empezaban a castañear. Sin embargo, aún seguíamos felices, desconociendo cómo íbamos a salir de aquel antro milenario y limitándonos a aprovechar lo que teníamos ante las manos.
Por el techo de la gruta se asomaban cautelosos los rayos de una luna llena perfecta. Tiritábamos de frío. Los dos nos contemplamos y pensamos en lo mismo a la vez.
Las ropas empezaron a caer a nuestros pies, mirando a veces de reojo, a veces con curiosidad y a veces con pudor, pero sin dejar jamás de sonreír. Y nos tumbábamos allí, en una gruta perdida en medio de una montaña, abrazados, adormecidos por el calor mutuo de nuestros cuerpos, felices de estar allí. No había nada más. Solos nosotros y la luna.

sábado, octubre 10, 2009

De cicerone a través de los sueños

A medida que pasan los minutos me llegan ráfagas de todo lo que soñé anoche. Ahora no es de extrañar que no haya abierto los ojos antes. Es difícil dejar atrás el mundo onírico para despertar a la cruda realidad. Casi siempre se tiende a dejar los sueños a medias porque las obligaciones no te permiten hacerlo de otra manera. Hoy era diferente porque no había otras prioridades. Si yo voy a la oficina en sábado es bajo mi responsabilidad, porque quiero ir, sin más, y puedo decidir el momento en que me dejaré caer por allí. Nadie me obliga a hacerlo y nadie me obliga a no hacerlo.

He soñado con el mar. Ese mar que necesito ver de vez en cuando, que me aporta tranquilidad (si bien es cierto que ahora existe otra coordenada que me aporta más tranquilidad si cabe). Aparecía el mar en calma, el horizonte que empezaba a oscurecer ante mis ojos. Estaba sentada sobre un promontorio rocoso, desconozco lo que había a mis espaldas. Y no estaba sola. Sus brazos rodeaban mi cuerpo con una delicadeza propia de él, sentía su respiración acompasada detrás de mí y estábamos sumergidos en un silencio superior, el silencio de la calma, cuando disfrutas de lo que te rodea y no se necesita decirlo en alto. Un trocito de felicidad.
De repente el decorado cambiaba. Estábamos en una ciudad de interior que yo conozco demasiado bien. Estábamos abrazados, en medio de esa plaza mayor con piedras de color dorado. Había mucha gente a nuestro alrededor, pero nosotros estábamos solos. Una campanada tañía el aire en una iglesia cercana, entonces le cogía de la mano y apresuradamente cruzábamos las calles adoquinadas en zigzag para ver la rana de la fachada y el astronauta de piedra de la catedral. Y después le guiaba hasta el huerto de Calisto y Melibea, otro remanso de paz.
Finalmente, el hotel San Polo...

Y apenas había palabras, sólo imágenes, pequeños detalles.

domingo, septiembre 20, 2009

Los secretos que guarda la almohada

La almohada es un cofre de secretos. Si la mía hablara me ruborizaría. Ella es la que guarda por las noches los sueños que no cuento, las ilusiones que jamás se destruyen, las esperanzas que están en vilo, los pensamientos latentes, incluso las imágenes que no quiero olvidar.
Hoy me ha contado al oído que he soñado, que he tenido un sueño de una belleza insólita, y era así porque aparecía él. Es difícil que un sueño donde esté él no se vea inundado de belleza, delicadeza y dulzura. Pero sigue siendo un sueño, sin más.
He soñado que estaba dormida, con el rostro hacia la ventana, y que entonces llegaba él, se metía bajo las sábanas y se adhería a mi espalda, con sus manos frías recorriendo la piel de mi estómago y sus pies helados subiendo por mis piernas. Un escalofrío. Y ese contacto entre el calor y el frío me despertaba para darme la vuelta y mirar sus ojos brillantes en la oscuridad, besarle en esa especie de duermevela que aún era dueño de mí, y...
Lo que viene después me lo guarda la almohada bajo llave.

viernes, septiembre 11, 2009

No se puede vivir de sueños

Una de las sensaciones más bellas del mundo y que reportan una grandísima paz es abrir los ojos y descubrirte al lado de la persona que amas mientras duerme.
Esta noche yo he soñado que abría los ojos y que me encontraba junto a alguien que dormía plácidamente mientras me quedaba observando su acompasada respiración. Ha sido duro despertar a la realidad y palpar el lado derecho de la cama para encontrarlo vacío.
Sería maravilloso que se cumpliera el sueño, aunque más que el sueño era la persona a la que yo veía en sueños junto a mí. Sólo que... no se puede vivir de sueños. Porque al despertar te encuentras con la cruda realidad de algo que se esfuma como humo.

lunes, agosto 17, 2009

El último sueño

Anoche soñé con un lago rodeado de árboles y montañas. Bajo la descafeinada claridad de la luna nos adentrábamos en las aguas negras de ese lago de cristal.
Detrás había una casita solitaria, de madera, con lo imprescindible para sobrevivir tan alejados de la civilización.
Soñé que nos tumbábamos en una alfombra de yerba y flores silvestres y nos quedábamos mirando hacia el horizonte cortado por las moles opacas de las montañas en la lejanía. Y sobre nuestras cabezas, el silencio estrellado en ese momento de la noche en que el canto de los grillos y el canto de los pájaros deja de sonar.
Soñé que nos dormíamos abrazados, mientras a nuestro alrededor se paraba el tiempo.

Extraña es la nostalgia de lo que nunca ocurrirá.

martes, agosto 11, 2009

EL SUEÑO -con mayúsculas-

Esta mañana me he despertado a las cinco de la madrugada, fruto de un sueño tan placentero como realista. Me veo atada de pies y manos para decir cómo ni quién, aunque la sensualidad de otras manos, otro rostro rozando mi espalda estaba cargada de un realismo tal que me he desvelado y no he conseguido conciliar el sueño de nuevo, pero he cerrado los ojos para revivir ese momento tan sensual. Se me eriza la piel, incluso al describirlo sin dar detalles.

Llevo todo el día preguntándome por qué me he despertado a esa hora. Dicen que todas las noches y todas las personas soñamos. Tengo comprobado que sólo recuerdo los sueños cuando me despierto repentinamente o cuando veo un objeto real que aparecía en el sueño, es decir, que me acuerdo de uno de cada diez sueños.

En mis sueños te encuentro...

miércoles, julio 22, 2009

Anoche tuve un sueño

Anoche tuve un sueño. Soñé algo tan especial que merece que le dedique unas palabras.
Me he despertado con la espina dorsal temblando y una sonrisa radiante, para tornarse oscura a medida que iban pasando las horas.
¿Cuándo los sueños se convierten en realidad? En estos momentos me gustaría tener la magia suficiente para desear que ese sueño fuera premonitorio y se convirtiera en un hecho real. Desafortunadamente carezco de ese tipo de magia.

Empiezo a sentirme pillada, como hacía tiempo no me sentía. Y tengo miedo, tengo tanto miedo que miro hacia el pasado para descubrir que, en los últimos tiempos y en este tipo de situaciones, siempre terminaba tomando la decisión de huir.

¿Y ahora...?

jueves, abril 16, 2009

Los sueños indomables

Se repite una y otra vez la misma imagen en los sueños. Tengo pánico de dormir y volver a soñar con lo mismo de los últimos días. La tranquilidad de esfuma para dar paso a la alerta permanente, a los instantes incontrolables e incontrolados.
Hace mucho tomé una decisión, pero me pregunto: ¿Seré capaz de llevarla a la práctica? ¿Seré consecuente con mis pensamientos?

lunes, marzo 16, 2009

Hoy he vuelto a soñar

¿En qué estado de indecisión me encuentro que no puedo volver a mirar esos ojos sin sentir que mi rostro enrojece cual llamarada de tensión, ardor, deseo y rechazo que no puedo controlar? Siento que la sangre hierve en estas venas infernales y me impulsa a balbucear palabras sin sentido. La inquietud no me permite postrarme en la cama y descansar, sino afilar las plumas que escribirán ideas insondables. 

Hoy he visto uno de mis relatos colgado en la inmensidad oceánica de olas virtuales que asolan internet. Sólo pone el título y el día que llegó. Y era la lista de nunca acabar... 
Aunque antes he estado leyendo sobre la vida de Poe, en una biografía cargada de incógnitas. Y el final sigue produciendo la misma incertidumbre. Realmente nadie sabe con certeza cómo pasó sus últimos días. Lo que es cierto es que llevaba varios días consumido por un estado brutal de embriaguez que le llevó al hospital. 
Y entonces he recordado El cuervo, el largo poema que le dio la fama. Y aunque las traducciones no le hagan justicia es posible que cualquier día de estos lo plasme por aquí. 
Hoy he vuelto a soñar.
He soñado que las olas me arrastraban hacia la deriva y no quería mirar atrás, no deseaba encontrarme con esos ojos penetrantes que me matan cada vez, evitaba enfrentarme al silencio sepulcral de un horizonte sin agua ni luz. 
Hoy he vuelto a soñar. 
He soñado con los negros nubarrones que se tambalean quejumbrosos en el cielo. Es una mala señal. Llegarán tiempos mejores.

"Creo en un lugar donde vagan las almas inquietas; cargando con el peso de su propia tristeza no podrán entrar en el cielo... Y por eso esperan, atrapadas entre nuestro mundo y el siguiente, buscando sin descanso un camino para librarse a sí mismas de su infinito dolor sin perder la esperanza. 
Algún día podrán reunirse con sus seres amados".

lunes, febrero 02, 2009

Cuando todo queda en un sueño

A veces te levantas con una sensación arrebatadora que quiere mantenerte inerte en los dulces momentos oníricos en que todo lo irreal parecía tan real que no sabes de qué manera comenzar el día. El sueño sigue presente en tu mente como si desearas que fuera premonitorio, que en verdad sería devastador que lo que imaginabas cuando estabas en esa aquella dimensión pudiera acontecer. Y tiemblas. Sientes los escalofríos que recorren tu piel y te anegas en una tristeza insólita porque eres consciente de que nunca podrá ser.
Porque únicamente era un sueño, producto de la ficción sin más.

domingo, noviembre 23, 2008

Fernando y el caos

El viernes por la noche soñaba... Soñaba con F. y sus cosas, su proximidad, su sonrisa, su mirada ajena a la realidad que nos acecha. Ayer me sumí en un caos brutal. Sorprendentemente no tengo ganas de verle, menos mal que todavía queda algo más de un mes, aunque es muy posible que le termine evitando. No puedo soportar sus provocaciones, que no quiero que me afecten, pero se me clavan como dardos envenenados.
Da igual que me vaya a tres mil kilómetros de distancia, que huya a las antípodas, que escale mil montañas o que cruce cien mares, porque F. y su recuerdo seguirán perseverando en mi mente. Y yo seguiré evocándole en mis recuerdos.
Lo curioso es que en mis sueños veo un F. que no se corresponde con la realidad y no quiero que esa perfección onírica eclipse al F. real, que dista mucho de ser como yo le veo mientras duermo.
El día de después del sueño, si tengo la mala fortuna de acordarme de aquello que pasó por esa dimensión inalcanzable y ficcional, todo tiende al caos.

sábado, octubre 04, 2008

Realismo onírico

Hay momentos en que te despiertas de un sueño tal real que, al abrir los ojos, sigues pensando que todo lo que tu mente ha visto durante los instantes previos es real. Quizás es lo que quieres creer o lo que te gustaría que fuera. Sin embargo, todas las cosas son completamente diferentes.
No sé si en la siesta de hoy mi mente se aferraba a algún recuerdo del pasado o simplemente se ceñía a la sensación de no querer perder a una persona.
Todo era tan real que, al despertar, he pensado que todos estos meses he estado equivocada.
El sueño transcurría en un ambiente conocido, un lugar cotidiano: mi casa de La Rioja. Allí, mi madre y yo estábamos en la cocina (primera habitación nada más apurar todas las escaleras) con la puerta abierta. Y venía alguien. Oíamos una conversación. Mi padre y mi tío hablaban, a medida que iban subiendo las escaleras. No podíamos verlos, pero la incredulidad se reflejaba en los rostros.
-Nos estamos equivocando. No puede ser el tío. Él... murió.
Y aparecía mi tío por la puerta, con una chaqueta azul con cuellos blancos, como siempre, tan alegre como le he visto aparecer en otras ocasiones. Todo tan real, como si nada malo hubiera ocurrido.
He abierto los ojos repentinamente. He conseguido no llorar, pero me ha invadido una terrible desazón, el deseo imposible de que ojalá fuera verdad lo que veía en mi sueño.

jueves, septiembre 25, 2008

Retazos de un sueño imposible

Hacía muchos días que no me echaba siesta, pero hoy ha tocado. Debe ser que el ladrillo que tengo ahora entre mis manos, Guerra y paz, me lleva a los oscuros rincones de un sueño indescriptible.
¿Y quién aparecía en el sueño? Va a ser que vuelvo al monotema de los últimos días y eso que me he dado cuenta de que no hablar ni pensar en él me hace bien, y si lo hago me llega una especie de energía negativa.
He soñado que estábamos en un bar, un bar inexistente, y estábamos besándonos hasta el infinito. A todo esto, yo tenía una borrachera descomunal, y dentro del sueño y el alcohol que había bebido sólo veía reflejos, pero era feliz. Es obvio que yo no me cojo borracheras de tales dimensiones nunca. El caso es que había un camarero sin rostro, dos amigas de F. y gente de mi pueblo. Es curioso, porque parecía algo viable y real. Claro que cuando me he despertado me he dado coscorrones por haber abierto los ojos...
Sus besos sabían a sal.

Siento curiosidad, así que recurro al Diccionario de los sueños.
Simbología: El beso es un símbolo de unión, una forma de adherirse mutuamente. El beso se practicaba como signo de concordia, respeto y amor entre los iniciados al misterio de Ceres.
Interpretación onírica: Besar a nuestra pareja, buena suerte.
Besar a una persona de sexo diferente (si no es nuestra pareja), infidelidad.
Si nuestro beso es correspondido o bien aceptado (da igual si es un familiar o un amigo), despedida. Se apartará de nuestro lado.
Si besamos a alguien de nuestro propio sexo sin que exista una corriente de simpatía, abusaremos materialmente de su amistad.
Si besamos a alguien de nuestro propio sexo, existiendo una corriente de simpatía, será esa persona quien se aproveche materialmente de nosotros.
Besar a un niño, felicidad con agitación.
A un muerto, vida larga.
Desear besar a alguien sin lograrlo, dolor.
Robar un beso, pasión desenfrenada.
Ser besados, sorpresa favorable para el soñador. Consideración.
Vernos besando la tierra, humillación, pesar y tristeza. Muerte cercana.
La parte donde se dé el beso también es importante:
Un beso en las manos, amistad y complicidad. Matrimonio inminente.
En la cara, engaño y malicia.
En la frente, indiscreción.

miércoles, septiembre 10, 2008

El sueño eterno

Hace un año, tal día como hoy, mi tío cerró los ojos por última vez. Durante dos intensos días ni siquiera parpadeó. Se mantuvo en el umbral de la muerte, luchando contra algo para lo que no tenía suficientes fuerzas. Sus sueños eran inquietos, respiraba entrecortadamente, movía las extremidades, pero los párpados no se volvieron a abrir.
Recuerdo, como si no hubiera pasado aún un año, aquellas descripciones como si fueran hoy. Ya más serena, pero reviviéndolo todo. Recuerdo que tal día como hoy, hace un año, saqué el monstruo del dolor hacia fuera. Mis ojos se fueron enrojeciendo con el paso de los minutos, mi corazón se iba minimizando a medida que el sol se iba poniendo en el horizonte, el dolor hizo acto de presencia porque sabía que quedaban horas, minutos, quizás un día más... quedaba lo peor. Cuando por la noche salí a dar una vuelta era una sombra de mi ser, físicamente estaba aquí, intentaba inmiscuirme en ese ambiente festivo charro que se digna de disfrazar las calles de colores; mentalmente estaba allí, temiendo la llamada fatal, que sucedería dos días después. En mí se había apagado la luz. Mi rostro era el reflejo de la pesadumbre, de la impotencia, de la fugacidad de la vida.

Se acerca el primer aniversario del terrible desenlace. Hoy sigo viéndole en mis sueños, a mi lado, susurrándome palabras de ánimo y consuelo al oído, sigo escuchándole reír y hacer bromas. Hoy sé que las personas nunca mueren del todo, sólo físicamente. Nosotros seguimos sintiendo su presencia, porque de alguna manera sigue vivo cerca, muy cerca...

sábado, septiembre 06, 2008

Dolorosas "pesadillas" y firmes decisiones

Ayer soñé que era feliz, junto a él, que habíamos tenido incluso mellizos (soy la segunda generación de una familia donde hay mellizos y tanto a mí como a mis hermanos y primos nos puede tocar la lotería de que en vez de uno lleguen dos). Lo más terrible es que me duele soñar con la aspiración futura a una felicidad completa. No en vano tacho este sueño de "pesadilla". Por una vez, hubiera deseado no despertar y quedarme viviendo el sueño.
Al abrir los ojos he chocado de nuevo con la cruda realidad y he tomado una decisión. Amo y amaré una única vez en mi vida y a una única persona. Muchos podrían decir que lo pienso así porque tal es mi deseo, pero ciertamente he ansiado en ocasiones varias sacármelo de dentro, sin éxito. Creo que es, más bien, una maldición y que eso convierte mi vida pasional en una novela de la que podría sacar mucho jugo. Y como yo soy la que decide los pasos a seguir he optado por no dejarme ver ni dar noticias de mí en unos años. El sacrificio es enorme, en el sentido de que pienso en Nochevieja y no sé lo que haré para "desaparecer del mapa". Quizás me vaya de viaje. Siempre deseé viajar en Navidad porque me parece una época muy triste. Es decir, si antes iba poco a casa, ahora lo haré mucho menos. Y si lo hago es por mi familia.
A él... no quiero volverle a ver en años. No quiero encontrarme con esa mirada verde que sólo prende fuego en mi interior. No quiero que me provoque ni yo provocarle a él. Le deseo la máxima felicidad, que rehaga su vida. Yo le relegaré a un producto de mis sueños, un personaje más de mi imaginación, aunque le vea una y otra vez cada vez que cierre los ojos por las noches y se me caigan las lágrimas al pensar en todo lo que le he querido, quiero y querré.
Algo ha cambiado. Sé que él no volverá a mirarme igual después de que yo le abriera mi corazón, pero al hacerlo su mera presencia me hace daño. Ahora no puedo mirarle igual, ni él a mí.

miércoles, septiembre 03, 2008

En el umbral de los sueños

He hecho algo... que tiene que ver con un sueño. Y cuando se apuesta a lo grande, o te llevas una caída mortal o te haces con una victoria sin igual. Lo cierto es que lo que venga a continuación no depende de mí.