
Te despiertas en medio de la negrura de la noche. Tus ojos no se habitúan aún a la cerniente oscuridad. Escuchas el silencio, y a través de él te llegan los rítmicos latidos de otro corazón, una respiración tranquila que no es la tuya.
En ese momento sientes que tienes que protegerle de los fantasmas de la noche y te acercas a su piel para pasar los brazos lentamente a través del hueco de su cintura. Apoyas la cabeza de perfil en su espalda y acompasas tu respiración a la suya. Cierras los ojos y esperas al sueño que pronto ha de llegar.
Rodeados por el silencio y la oscuridad, sólo se escuchan dos respiraciones que toman y expulsan aire a la par.
No hay comentarios:
Publicar un comentario