sábado, octubre 11, 2008

Bajones físicos, subidas mentales

Reconozco que lo mío no es una gripe ni un catarro, que me fastidia echarme gotas en los ojos (realmente son lágrimas artificiales) y darme cacao en los labios porque los tengo muy agrietados. Pese a que duermo más y me siento un tanto más cansada, casi como si me hubieran pegado una paliza que hubiera dejado secuelas en la espalda, estoy con el ego por las nubes. Y no es por el premio, aunque siempre tengo a los míos comentándome que, todavía hoy, después de dos semanas, siguen dándoles la enhorabuena. Todos los días miro el buzón por si me llegara el trofeo, aunque imagino que esperarán para enviármelo junto a la revista (calculo que lo recibiré pues a finales de octubre).
Me acuerdo mucho de F., me gustaría compartir con él estos momentos de felicidad. Sé que, pese a nuestros problemas de comprensión y entendimiento, él se alegra por mis triunfos y sé que cualquier cosa que salga de mi mente la tomará con los brazos abiertos y lo devorará con fruición. Me encantaría abrazarle, susurrar en sus oídos las palabras del olvido, llenar su piel de caricias reprimidas durante tanto tiempo. Él es quien me hace sentir día a día, quien me recuerda que sigo viva, que mi corazón late un poco más fuerte cada vez...

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