El 5 de junio tuve que levantarme
muy temprano, porque el autobús hacia Niágara partía a las 7.30 h. Como no
tenía desayuno en el hotel, me acerqué, poco antes de las 7.00 h. al Starbucks
más cercano. La guía se llamaba Beatriz y era de Colombia, pero llevaba muchos
años afincada en Nueva York. Nos dijo que vivía en el distrito de Queens. Como
guía no es que explicara mucho ni muy bien. A mí me gusta que me ofrezcan más
‘chicha’ que la que me ofreció ella.
Desde Nueva York a Niágara hay
aproximadamente 700 kilómetros, por lo que el viaje era largo, aunque con
muchas paradas. Y el autobús tenía WiFi. A las 18.00 h. estábamos en la entrada
a las cataratas del Niágara.
A medida que íbamos recorriendo
kilómetros en dirección Norte, era habitual encontrarse con obreros arreglando las
carreteras. En Estados Unidos, los inviernos son fríos y con muchas nevadas en
esta parte del país, por lo que en primavera suelen reparar muchas carreteras
que han quedado destrozadas por las fuertes nevadas, sobre todo porque en los
meses de calor los estadounidenses son muy dados a coger el coche.
El Estado de Nueva York es el
Estado más grande de la Costa Este. Su capital es Albany, pero la ciudad más
importante y más poblada es Nueva York. Es un Estado que comparte mucho con el
vecino Nueva Jersey. La gente se casa en Nueva York y se marcha a vivir a Nueva
Jersey, porque es más económico y está lleno de bosques. Cada Estado tiene un
eslogan. El de Nueva Jersey es “Estado Jardín”; el de Nueva York, “Imperio”.
Los dos Estados son muy afines y se apoyan mutuamente. Vivir en las grandes
ciudades, como Nueva York, es muy costoso y los impuestos son más elevados; por
lo que muchos habitantes de Nueva Jersey trabajan en Nueva York pero residen en
Nueva Jersey.
A lo largo del camino hacia
Niágara se encuentra la cordillera de los Apalaches, que son los montes más
antiguos de la Tierra. No son muy altos, porque cuanto más antiguo más hacia
abajo va, y sus picos se han terminado redondeando. También hay muchos arces,
cuyo número crece a medida que una persona se acerca a Canadá, ya que es el
símbolo del país, que incluso aparece en su bandera.
En Estados Unidos la temperatura
se mide en grados Fahrenheit. Para calcular los grados centígrados
correspondientes se tiene que dividir la temperatura en Fahrenheit entre dos y
restarle 15. Es decir, si hay 66ºF (entre 2 son 33 -15) son 18ºC. Si hace frío,
hay que contar con el factor viento, por lo que la temperatura bajaría en 2/3
grados. Si hace calor, hay que contar con la humedad (con motivo de todo el
sistema de agua de esta zona: los Grandes Lagos, el Hudson, etc.), por lo que
sube varios grados. El verano es más cálido en Niágara por la humedad.
Otra medida que cambia es el
galón. La gasolina se mide en galones, no en litros. Un galón se corresponde
con 3,78 litros.
Uno de los lugares por los que
pasamos fue Dinghampton, ciudad que se hizo famosa porque su universidad
pública descubrió la fibra óptica. Este hecho hizo que disminuyera su población
(de 450.000 a 250.000 habitantes). Uno de sus fundadores dejó en las calles de
la ciudad diez carruseles y tiovivos porque creía que un niño debe aprender a
soñar. Son gratis. Se reparan cada año y reabren cada primavera.
También pasamos por el Valle del
Geneceo, que significa “valle hermoso”. Es un nombre indígena, como Canadá,
Toronto, Niágara. Es un lugar que integra muchas pequeñas ciudades en una
grande. En el Valle del Geneceo, esa ciudad es Batavia, que es la típica ciudad
americana: una calle principal donde está todo lo necesario. Se concentran
todos los servicios en una población, de la que dependen aproximadamente once o
doce condados. Son ciudades que rondan los 2.000 habitantes y el 98% de su
población es de origen anglosajón (blancos). Es raro encontrar en estos lugares
afroamericanos, hispanos o asiáticos. Son ciudades que no han sido contagiadas
por la inmigración. No se ve gente por las calles. Hacen una vida tranquila,
pero no por ello aburrida. En estas ciudades no faltan gasolineras ni tabernas,
que los americanos consideran esenciales. Estas comarcas están protegidas por
el Estado, ya que son comunidades agrícolas. Son comunidades tranquilas,
limpias, el índice de criminalidad es muy bajo. Todo el mundo se conoce. El
autobús escolar reparte a los niños por sus casas y hace recorridos larguísimos
desde los centros educativos.
Las banderas americanas son
habituales en las casas y en los coches. Los americanos se sienten orgullosos
de serlo, y su manera de demostrarlo es colocando la bandera americana en
muchos sitios.
En USA se produce mucho jarabe de
maíz, que le echan a todas las comidas. Es muy sabroso, pero tiene un elevado
poder calorífico, de ahí que haya tanta población obesa en el país. Por el
contrario, en Canadá se consume jarabe de arce, que es más ligero, por lo que
la población es más estilizada.
Niágara es el nombre de dos
ciudades gemelas. Las dos se llaman igual, pero una está en Estados Unidos y la
otra en Canadá. El río Niágara hace frontera entre ambos países. Niágara se
encuentra muy cerca de la ciudad de Buffalo, pero por falta de tiempo no
pudimos entrar aquí.
A Niágara se la conoce como “la
ciudad de los enamorados” americana. Muchas parejas van a casarse allí, por lo
que muchos hoteles cuentan con capilla para celebrar bodas.
Las cataratas del Niágara son la
concentración de agua dulce más grande del mundo.
Louis Hennepin, párroco francés y
uno de los primeros europeos que contempló las cataratas del Niágara en 1678,
escribió: “El Universo no se puede permitir un doble”. Todavía hoy las
cataratas del Niágara, con una caída de 61 metros sobre un cañón rocoso,
resultan tan impresionantes como hace 300 años. A pesar del desenfrenado
desarrollo a ambas orillas del río Niágara, que separa la provincia canadiense
de Ontario del Estado de Nueva York, esta maravilla natural ofrece suficiente
espectacularidad, bruma y romanticismo como para que acudan a contemplarla más
de 10 millones de personas al año.
Las cataratas tienen iones
positivos y los seres humanos, iones negativos. La interacción entre los dos
hacen que las personas salgan rejuvenecidas. Por ello se recomienda que la
gente se deje mojar por el agua de las cataratas.
El color verde proviene de los
Apalaches, ya que estos montes tienen muchos minerales, que son los que les dan
a las cataratas el color verde esmeralda. El río es de una gran pureza. Al Niágara
no llegan impurezas ni desechos de cloaca.
Desde que se descubrieron las
cataratas se han ido desplazando unos 14 kilómetros. El esfuerzo de los
Gobiernos estadounidense y del canadiense ha sido muy grande para mantenerlas
en su lugar.
En invierno, cae sobre las
cataratas una gran capa de nieve, que se denomina “el cinturón de hielo”.
Alrededor de las cataratas y en
el río Niágara hay muchas islas. La Isla de Cabra era propiedad de un ganadero,
que en una fuerte nevada perdió todo el ganado menos una cabra. Por eso la isla
tiene ese nombre. En otra isla, la Isla de las Tres Hermanas, se rodó la
película de Marilyn Monroe Niagara.
Cuando llegamos a las cataratas,
había salido el último barco para ver las cataratas desde abajo. Yo creo que
alguno de los turistas se hubiera comido a la guía con pan, porque lo que no es
normal es que la guía no hubiera reservado. No hay mal que por bien no venga, y
el barco lo cogeríamos desde el otro lado, es decir, desde Niágara canadiense,
que tiene mejores vistas que desde el lado americano. Teníamos varias opciones:
cruzar por el puente durante veinte minutos para pasar al lado canadiense,
visitar la ciudad de Niágara –que no tenía muchas cosas que ver, aunque estaba
llena de casinos- o irnos a un outlet.
Esos lugares son centros comerciales que se encuentran en las afueras de las
ciudades, con ropas de marca y muy económicos. Nos cogió un taxista pakistaní
que nos dio su número de teléfono para llamarle cuando quisiéramos regresar al
hotel. Y, sí, volvimos cargadas de bolsas. Aquí hablo en plural, porque durante
el viaje conocí a dos hermanas de Castellón, Lidon y Raquel, con las que hice
buenas migas. Seguimos en contacto, por supuesto.
Una experiencia magnífica fue ver
las cataratas de noche. A veces las colorean, pero precisamente esa noche no
estaban más que iluminadas. Las cataratas se encuentran en el Niagara Falls
State Park, que brinda una excelente vista panorámica de las cascadas.
Al día siguiente, después de
volver de Toronto y aún en Canadá, cogeríamos el barco en la parte canadiense.
Fue una experiencia magnífica. El barco se acerca lo suficiente a las cataratas
como para mojarte entera. Recuerdo que llovía –aunque no lo notamos mucho entre
la humedad de Niágara y los chubasqueros que nos habían entregado- y que,
finalmente, se echó la niebla. Las cataratas del Niágara, en su parte
canadiense, tienen forma de herradura.
Después del recorrido en barco,
visitamos la ciudad original, Niágara del Lago, formada por impresionantes
mansiones victorianas que la mitad del año se mantienen cerradas. Sus
propietarios pueden permitirse el lujo de pasar seis meses al año bajo el sol
de Florida mientras este lugar queda aislado por las fuertes nevadas. En
invierno los caminos aquí son inaccesibles. Pueden permitírselo porque son una
especie de terratenientes que poseen viñas y el vino de esta zona tiene gran
prestigio.
También hay aquí un bonito reloj
floral, monumento dedicado a los discapacitados. Las agujas que lo forman son
dos muletas.
Recuerdo que ese día no cené,
porque estaba tan cansada que me quedé completamente dormida.