
Para mí, los lunes y los viernes son los peores días de la semana. Los lunes... porque se acumula todo lo del fin de semana; los viernes... porque quieres acabar con asuntos antes del fin de semana. Por otro lado, los lunes y los viernes también son días donde el teléfono no para de sonar, donde tienes más correos electrónicos de lo habitual, días en los que, en definitiva, tienes más trabajo.
Los viernes, cuando no hay reunión en fin de semana, son más soportables, porque cierras el ordenador y te vas a casa a descansar. No es el caso de este fin de semana, aunque yo creo que a las siete hoy -aunque no debería- me iré, a pesar de tener una reunión más tarde. Si mi presencia fuera necesaria iría, pero la verdad es que hoy se puede prescindir de mí.
La verdad es que necesito descansar, y lo dice alguien que se estará de vacaciones dentro de dos semanas. De esta semana salgo algo vapuleada en varios frentes. Si bien es cierto que en uno de ellos busqué yo misma la solución que me ha llevado a la tranquilidad.
Y encima hoy le he sentido muy lejano, lo que equivale a decir que no he visto nada que tenga relación con él.
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