
Érase una vez una niña huérfana llamada Neve que vivía en una cabaña con la única compañía de su gatita Emma. Juntas las dos, jugaron durante muchos años en un paraíso nevado, donde el invierno jamás llegaba a su fin y los copos de nieve caían sin cesar sobre los páramos del país del hielo.
Un día, su gatita se quedó dormida para siempre. Neve no era capaz de entender por qué sus ojitos no se abrían de nuevo...
Pasó el tiempo, y viendo que Emma no despertaba, decidió visitar un pequeño cementerio que había al pie de las montañas. En éste, los epitafios de las lápidas hablaban de un misterioso lugar adonde se marchaban todos aquellos que cerraban los ojos para siempre... El cielo.
Entonces, creyendo entender el enigma que encerraba la muerte, la muchacha dejó el cadáver de su gatita entre los brazos de un ángel de piedra y partió en busca del cielo...
Durante el viaje, fue confeccionándose un vestido digno de los más bellos querubines que poblaban los cielos, y con las plumitas que los cuervos perdían en su vuelo se hizo unas pequeñas alas de ángel.
"Si todos aquellos que nunca han despertado están en el cielo, allí encontraré a mi gatita...", se repetía Neve, mientras corría esperanzada bajo los copos de nieve.
Una noche fría, mientras del firmamento caían lágrimas heladas, Neve se tumbó en la nieve y exhausta de tanto caminar, se quedó dormida. Lentamente, los copos de nieve comenzaron a congelar su cuerpo cubriéndolo con sábanas de hielo... y entonces escuchó a su gatita maullar...
Desde aquel momento, la nieve cae dulce como el azúcar y los labios amoratados de los muertos esbozan sonrisas de felicidad.
Neve encontró a su gatita aquella noche, mientras dormía un sueño eterno, y juntas se convirtieron en los más bellos ángeles de los cielos nevados...
Dos hermosos ángeles con alitas de cuervo y vestidos morados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario