Los trasgos se identifican con diablillos molestos o burlones. No son malignos, aunque sí molestos.
Los trasgos son unos demonios familiares y domésticos. Algunos no salen de algunas casas, como si fueran sus propias moradas, y se hacen sentir en ellas mediante grandes estruendos y regocijos y con muchas burlas, sin hacer daño alguno. Muchas personas los oyen tañer con guitarras y sonar cascabeles. A menudo responden si se les llama y hablan mediante señales, risas y golpes. Solamente se dedican a burlarse, si hacen daño éste es mínimo.
El trasgu, en Asturias, es un duende o gnomo de figura diminuta y simpática. Viste blusa de bayeta colorada y gorro del mismo color. Es un duende casero, penetra en las casas cuando el fuego está encendido. Normalmente se preocupa de hacer las labores domésticas y trabaja colocando todo en orden, pero si está de mal humor rompe los cacharros, esconde objetos, revuelve la ropa y da voces y gritos espantando al ganado.
Más bulliciosos que los duendes y del mismo tamaño, están apegados a la familia. Les encanta revolver, especialmente en la cuadra, el desván y la cocina, y agradecen que se les deje el rescoldo cubierto para pasar la noche.
Los trasnos de Galicia pueden adoptar cualquier forma y colaboran en ocasiones en las labores domésticas. Muestran un agujero en la mano izquierda, por lo que no pueden recoger con ella muchas semillas. Este hecho es aprovechado muchas veces por quienes quieren deshacerse de él por molesto, colocando un montoncito de simientes de linaza o trigo en el lugar por el que pasa el trasno. Si funciona, desesperado por no poder recogerlo, se va de la casa. Otras formas de conseguir que desaparezca es mandarle traer agua con un cesto o lavar hasta blanquear un pellejo de carnero negro. Aunque, como no es tonto, suele negarse a hacerlo.
Tampoco es posible mudarse de la casa y dejarle en la antigua. Generalmente viaja con la familia sin que se enteren o aparece poco después con algún objeto olvidado.
En Galicia, la figura del trasno aparece a menudo en los conjuros de la queimada, para librarse de él.
De entre los duendes hogareños nativos de Cantabria, el más conocido es el trastolillo, que vive cerca de las casas y entra en ella para hacer travesuras. El trastolillo es un ser juguetón, alocado, enredador, burlón y atolondrado, que siempre está riéndose. Tiene cara de pícaro y los ojos muy verdes, dos incipientes cuernecillos y un rabillo que pasa desapercibido.
Vive en las moradas de los hombres y su principal afición es cerner la harina fuera de la artesa, por lo que también recibe el nombre de “Diablillo Cernedor”. También se suele beber la leche, aflojar las trabillas en los días de viento y requemar los guisos. Después finge lamentarse con el estropicio que ha causado.
Los trasgos son unos demonios familiares y domésticos. Algunos no salen de algunas casas, como si fueran sus propias moradas, y se hacen sentir en ellas mediante grandes estruendos y regocijos y con muchas burlas, sin hacer daño alguno. Muchas personas los oyen tañer con guitarras y sonar cascabeles. A menudo responden si se les llama y hablan mediante señales, risas y golpes. Solamente se dedican a burlarse, si hacen daño éste es mínimo.
El trasgu, en Asturias, es un duende o gnomo de figura diminuta y simpática. Viste blusa de bayeta colorada y gorro del mismo color. Es un duende casero, penetra en las casas cuando el fuego está encendido. Normalmente se preocupa de hacer las labores domésticas y trabaja colocando todo en orden, pero si está de mal humor rompe los cacharros, esconde objetos, revuelve la ropa y da voces y gritos espantando al ganado.
Más bulliciosos que los duendes y del mismo tamaño, están apegados a la familia. Les encanta revolver, especialmente en la cuadra, el desván y la cocina, y agradecen que se les deje el rescoldo cubierto para pasar la noche.
Los trasnos de Galicia pueden adoptar cualquier forma y colaboran en ocasiones en las labores domésticas. Muestran un agujero en la mano izquierda, por lo que no pueden recoger con ella muchas semillas. Este hecho es aprovechado muchas veces por quienes quieren deshacerse de él por molesto, colocando un montoncito de simientes de linaza o trigo en el lugar por el que pasa el trasno. Si funciona, desesperado por no poder recogerlo, se va de la casa. Otras formas de conseguir que desaparezca es mandarle traer agua con un cesto o lavar hasta blanquear un pellejo de carnero negro. Aunque, como no es tonto, suele negarse a hacerlo.
Tampoco es posible mudarse de la casa y dejarle en la antigua. Generalmente viaja con la familia sin que se enteren o aparece poco después con algún objeto olvidado.En Galicia, la figura del trasno aparece a menudo en los conjuros de la queimada, para librarse de él.
De entre los duendes hogareños nativos de Cantabria, el más conocido es el trastolillo, que vive cerca de las casas y entra en ella para hacer travesuras. El trastolillo es un ser juguetón, alocado, enredador, burlón y atolondrado, que siempre está riéndose. Tiene cara de pícaro y los ojos muy verdes, dos incipientes cuernecillos y un rabillo que pasa desapercibido.Vive en las moradas de los hombres y su principal afición es cerner la harina fuera de la artesa, por lo que también recibe el nombre de “Diablillo Cernedor”. También se suele beber la leche, aflojar las trabillas en los días de viento y requemar los guisos. Después finge lamentarse con el estropicio que ha causado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario