lunes, octubre 27, 2008

El Roblón

Toda la cornisa cantábrica está llena de grandes árboles, donde predominan las grandes encinas y los viejos robles, que reciben la denominación de "El Roblón".
Cuando en Cantabria oían hablar del Roblón nadie pensaba en estos respetables patriarcas de los árboles, sino en un personaje de la mitología local, tenido por muy peligroso.
Cuenta la leyenda que, hace tiempo, existía uno de estos venerables ancianos, con un diámetro de casi cuatro metros, que mostraba como mayor símbolo de vejez una enorme cavidad abierta en su base, donde acostumbraban a cobijarse de los aguaceros caminantes y animales. En una ocasión, sintiendo ya la debilidad que anunciaba la cercanía de la hora de su muerte, estalló una fuerte tormenta y una joven que pasaba por allí corrió a guarecerse en su interior. Acurrucada contra el tronco, se quedó dormida. Al cabo de un tiempo, el roble empezó a sentir cómo la savia le corría más rápidamente y fue estrechando cada vez más en su abrazo a la moza, hasta que falleció. El árbol comenzó a empaparse de los fluidos vitales de la joven, que le hicieron crecer, robando a los árboles y arbustos de los alrededores alimento, agua y savia. Poco a poco, empezó a moverse, convirtiéndose en un gigante que tenía los pelos de hierbas secas, las barbas de brezo, las mandíbulas de roble, la nariz de encina, la frente de haya, las piernas de fresno, los brazos de abedul, los ojos de lumbre. Su jadeo movía las hojas más altas de los árboles y los guijarros de los senderos. De noche sus ojos parecían dos llamas redondas, grandes, como si hubiera dos lunas al ras del monte. En invierno se entretenía derrumbando las cabañas, abría grandes torcas en los caminos, cubría con pedazos de peña los remansos de las fuentes. Los ojos que se veían en su rostro eran los de la joven, llenos de dolor, que abrasaban las matas de espino que llenaban sus cuencas sin consumirlas nunca.
El Roblón se entretenía en destruir todo cuanto encontrara a su paso. Dejaba todas las fuentes destrozadas, porque metía los pies en ellas para absorber agua por sus raíces.

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