jueves, octubre 02, 2008

Algunos seres mitológicos de la cornisa cantábrica

Xianas
Son personajes vengativos que forman parte de la mitología de Cantabria, Asturias y Portugal.
De aspecto atractivo, son hadas encantadas, que hilan áureas madejas, que ponen a secar cuando se bañan. Están acompañadas por animales del mismo metal. Se aparecen a la gente cerca de los cursos de agua y les ruegan que les ayuden a desencantarse, para lo que piden diferentes favores: tirar de un hilo de oro hasta devanar completamente la madeja, traer panecillos enteros que se convertirán en caballos, darle un beso a la xiana cuando está transformada en un animal ponzoñoso... Cuando el que intenta ayudar fracasa, a la xiana se le dobla el encantamiento. Vengativa y simuladora, finge apenarse por el causante y suele ofrecerle un collar, un pañuelo o una faja. En casi todas las leyendas, recibido el regalo, el que intentó desencantarla suele colgarlo de una rama o lo ciñe al tronco de un árbol mientras descansa, y el árbol se seca y arde.

La xiana a veces no tiene pechos, por lo que necesita trocar sus hijos por los de los mortales para que éstos los alimenten. A veces los cambia para que los bauticen. Lo hace mientras las madres siegan, sacando a los niños del capazo y volviéndolos a colocar una vez la mujer ha amamantado al “xianin” pensando que es el suyo. Otras veces, los cambian durante largos períodos, robándolos de sus cunas.
También raptan jóvenes, sobre todo mozos, a los que encantan, haciendo que penetren en las cuevas donde ellas viven y no vuelvan a aparecer, o lo hacen muchos años después, sin que para ellos haya transcurrido el tiempo.

Lamias
Lemures y lamias habitan en una región triste. Aunque la lamia sea un género de demonios, también se llama así a diversas brujas, hechiceras y personas que tienen relación con demonios. La lamia es un animal muy cruel, con rostro de mujer y pies de caballo.
En Cantabria se llama “lumia” a una mujer fea, retorcida, calumniadora, de malos instintos... En la zona costera del País Vasco se presentan muy semejantes a las sirenas, y tierra adentro suelen tener figura de mujer y pies palmeados. Viven cerca de las cuevas y cursos de agua.

Su aspecto varía. En algunos lugares adopta una figura totalmente femenina de tez cobriza, en otros tienen un solo ojo central o están cubiertas de pelo o carecen de él por completo.
Guardan tesoros o se peinan los cabellos con peines de oro ante su cueva. Son vengativas y peligrosas.

Mari
Es un personaje vasco femenino, que tiene su origen en la época precristiana y conlleva la leyenda de la maldición por una madre de su hija desobediente.
Presenta formas muy diversas: desde una hermosísima mujer que sostiene en sus manos un palacio de oro, sentada en un carro de cuatro caballos, arrastrando cadenas, hasta un árbol, un cuervo, una bola de fuego. Suele adoptar formas zoomórficas cuando está en su morada, en el interior de la tierra, mientras que raramente lo hace en el exterior. Suele hilar madejas de oro. Se la considera la reina de todos los genios del mundo. Señora de brujas, amiga de lamias y vengativa, guarda grandes tesoros que a veces regala. El problema es que al salir de la cueva el oro se descompone y el carbón se convierte en dorado metal.

Puede estar casada y tener hijos. A veces adopta temporalmente a una hija –que suele ser una cautiva- que devuelve al mundo exterior al cabo de un tiempo, convertida en una mujer rica. Señora de las sequías y las lluvias y enemiga del cristianismo, es conjurada el día de la Cruz de Mayo o mediante ramilletes bendecidos el día de San Juan.
En las zonas costeras, provoca tempestades que impiden a los pescadores hacerse a la mar.

Mozas del agua
Forman parte de la tradición de los pueblos del norte.
Son menudas, con ojos, trenzas y pestañas doradas y una estrella del color de la puesta del sol en la frente. Viven en palacios bajo el agua, van descalzas, visten capas con hilos de plata y oro y llevan anillos blancos y ajorca de listas áureas y negras en la muñeca izquierda.

Hilan oro por la noche y salen fuera del agua al amanecer, colocando las husadas a secar mientras bailan y hacen brotar del suelo con cada pisada flores amarillas y rojas. Al avanzar el sol en el cielo, vuelven a sus palacios con las madejas secas. Si alguien se las encuentra en ese momento y consigue coger una flor, será feliz y rico para siempre. Si es un mozo que puede sujetar uno de los cabos de la madeja, será arrastrado al interior de las aguas, donde se casará con la que él elija. A partir de entonces, salen del agua el mozo y su esposa el día de San Juan y dejan en los senderos una gargantilla, un anillo y un coral que sólo pueden ver las pastoras honradas.

Moras
Existieron en toda la geografía española. Son personajes de leyenda, restos de las huestes sarracenas que se desplazaron hacia el norte. Cristianizadas o no, todas están encantadas.

En la Cordillera Cantábrica, las moras viven refugiadas en las cuevas o bajo el agua. Son mujeres que acompañaban a los ejércitos sarracenos y, al retirarse éstos derrotados en las montañas, quedaron atrás atemorizadas, llorando su desgracia y, a veces, guardando tesoros que los moros habían conseguido en sus incursiones, mientras aguardaban su regreso. Desde entonces, encantadas y encadenadas a las cuevas, no salen más que en las noches de luna llena para buscar agua, mientras entonan tristes canciones. En ocasiones, tienen que entrar en las casas para coger comida y suelen hacerlo los domingos.
Otras leyendas hablan de que a menudo los aldeanos escondían las boronas y las sustituían por losas redondeadas, cubiertas con rescoldo, que les quemaban las manos y les hacía huir gritando.

Lavanderas
El mito de las lavanderas se encuentra muy extendido por tierras gallegas.
Son casi siempre ancianas, que no pertenecen al mundo de los vivos, con un aspecto completamente normal. Se encuentran de noche lavando ropas manchadas por la sangre de un mal parto que han tenido.
Cuando aparece un caminante le pide ayuda. Solamente hay dos formas de evitar los males que pueden hacer: ayudarlas en todos sus requerimientos o pasar de largo sin dirigirles la palabra.

Damas blancas
Son personajes femeninos muy ambiguos. Participan de las características de los fantasmas, los duendes y las encantadas.
En Galicia, existe la xa, mezcla de fantasma y hada. Las xas gallegas son fantasmas que se meten con la gente, que estorban en los molinos, que roban heredades y que ordeñan las vacas en las cuadras.

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