No sé si es la época. No sé si es el tiempo. Lo que sé es que hace dos días eché de menos algo. A veces me pregunto cómo una persona es capaz de desconectar radicalmente de todo sin volver la vista atrás una sola vez. Dos años después regresan los recuerdos, los rostros, las palabras y sientes la terrible necesidad de saber qué será de aquellas personas.
Porque lo que se ha perdido no tiene vuelta de hoja, eso ya no se puede recuperar. Por eso, un día terminas valorando más a las personas, la importancia de que estén o no estén cerca. Y entonces te das cuenta de lo que ha pasado el tiempo, de que ahora tienes una arruga más que antes no estaba ahí, que una hebra de plata sale de tu cabello y te recuerda que no se puede volver atrás, que la vida sigue, pese a todo.
Este año no iré al cementerio. Sólo imaginaré cómo quedarán los pétalos blancos de seis rosas blancas sobre la blanca lápida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario