También llamado cuélebre o culebrón, es la interpretación española del dragón. Se trata de una gran serpiente, con o sin cuernos, cuyas escamas son tan duras que únicamente se le puede matar hiriéndole en la garganta o dándole de comer algo que le haga daño. Al crecer les salen alas. Roba a las mozas, mata a la gente, destroza todo con sus fauces ardiendo.
En Asturias, el cuélebre es una serpiente alada que custodia tesoros y personajes encantados. Vive en los bosques, en las cuevas y en las fuentes de gran cavidad subterránea. Ataca a las personas y a los animales. La escama que le cubre es tan dura que rechaza las balas.
Cuando es viejo y su escama está muy dura y crecida, Dios le prohíbe permanecer aquí y se va volando a la mar cuajada, donde viven los cuélebres que, por ser viejos, han sido expulsados de sus moradas. El fondo de este mar está cubierto de riquezas, pero los hombres no pueden apoderarse de ellas porque los cuélebres las vigilan.
En Cantabria, se asemeja bastante al dragón. Es antropófago y exigente, al que hay que alimentar preferentemente con doncellas para que no se coma el ganado. A veces, cuando le toca una moza excepcionalmente bella aparece un jinete que consigue matarle liberando a todo el pueblo. En otras, es la Virgen la que le salva con un peine que le tira a la garganta.
En Asturias se cuenta la leyenda del cura de Abamia que, decidido matar al cuélebre, fue a buscarle a caballo armado con una escopeta. Al salir de la cueva, consiguió herirle de un tiro, pero no fue un daño grave. Perseguido por la gran culebra, tuvo que huir. Al atravesar un río, a la sierpe le entró agua en la herida, muriendo en el acto. El cura, ignorando el hecho y presa el pánico, continuó huyendo hasta que reventó al caballo y, recordando que al cuélebre le espanta el sonido de las campanas, buscó refugio en el campanario donde falleció de miedo.
A veces muere a manos de los campesinos a los que asusta, que le atacan con los instrumentos que tienen a mano: guadañas, horcas, etc. O le encadena San Pedro.
Una leyenda cuenta que un cuélebre habitaba en una cueva detrás del convento de San Francisco de Oviedo y todos los días exigía pan a los frailes, que se lo daban para evitar que devorara los cadáveres de su cementerio. Un día, uno de ellos le dio el pan lleno de alfileres y el cuélebre murió. En Brañaseca, los vecinos se veían obligados a alimentarle con borona y pan de centeno, hasta que se cansaron y un día lo sustituyeron por una piedra al rojo vivo, lo que causó su muerte.
En San Vicente de la Barquera vivía un cuélebre que se dedicaba a escupir y asustar a los habitantes y a los peregrinos del camino de Santiago y a espantar la pesca, atreviéndose incluso a sobrevolar el castillo. Cada día devoraba a una moza del pueblo. Un día apareció un peregrino que le recriminó su actitud y consiguió expulsarle. Otra versión cuenta que el viajero era Santiago, que se llevó en su caballo a la joven que iba a ser devorada y mató al cuélebre de una coz en la cabeza. Las huellas de los cascos del caballo todavía pueden verse allí.
A las afueras de Santander, habitaba un ser mitad serpiente mitad humano que guardaba un tesoro. Felipe II organizó una expedición, al frente de la cual colocó a un nigromante procedente de Italia, que al ver el tamaño del monstruo salió corriendo para no volver nunca más.
En el País Vasco, bajo el nombre de Iraunsugue, Ednsugue o Ersugue, toma la forma de serpiente, de una o siete cabezas, devoradora de seres humanos y ganado, que a veces es matada por algún vecino o por un ángel. Si su nombre es Sugaar, se trata de una serpiente que vive bajo tierra y que sale a la superficie a través de simas o cuevas, cruzando el cielo en forma de hoz de fuego para castigar las faltas de obediencia de los hijos hacia los padres.
En Castilla es conocido como el Culebrón, y suele ser una anjana, la Virgen o los santos quienes consiguen terminar con él. En Montrondo había que entregarle todos los años en el Hábeas una persona para que la comiera; le tocó en suerte a una moza que se dirigió a su destino rezando el rosario. Se encontró con una mujer que le pidió que le peinara y, al terminar, le entregó un collar para que se lo arrojara a la serpiente. Al hacerlo, ésta se enroscó en torno de un abedul y murió. En otros lugares es San Lorenzo quien salva la situación.
En Galicia se le llama Coca. Llega cuando menos se la espera, destroza todo a su paso y se apodera de las doncellas más bellas. Nadie conseguía terminar con él y las jóvenes de otras aldeas se negaban a casarse con los mozos de allí. Hartos de no lograr nada, los vecinos forjaron espadas y esperaron a la coca, presentándole cruenta batalla, en la que murieron varios lugareños. Al final, un joven le clavó la espada entre los ojos y consiguió matarle.
En Asturias, el cuélebre es una serpiente alada que custodia tesoros y personajes encantados. Vive en los bosques, en las cuevas y en las fuentes de gran cavidad subterránea. Ataca a las personas y a los animales. La escama que le cubre es tan dura que rechaza las balas.
Cuando es viejo y su escama está muy dura y crecida, Dios le prohíbe permanecer aquí y se va volando a la mar cuajada, donde viven los cuélebres que, por ser viejos, han sido expulsados de sus moradas. El fondo de este mar está cubierto de riquezas, pero los hombres no pueden apoderarse de ellas porque los cuélebres las vigilan.
En Cantabria, se asemeja bastante al dragón. Es antropófago y exigente, al que hay que alimentar preferentemente con doncellas para que no se coma el ganado. A veces, cuando le toca una moza excepcionalmente bella aparece un jinete que consigue matarle liberando a todo el pueblo. En otras, es la Virgen la que le salva con un peine que le tira a la garganta.
En Asturias se cuenta la leyenda del cura de Abamia que, decidido matar al cuélebre, fue a buscarle a caballo armado con una escopeta. Al salir de la cueva, consiguió herirle de un tiro, pero no fue un daño grave. Perseguido por la gran culebra, tuvo que huir. Al atravesar un río, a la sierpe le entró agua en la herida, muriendo en el acto. El cura, ignorando el hecho y presa el pánico, continuó huyendo hasta que reventó al caballo y, recordando que al cuélebre le espanta el sonido de las campanas, buscó refugio en el campanario donde falleció de miedo.A veces muere a manos de los campesinos a los que asusta, que le atacan con los instrumentos que tienen a mano: guadañas, horcas, etc. O le encadena San Pedro.
Una leyenda cuenta que un cuélebre habitaba en una cueva detrás del convento de San Francisco de Oviedo y todos los días exigía pan a los frailes, que se lo daban para evitar que devorara los cadáveres de su cementerio. Un día, uno de ellos le dio el pan lleno de alfileres y el cuélebre murió. En Brañaseca, los vecinos se veían obligados a alimentarle con borona y pan de centeno, hasta que se cansaron y un día lo sustituyeron por una piedra al rojo vivo, lo que causó su muerte.
En San Vicente de la Barquera vivía un cuélebre que se dedicaba a escupir y asustar a los habitantes y a los peregrinos del camino de Santiago y a espantar la pesca, atreviéndose incluso a sobrevolar el castillo. Cada día devoraba a una moza del pueblo. Un día apareció un peregrino que le recriminó su actitud y consiguió expulsarle. Otra versión cuenta que el viajero era Santiago, que se llevó en su caballo a la joven que iba a ser devorada y mató al cuélebre de una coz en la cabeza. Las huellas de los cascos del caballo todavía pueden verse allí.
A las afueras de Santander, habitaba un ser mitad serpiente mitad humano que guardaba un tesoro. Felipe II organizó una expedición, al frente de la cual colocó a un nigromante procedente de Italia, que al ver el tamaño del monstruo salió corriendo para no volver nunca más.En el País Vasco, bajo el nombre de Iraunsugue, Ednsugue o Ersugue, toma la forma de serpiente, de una o siete cabezas, devoradora de seres humanos y ganado, que a veces es matada por algún vecino o por un ángel. Si su nombre es Sugaar, se trata de una serpiente que vive bajo tierra y que sale a la superficie a través de simas o cuevas, cruzando el cielo en forma de hoz de fuego para castigar las faltas de obediencia de los hijos hacia los padres.
En Castilla es conocido como el Culebrón, y suele ser una anjana, la Virgen o los santos quienes consiguen terminar con él. En Montrondo había que entregarle todos los años en el Hábeas una persona para que la comiera; le tocó en suerte a una moza que se dirigió a su destino rezando el rosario. Se encontró con una mujer que le pidió que le peinara y, al terminar, le entregó un collar para que se lo arrojara a la serpiente. Al hacerlo, ésta se enroscó en torno de un abedul y murió. En otros lugares es San Lorenzo quien salva la situación.
En Galicia se le llama Coca. Llega cuando menos se la espera, destroza todo a su paso y se apodera de las doncellas más bellas. Nadie conseguía terminar con él y las jóvenes de otras aldeas se negaban a casarse con los mozos de allí. Hartos de no lograr nada, los vecinos forjaron espadas y esperaron a la coca, presentándole cruenta batalla, en la que murieron varios lugareños. Al final, un joven le clavó la espada entre los ojos y consiguió matarle.
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