sábado, octubre 04, 2008

Realismo onírico

Hay momentos en que te despiertas de un sueño tal real que, al abrir los ojos, sigues pensando que todo lo que tu mente ha visto durante los instantes previos es real. Quizás es lo que quieres creer o lo que te gustaría que fuera. Sin embargo, todas las cosas son completamente diferentes.
No sé si en la siesta de hoy mi mente se aferraba a algún recuerdo del pasado o simplemente se ceñía a la sensación de no querer perder a una persona.
Todo era tan real que, al despertar, he pensado que todos estos meses he estado equivocada.
El sueño transcurría en un ambiente conocido, un lugar cotidiano: mi casa de La Rioja. Allí, mi madre y yo estábamos en la cocina (primera habitación nada más apurar todas las escaleras) con la puerta abierta. Y venía alguien. Oíamos una conversación. Mi padre y mi tío hablaban, a medida que iban subiendo las escaleras. No podíamos verlos, pero la incredulidad se reflejaba en los rostros.
-Nos estamos equivocando. No puede ser el tío. Él... murió.
Y aparecía mi tío por la puerta, con una chaqueta azul con cuellos blancos, como siempre, tan alegre como le he visto aparecer en otras ocasiones. Todo tan real, como si nada malo hubiera ocurrido.
He abierto los ojos repentinamente. He conseguido no llorar, pero me ha invadido una terrible desazón, el deseo imposible de que ojalá fuera verdad lo que veía en mi sueño.

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