
Está claro que no se puede obligar a una persona a hablar si no quiere. Entonces llega un momento en que te preguntas qué ha pasado para que se haya esfumado el posible diálogo fluido que existía antes.
Me hago preguntas, claro, pero no tantas como me podría haber hecho hace unos meses.
De repente, en cuestión de minutos he pasado a ser una especie de carámbano. En cuestión de minutos me he quedado fría y, quizás, también blanca.
Me pregunto si merece la pena seguir mirando en esa dirección o girar la cabeza y mirar hacia otro lado. Y sin embargo sé que si cierro los ojos hacia lo que estoy viendo seré invadida por una especie de dolor, dolor a lo que ya no está, dolor a lo que ya no es, dolor ante cierta especie de vacío.
Hay pocas personas capaces de producir tanto dolor.
Me hago preguntas, claro, pero no tantas como me podría haber hecho hace unos meses.
De repente, en cuestión de minutos he pasado a ser una especie de carámbano. En cuestión de minutos me he quedado fría y, quizás, también blanca.
Me pregunto si merece la pena seguir mirando en esa dirección o girar la cabeza y mirar hacia otro lado. Y sin embargo sé que si cierro los ojos hacia lo que estoy viendo seré invadida por una especie de dolor, dolor a lo que ya no está, dolor a lo que ya no es, dolor ante cierta especie de vacío.
Hay pocas personas capaces de producir tanto dolor.
1 comentario:
No siempre se debe medir el dolor por quien lo provoca sino por la que lo recibe. Probablemente, en realidad, lo que tenga es miedo o has llegado a su yo verdadero o simplemente está bloqueado. De todas formas es mejor apartarse pronto que tarde. Con el tiempo todo se hace más difícil.
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