Lo cierto es que no me atraen mucho las películas que se caracterizan por el humor fácil. De pequeña me encantaban los cómics de Astérix, con los que me reía sin pensar. Debo decir que me he echado unas buenas carcajadas. Los mejores momentos han sido cuando eran deportistas reales los representantes de aquel deporte en lo que destacaron y, quizás, les convirtió en celebridades. Por una parte, la carrera de cuádrigas, donde aparece un Michael Schumacher que representa a Germania. Su carro es rojo brillante, se ve que es superior al resto y que tiene todas las de ganar. Por supuesto, va en cabeza y en un momento determinado se desvía de la pista y le miran el carro (lo que se corresponde con los boxes actuales de F1), mientras el público se pregunta qué está haciendo. Cuando su cuádriga y su carro se estropean por culpa de las trampas de Brutus, él vuelve a la aquí llamada "forja" para salir con otro segundo carro. Queda el tercero, pero en vez de poner el puesto en el podio, lo que pone al lado es "el mejor de todos los tiempos".Por otro lado, aparecen deportistas franceses de élite. Los organizadores de los Juegos Olímpicos han creado una pelota y se están inventando nuevos deportes. Cuando el balón llega a manos de un irreconocible Zinedine Zidane (vestido y maquillado como un egipcio), éste se pone a hacer virguerías con los pies. Después es el jugador de baloncesto francés Tony Parker el que dota a la pelota de otra funcionalidad mientras no deja de botarla.
Un galo perteneciente al poblado que los romanos no han conseguido aún conquistar, Lunátix (Stephane Rousseau) se ha enamorado de una princesa griega, Irina (Vanessa Hessler). Cuando va a verla, coincide con Bruto (Benoît Poelvoorde), que ha pedido su mano. Allí mismo se retan los dos: quien gane los Juegos Olímpicos se casará con la princesa.
Bruto intenta asesinar a Julio César (Alain Delon), su padre, de las maneras más increíbles, pero el César siempre está alerta. Bruto es un hombre ridículo que constituye el hazmerreír de Roma.
Cuando Lunátix vuelve a la aldea gala, Panorámix (Jean-Pierre Cassel) le dice que ellos también pueden participar en los Juegos Olímpicos, porque la Galia es una provincia romana, así que Astérix (Clovis Cornillac), Obélix (Gérard Depardieu) y Panorámix se encaminan hacia Olimpia junto al enamorado. Ellos tienen el secreto de su poción mágica, que les dota de una fuerza sobrehumana y, por tanto, se convierten en invencibles. Pero Bruto no se va a quedar de brazos cruzados. Quiere ganar a toda costa y para ello hace trampas, soborna a los jueces y lleva consigo a un hechicero llamado Doctormabus (Santiago Segura) para que le ayude a vencer.
Cuando los galos son descalificados por utilizar la poción mágica, Bruto sigue haciendo trampas y resulta ganador de todas las pruebas, a pesar del descontento del público. Panorámix hace una poción, pero echa en ella colorante azul, por lo que Bruto es finalmente descalificado.
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