En Cantabria, el pecu tiene algunas características del cuclillo, que pone sus huevos en nido ajeno y, una vez nacido, tira fuera las crías de los legítimos inquilinos, exigiendo siempre alimento sin compasión hacia la pareja que le alimenta.
En primavera, las mozas van a preguntarle cuántos años faltan para casarse, buscándole en lo alto de las encinas y abedules. Contesta "pe-cu" tantas veces como años falten. Lo malo es que cuando marca muchos seguidos, la joven se desespera pensando que se quedará soltera.
Tiene la cabeza y el lomo grises, el pecho y el vientre a rayas, y una ancha cola en forma de escoba.
Se dice que por San Juan se marcha con una cereza en el pico.
El ojáncano le odia, ya que no le deja dormir con su continua cantinela, por lo que intenta matarle en cuanto le ve.
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