Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos.Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno.Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra.Y fue la tarde y la mañana el día quinto.(Génesis, 1, 20-23)

Cuando un libro te impresiona tanto como es el caso, lo resumes demasiado para no mostrar el contenido o lo amplías de una manera detallada de tal manera que de un volumen de 969 páginas pueden salir multitud de párrafos.
Acostumbrada a libros históricos, un libro sobre biología, en concreto biología marina u oceánica y con un argumento tan vivo (nunca mejor dicho), te hace reflexionar y preguntarte sobre si la Humanidad está abocada al desastre y a su consiguiente desaparición, ya que no pensamos en las generaciones venideras, vivimos el presente y es muy posible que ni siquiera nos demos cuenta de que estamos destruyendo nuestro planeta.
Este libro es un manifiesto que señala que la naturaleza tiene sus años contados si seguimos
cuidándola como hasta ahora. El autor nos brinda sus palabras de desaliento con una obra de ficción que trata de hacernos conscientes de la evidente destrucción.
Me lo aconsejó un buen amigo y tenía razón cuando me decía que me engancharía tanto que cuando llegara al final ni me habría dado cuenta. Así fue. Era consciente de que se acababa y no quería que terminara, pero el argumento ya estaba esgrimido y desarrollado. Sólo quedaba el punto final. Y al cerrarlo multitud de ideas se agolparon en mi cerebro.
Basado en una historia de ciencia ficción, el autor toca todos los males que afectan a los océanos y, de una manera tajante, los hace desaparecer. No es un libro de fantasmas, pero te hace reflexionar no ya sobre el descuido natural por parte del ser humano sino sobre la posible existencia de otros seres inteligentes. Cuando terminé también pensé en la posibilidad de que pudiéramos ver la película en la gran pantalla. Otros libros no me dan esa sensación, pero sí éste.
Podría resumirlo en que un grupo de científicos están llamados a detener el desastre que se aventura en nuestros mares, enfrentados a un ser informe y con una inteligencia superior. Pero no es mi línea, además de que consideraría que me quedo coja contando sólo eso. Ahora bien, contar de más sería cruel para todo aquél que se lo quiera leer. Y este libro yo lo recomiendo. En primer lugar, porque te hace pensar en que el ser humano no tiene por qué ser el ombligo del mundo pero nuestra lógica se limita al antiquísimo antropocentrismo (el hombre como centro del Universo) porque somos egoístas en el sentido de que sólo pensamos en el presente y en nosotros mismos. En segundo lugar, por la vasta información que nos aporta, desde agraciados documentos geográficos sobre regiones del mundo cuya existencia no conoceríamos de otra forma, pasando por información sobre la investigación y tecnología científicas que se llevan a cabo en el fondo del océano o el profundo conocimiento de los satélites que nos aportan una información privilegiada, hasta documentos sobre comunicación espacial con posibles seres del infinito mundo exterior, o las maravillosas descripciones del hábitat natural de ciertas especies marinas así como sus modos de vida (ballenas, orcas, medusas, cangrejos, seres unicelulares, etc.). Y junto a esta explosión de conocimientos el autor nos hace reflexionar sobre la posibilidad de la existencia de otros seres inteligentes conviviendo en el mismo planeta, seres cuya inteligencia es superior a la humana, que están en el fondo de los mares desde el principio de los tiempos, que tienen una peculiar manera de memorizar y recordar, pero que son conscientes del desastre natural. Ésta es la parte de ficción, en esta ocasión bien enraizada junto a la documentación informativa.
El libro comienza en enero, cuando un pescador desaparece en la costa de Perú. Será el primero de muchos otros que se acabarán esfumando en la zona, quedando sus barcas, llamadas
caballitos, a la deriva, pero sin rastro de sus ocupantes. Se los ha engullido el mar, pero sus cuerpos no aparecen por ningún lado.
Trondheim (Noruega)Unos días después, los expertos de una empresa petrolífera noruega encuentran el lecho marino plagado por unos extraños gusanos. Tina Lund recoge unas muestras para que las analice un buen amigo suyo, el prestigioso biólogo y catedrático de la universidad de Trondheim, Sigur Johanson.
El profesor analiza los gusanos y, a su vez, envía muestras a los mejores institutos y laboratorios científicos del mundo. Descubren que se trata de una nueva especie que transporta bacterias y estas bacterias acaban con los hidratos del talud continental, poniendo así en peligro las costas que, debido a esto, podrían desmoronarse.
Lo peor llega cuando un
tsunami asola Europa, desde las costas de Noruega, pasando por Gran Bretaña y Francia y llegando a España. Johanson se salva puesto que tenía un helicóptero a su disposición, pero no puede nacer nada por su amiga Tina.
Tofino, Columbia Británica (Canadá)Leon Anawak trabaja para una empresa de observación de ballenas ubicada en Tofino, en la isla de Vancouver. Es Doctor en Biología pero prefiere su trabajo al aire libre. Conoce y admira a las ballenas y aporta sus conocimientos naturales a inmensas masas de turistas que a diario navegan con él para observar de cerca a los mamíferos marinos. Pero las ballenas empiezan a tener un comportamiento extraño hasta que un día los barcos de la empresa en la que trabaja son atacados por ballenas y orcas. A estos ataques se suceden otros. No hay una explicación aparente. Empiezan a enviar robots al fondo del mar para intentar descubrir las anomalías. Lo único que ven, al principio, es un especie de rayo blanco que desaparece y, a veces, una nube azul que ilumina la oscuridad oceánica.
Anawak es un
inuit, pero un día abandonó su tierra natal para no volver más. Él reniega de su pasado indio y odia a Jack Greywolf, un medio indio que intenta ser su amigo.
En el museo oceánico el biólogo conoce por casualidad a una pedante estudiante que no le dejará en paz, Alicia Delaware. A partir de ese momento no se separarán.
Un día aparece una ballena muerta en una playa. Cuando la colega de Anawak, Sue Oliviera, examina el cerebro del animal descubre una sustancia gelatinosa de color blanco que no se parece a nada que conozcan hasta el momento. Al contacto con el aire esa gelatina desaparece.
En un prestigioso restaurante francés, los bogavantes que acaban de llegar a la cocina tienen dentro una especie de gelatina que porta un veneno que empieza a extenderse como una epidemia entre los seres humanos, provocándoles la muerte. Parte de este veneno es analizado por un viejo científico de Kiel, Gerhard Bohrmann, que inmediatamente se da cuenta del desastre. Y empieza a investigar con robots especiales el fondo marino, pero ningún aparato científico y de investigación volverá a la superficie.
Lukas Bauer es un senil y despistado científico que estudia las corrientes marinas en la zona de Groenlandia. Le acompaña en su barco de investigación la periodista, especializada en los temas del mar, Karen Weaver. Tras bajar del barco la joven para investigar ciertas cosas, el buque desaparece sin dejar rastro, aunque realmente fue por una explosión de metano provocada por los seres del fondo del mar. Poco después Karen descubrirá que la corriente del Golfo ha desaparecido, algo que también llevará al desastre.
Los barcos pequeños son atacados por animales grandes, los grandes cargueros que transportan materias por el mundo sienten su fondo invadido por unos moluscos que atascan las hélices y no pueden avanzar. Si el talud continental se derrumba, no hay corrientes marinas y tampoco hidratos, el metano del fondo del mar podría explotar de tal forma que ningún humano podría librarse de la catástrofe.
Fairmont Château Whistler (Canadá)Con muchos países en alerta, aparece en escena la comandante general del ejército de los Estados Unidos, Judith Li, que rodeará, en el Château Whistler (Canadá), de los mejores científicos y biólogos del mundo para buscar una solución al problema. Ella cree que puede manipular a todos, pero se da cuenta de que no puede leer en las mentes de todos, se huele que el profesor noruego tiene una teoría.
La CIA pone los ojos sobre Oriente Próximo creyendo que son ataques terroristas contra el mundo occidental, pero también en el Canal de Suez ha habido problemas en el mar y en el mar de China han desaparecido barcos.
Al final Johanson expone su teoría. Él cree en la hipótesis de la existencia de otro ser inteligente que habita en el fondo de los mares, un ser más inteligente que el ser humano. Puede parecer una idea descabellada en principio, pero terminan aceptándola puesto que todas las anomalías que han ocurrido han sido fruto de una mente privilegiada. No saben a qué se enfrentan pero saben que hay algo extraño en toda la serie de sucesos. Esos entes vivientes en los mares se llamarán
yrr.
También los cables transoceánicos marinos son cortados en el mar. Esos cables son medios comunicativos e informativos, sin los cuales el teléfono e internet sólo podrán funcionar vía satélite. En el castillo canadiense los científicos pueden utilizar los satélites militares con la finalidad de encontrar una solución rápida.
Mientras tanto, las ciudades costeras norteamericanas se ven invadidas por cangrejos blancos que no tienen ojos y que llevan en su interior la misma sustancia gelatinosa y un virus más peligroso que el se ha extendido por Francia. La gente comienza a morir intoxicada. El presidente huye al interior y comunica directamente mediante videoconferencias con Judith Li y el subdirector de la CIA.
Cuando los científicos descubren que el ser inteligente que habita en el océano es superior a la Humanidad deciden entablar contacto con los
yrr, una comunicación pacífica antes de que acaben con todo ser humano viviente, y lo harán desde un portaaviones que navega cerca de Groenlandia. Para ese contacto llaman a Samantha Crowe, una mujer que lleva años intentando comunicarse con extraterrestres del espacio exterior sin éxito alguno.

También se embarca allí Greywolf que ha hecho las paces con Anawak, tras descubrir éste que Jack dejó su elevado puesto como entrenador de delfines en la Marina cuando vio la crueldad humana aplicada a los delfines. Pero es el mejor amaestrador y en el barco científico habrá que poner sónar a los delfines. Además recomienda Anawak a Alicia Delaware, que está teniendo una relación amorosa con su recién recuperado amigo medio indio.
En el
USS Independence, un portaaviones de guerra en esos momentos vacío, pero inmensamente grande y por eso seguro, se embarcan unos cuantos de los científicos, a cuya cabeza está Judith Li.
Entre ellos destaca el profesor Rubin que empieza a sumarse méritos cuando son otros los que hacen el trabajo, con el único objetivo de recibir el Premio Nobel y hacerse famoso. El resto de sus colegas empiezan a desconfiar de él. Lo que no saben es que también es de la CIA.
Mientras Crowe lanza señales matemáticas, a través de la acústica, al fondo del mar y recibe respuestas acompañadas de ataques, en el laboratorio investigan la sustancia que llevan dentro los cangrejos blancos. Descubren que los supuestos
yrr son seres unicelulares que se acoplan y comunican a través de señales acústicas, descubren además que su inteligencia va uniéndose según van juntándose las células en una sustancia compacta, es decir, que los recuerdos y la memoria es el producto de su unión, por tanto se crea así una inteligencia superior, con partes del presente, del pasado y del futuro. No tienen moral pero sí aprecian la supervivencia de su especie y sobre todo del mar, así como distinguen que el ser humano es perjudicial y lleva años poniendo en peligro la naturaleza. Los
yrr sólo matan a las células defectuosas que no pueden unirse al resto. Para unirse lo hacen a través de una feromona, a través del aroma que informa además cuándo una célula está enferma.
Los científicos están vigilados por cámaras. Judith Li no quiere perderse nada de sus conversaciones. Pero Johanson descubre un laboratorio secreto, le lavan el cerebro durante unas horas y sabe que Rubin está haciendo algo a espaldas del resto. Cuando empieza a recordar le pide a la comandante que le diga la verdad. Y Judith le dice que están fabricando un veneno para acabar con los
yrr, sin darse cuenta que ese veneno también puede acabar con la Humanidad. Johanson ve el peligro pero Judith sólo mira los logros y méritos de Estados Unidos que, tras acabar con los entes del mar, se le condecorará como el salvador del mundo.
Cuando el profesor noruego sale del laboratorio secreto, Judith Li que ve que ya no necesita a los científicos se propone acabar con todos y montarse en los aviones suboceánicos para tirar torpedos llenos de veneno. A pesar de que mueren casi todos y que los
yrr acaban con el portaaviones, tan seguro que parecía, Karen Weaver tiene una brillante idea que será una prórroga para la Humanidad, un salvoconducto a modo de aviso para que los seres humanos cuiden más su medio natural. Y así coge la caja de las feromonas y se las inyecta a uno de los cadáveres. Lo lleva al fondo del mar y abre la cabina del cadáver. Entonces cae en una especie de trance, descubre a la reina de los
yrr, que se acercan hacia el cadáver humano lleno de feromonas. A partir de ahí las ondas acústicas se extienden por todos los océanos y todos los habitantes del mar dejan de atacar a los humanos, vuelven funcionar las corrientes marinas y los gusanos se alejan del talud continental. El desastre termina en agosto.
Me dejo cosas, muchísimas cosas. Aunque finalizo ya aquí. Ha merecido la pena este libro. Estoy pensando en regalárselo a una amiga por su cumpleaños, que es en dos semanas. Y es que esa amiga estudia Biología y sé que le encantará.