domingo, mayo 20, 2007

Carcassonne

En el corazón de la región francesa de Aude, a 160 kilómetros de la frontera con España, se levanta la ciudad fortificada más grande conservada en Europa. Se trata de Carcassonne. Sus torres y almenas han sido testigos mudos de la persecución de los cátaros, pues, en esa región conocida en el pasado como Occitania, perduraron durante muchos siglos los más influyentes focos de catarismo.

En la ciudad se distinguen dos partes claramente diferenciadas: la ciudadela fortificada, importante enclave medieval que jugó un papel clave en la cruzada contra los albigenses; y la villa, creada posteriormente para dar cabida al crecimiento de población.

Los primeros asentamientos en el lugar se produjeron hacia el siglo VI a. C., como datan las excavaciones arqueológicas que han descubierto restos de cabañas construidas por íberos. Estos pobladores fueron desplazados hacia el año 300 a. C. por los Volcae-Tectosages, una tribu de origen centroeuropeo.

En el año 122 a. C. la región de Narbona fue conquistada por los romanos que no tardaron en asentarse en Carcassonne debido a las condiciones estratégicas que les permitirían dominar la zona. Fueron ellos los que construyeron las primeras murallas, evitando la construcción de las torres y murallas en línea recta para reducir la efectividad de un ataque con arietes. Los muros se construyeron con capas que alternaban la piedra y el ladrillo rojo.
La situación estratégica en que se ubica la ciudad se convirtió en importante objetivo de conquista a lo largo de los siglos. Debido a esto, las fortificaciones de la plaza sufrieron continuas ampliaciones y mejoras para adaptarse a la evolución de las técnicas de guerra.

Los francos tomaron la ciudad en el año 350 y los romanos volvieron a recuperarla, reforzando las defensas. Pero en el año 436 la ciudad cayó en manos de los visigodos, durante el reinado de Teodorico.
Las técnicas constructivas desarrolladas por los romanos para sus fortificaciones fueron imitadas por los visigodos. Éstos no añadieron nada nuevo sino que se limitaron a arreglar los destrozos causados durante las batallas de los reyezuelos locales.

Entre los siglos XI y XIII se produjeron importantes obras, como el Palacio Condal y la reconstrucción de las murallas, que tras el período visigodo estaban maltrechas.
Bernard Aton Trencavel, vizconde de Albi, Nimes y Béziers, se proclamó vizconde de Carcassonne, que hasta entonces había pertenecido al condado de Barcelona.

Situada en un magnífico enclave de comunicaciones, la ciudad nadaba en la abundancia debido a los altos impuestos; a los comerciantes se les cobraba hasta la mitad del valor de sus mercancías. Esto convertía a la ciudad en un apetitoso bocado para las intrigas de los nobles y el catarismo fue la excusa ideal para conquistar la ciudad.

Los cátaros eran un grupo sectario medieval cuya finalidad era la de lograr la pureza absoluta de las costumbres. El origen de sus creencias proviene de los bogomilos, herejes búlgaros que en el siglo X negaban la Santísima Trinidad, la divinidad de Cristo y la realidad de su forma humana. Rechazaban ritos, jerarquías, el bautismo, y condicionaban el matrimonio al derecho de repudio. Las doctrinas de los bogomilos fueron perseguidas intensamente, sobre todo por Boris, rey de Serbia, hasta que se refugiaron en Bosnia. Desde allí encontraron un terreno favorable en la Europa occidental de los siglos XII y XIII.
Tenían diversas denominaciones según la zona: publicanos en el norte de Francia, patarinos en Dalmacia y norte de Italia, Ketzer en el Rhin y albigenses en el centro y sur de Francia. En este último terreno fue donde tuvieron mayor aceptación debido a la tolerancia y libertad política que encontraron, y así pudieron desarrollar su doctrina en torno al concepto del mal. Interpretan que todo lo carnal proviene del mal. Por tanto, la doctrina de Dios exige una abstinencia total y la condenación del matrimonio.
Este principio de abstinencia absoluta la seguían los puros o cátaros. Para pertenecer a este selecto grupo era necesario pasar por un rito de iniciación y purificación, llamado consolamentum. Normalmente era recibido en el momento de la muerte, pero a veces se aceleraba el proceso a través del suicidio, bien por martirio directo (el fiel aceptaba ser asfixiado o se le cortaban las venas), bien por la endura (el fiel se dejaba morir de hambre).
Como rechazo de todo lo carnal, no admitían que la perfecta bondad de Dios fuera compartida con la carne y de este modo rechazaban la divinidad de Cristo.
El rechazo a la jerarquía eclesiástica y los ritos supersticiosos encontraron un gran medio de difusión debido a la corrupción del clero de la época.
La convicción de estas creencias y la ambición sobre los bienes de la Iglesia les valió el apoyo de algunos señores feudales, como el conde de Foix y el vizconde de Béziers, vasallos del conde de Tolosa. Su negación de la propiedad privada les unió a las clases populares y a la burguesía.

Después de varias intentonas sin éxito para combatirlos, se aprovechó el asesinato de un legado pontificio para acusar al conde de Tolosa, que fue excomulgado.
El Papa Inocencio III promulgó la cruzada contra los albigenses. Simon de Monfort asumió el mando de la cruzada, reunió un ejército en el norte de Francia y en 1209 arrasaron la ciudad de Béziers, donde asesinaron a sus 20.000 habitantes, incluidos mujeres y niños.
Poco después cayeron sobre Carcassonne, sitiada durante dos semanas y vencida por los cruzados tras cortar el suministro de agua a la ciudad. Raymond Roger Trencavel fue detenido y murió de disentería en prisión. Simon de Monfort se convirtió en vizconde de Béziers y Narbona, lo que supuso un incremento considerable de sus bienes.
En el año 1240, el hijo de Trencavel sitió la ciudad intentando recuperarla, sin éxito alguno. Para evitar nuevos ataques, el rey Saint Louis reforzó las defensas de Carcassonne construyendo una segunda muralla. Las obras se reanudaron con Felipe III el Intrépido.

Tras la Edad Media, la ciudad fue abandonada, sus piedras se reutilizaron para otras construcciones y sus torres cumplieron las funciones de garajes, cuadras y talleres.

En el siglo XIX, el historiador Cros-Meyrevieille, Mérimée y el arquitecto Viollet Le Duc promovieron la conservación y restauración de la ciudad, que quedó bajo el control de la Administración de las Artes. Se restauraron la iglesia de San Nazario y las fortificaciones.

La Ciudad Medieval de Carcassonne está situada sobre un espolón al sur de la ciudad baja. Es la mayor ciudad amurallada que se conserva en Europa. En 1997 la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad.

El recinto está cerrado por una doble muralla con 52 torres. A un lado se alza el Castillo Condal, del siglo XII.
La Torre del Tesoro fue construida en la época de Felipe el Intrépido y está considerada como una de las más hermosas de la ciudad, aunque jamás guardó ningún tesoro.
Hacia el otro lado, entre dos torres almenadas, se alza la Puerta de Narbona. Sobre el arco de la puerta hay un nicho que contiene una imagen gótica de la Virgen María, realizada en el siglo XIII. Durante la Revolución Francesa la imagen fue decapitada y reconstruida posteriormente. Cuenta la leyenda que el soldado que cometió tal tropelía murió entre grandes sufrimientos.

La basílica de San Nazario es un edificio románico, construido entre los siglos X y XII, y completado en el siglo XIV con una cabecera gótica. El rosetón y las vidrieras son de los más importantes del sur de Francia. Allí están las tumbas del obispo Pierre de Rochefort y Simon de Montfort.
El Castillo Condal fue construido en el siglo XII por los Trencavel, aunque poco conserva de su estructura original debido a las numerosas reformas. Fuera del recinto fortificado se fundó en el siglo XIII la Ciudad Baja o villa de Saint Louis.
Allí viven 45.000 personas y su principal actividad sigue siendo, igual que en la Edad Media, el comercio del vino.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Creo que fue hace un par de años ¿O este verano pasado? estuve allí y me decepcionó bastante. Un lugar dedicado única y exclusivamente a atraer turistas y sacarles la compra de souvenirs... Me dijo la dueña de la casa donde me alojaba que Carcassone era muy bonito verla desde la carretera y tenía toda la razón. Hola nena!!

K dijo...

No he estado.
El turismo da dinero. Muchos lugares con cuatro piedras se convierten en centros de atención para el turista corrompiendo lo poco que queda.
¿Sabes? Odio las concentraciones de turistas en cualquier ciudad del mundo y en cualquier ciudad, vayas en la estación del año que vayas, siempre hay gente haciendo fotos.

¿Alguna vez has pensado la diferencia entre un turista y un viajero? El turista va precipitadamente a todos los sitios que hay que visitar, saca millones de fotos inmortalizando esos momentos para colocarlos ordenadamente en un álbum de fotos y enseñárselos a sus colegas y decir: "Ahí estuve yo, aquí está la prueba".
El viajero, por el contrario, no necesita de una cámara de fotos ni visitar los sitios de ajetreo turístico, sino que va disfrutando con lo que ve, del momento, se mezcla con sus gentes, habla con ellos, les pregunta por sus vidas, come sus comidas... Y el recuerdo que le queda tras el viaje no es una foto (que serán mínimas las que haga) sino que se llevará un poquito de esas personas que conoció así como un trocito de él se quedará en aquel lugar.

Yo soy mitad y mitad, pero podría prescindir de las fotos y quedarme con las personas. Es algo más fructífero.
Recuerdo por ejemplo en Stuttgart. Vi los castillos desde fuera, el interior estaba plagado de gente, paseé por sus jardines, por las calles comerciales, por la estación de tren, estuve en cervecerías mezclándome con la gente. Pero el mejor recuerdo son las conversaciones con Alexander Bansa, el recepcionista del hotel, un joven con el que enseguida hice migas. Me encantaba porque con él practicaba alemán, cuando no me salía algo le preguntaba en inglés, y me corregía, recuerdo su "Das ist Genitiv", cuando yo todavía no había tocado el genitivo en mis clases de alemán.
Recuerdo cuando le dije que me iba a la Selva Negra y se le quedó el rostro triste. Y recuerdo su sonrisa cuando días después me vio aparecer de nuevo pues el avión me salía al día siguiente desde Stuttgart.
Y eso, si tengo buen recuerdo de Stuttgart no es tanto lo que vi sino a quien conocí.

De Francia conozco partes del sur: Pau y Mont de Marsan en las Landas, la zona de Toulousse y París.
Lo mismo, me quedo con la gente. Me quedo con la gente :DDD
http://coleccionando-momentos.blogspot.com/2006/06/najac.html

Me has hecho recordar eso :D~~~~~
Y buscarlo :P