lunes, mayo 28, 2007

La ciudad eternamente gris

Cada ciudad podría asociarse con un color, de manera parecida a como hacía Camilo José Cela en los pueblos que aparecían en su Viaje a la Alcarria (reconozco que jamás pude terminar La Colmena pero el de la Alcarria me encantó).
Y de todas las ciudades españolas que he conocido y/o visitado Burgos es la ciudad gris por excelencia.
Ya no sólo es el frío que hace allí, aunque en el resto de sitios luzca el sol... al llegar a Burgos sólo encontrarás nubes.
Antes me parecía una ciudad horrible pero poco a poco van desapareciendo mis prejuicios con respecto a ella, quizás es que la miro con otros ojos y ahora veo cierto encanto entre sus piedras, ¡cómo no! grises.
Su cielo, su castillo, su plaza, sus monumentos, sus estatuas, su río... incluso su gente es gris. Aunque es cierto que allí tengo un faro que da una luz infinita y que convierte todo lo gris en luminoso.
Además la catedral ya ha dejado de ser gris, no sé si es por la luz del faro o porque está restaurada.
Es posible que la próxima vez que pase por allí ya no esté pintada en gris.

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