jueves, octubre 30, 2008

Los girasoles ciegos


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En épocas oscuras, las pocas luces que existen se ven invadidas por una insólita negrura que acalla todas las voces. Y a veces es necesario recordar la historia que se silenció porque simplemente por una palabra una persona podía ser fusilada.
La posguerra española es una de esas épocas oscuras y este libro traza los hilos de varias historias del final de la guerra y años posteriores, cuatro historias que bien podrían haber ocurrido pero que nadie contó jamás, cuatro historias que tocan la fibra sensible, que hablan de los estragos de la guerra, de la miseria de después, del abuso de poderes y del silencio de grandes pensadores, del extraperlo, la huida, del paredón y de las cárceles de la época franquista. Cuatro historias sutilmente entrelazadas entre sí, ordenadas cronológicamente desde 1939 hasta 1942, que descubren al lector los horrores de una época oscura donde se luchaba por la supervivencia, donde se silenciaban los ideales en aras de preservar una vida y donde dominaba, como animal carroñero acechando a sus presas, un sentimiento común: el miedo. Son cuatro historias de derrotas.
Carlos Alegría, capitán del ejército nacional, con un expediente inmaculado, se acerca a las filas republicanas para rendirse ante los horrores que ha visto en los tres años de guerra. No es un desertor, como aclara él varias veces, sino un rendido. Es hecho prisionero, acusado de traidor y fusilado. Curiosamente salva la vida, porque la bala se desvía de su destino. Se levanta de la fosa común y comienza a caminar, mugriento y lleno de sangre, porque quiere morir en su casa. Cuando se acerca a un grupo de oficinales franquistas, éstos le devuelven a la prisión.
En una braña fueron encontrados los esqueletos de una persona adulta, un bebé y una vaca. Entre sus ligeras posesiones se encontró además un cuaderno que resume la vida de aquel que murió en medio de las montañas junto a un bebé. Un joven poeta que huyó con Elena, su novia embarazada de ocho meses, y terminaron en las montañas. Pero ella murió al dar a luz. Él pretende dejar que el niño muera, pero en el momento que le coge en brazos se siente culpable y se trae unas vacas para sobrevivir los dos. Los últimos días va perdiendo la conciencia y sabe que no durará mucho porque el corazón del bebé ya ha dejado de latir.
Juan Senra es un enfermero republicano que lleva en prisión desde que acabó la guerra. Le llevan al tribunal una y otra vez hasta que le preguntan si ha conocido a Miguel Eymar, que resulta ser hijo del coronel que preside el tribunal, el mismo que debe condenarle. El republicano habla con monosílabos pero, al terminar, no se le lleva al ala de la prisión donde están los condenados a muerte, algo inminente, sino de nuevo al ala de los que esperan su suerte. En la siguiente visita al tribunal conoce a Violeta, la madre de Miguel. A Juan, su instinto le lleva a mentirles, porque no quiere causar dolor en la madre, ya que su hijo era un traidor y fue fusilado como lo que era, así que se inventa un hijo modelo. Sus compañeros de celda empiezan a sospechar de él y allí conoce a Carlos Alegría y su historia. Todos le llaman El Rorro por haber burlado a la muerte y porque no habla. Pero un día se le acerca y le dice que ellos dos viven de prestado. Consigue quitarle el fusil a un guardia y quitarse la vida. Juan está impresionado, pero sólo recapacita en las palabras del capitán cuando se llevan a fusilar a un amigo de celda, un jovencillo que se merecía vivir. En la próxima visita de Violeta y el coronel él les dice la verdad sobre su hijo, sabiendo que el próximo en ir al paredón será él.
Al hermano Salvador le llamó la atención, entre más de doscientos alumnos, Lorenzo, porque mientras que los demás empezaban a leer a duras penas ese muchacho ya leía de corridas. Era vivaz e inteligente y le observaba, cuando no le castigaba. Pero todo eso cesa cuando conoce a Elena, su madre, de la que se enamora. El niño le confiesa que su padre, fugitivo, ha muerto. Sin embargo, en el piso donde viven todo es diferente. El padre vive escondido en un armario, no dejándose ver, leyendo y traduciendo libros. Salvador cree que tiene el camino libre y puede "proteger" a Elena, que además ya había perdido a una hija con el mismo nombre de la que no se volvió a saber nada, pero los acosos de Salvador sacar a relucir la verdad, ya que el marido no puede aguantar los celos y sale del armario para enfrentarse al religioso, suicidándose después.

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