No es tan malo enamorarse, ni sufrir, ni alegrase por amor; es el mejor viaje que podemos emprender a lo largo de nuestra vida, lo que nos mantiene vivos y ese brillo especial que transforma los ojos, da belleza a cualquier rostro, es deseo innato de acariciar con la mirada y besar con las manos y abrazar con el alma, es único e irrepetible, querer y amar. Se quiere dentro de la cama con pasión, lujuria y arrebato, con dulzura, ingenuidad e infantilismo llegado el caso, y fuera de la cama, se quiere con sacrificio, entrega, respeto, admiración, comprensión, diálogo y otras tantas cosas que me olvidaré. Se quiere en pos de, sin competencias, ni egoísmo, ni críticas, ni celos, ni posesiones, desde la libertad y la confianza...
Necesito esos otros dos pies para caminar el sendero del arte de amar.
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