
A las siete en punto venía a casa. Será uno de los pocos días que regreso tan pronto, pero hoy lo necesitaba.
Cuando desaparcaba no me ha pasado desapercibido su coche, justo enfrente. Después de un día en que no he visto nada (o casi nada) que tuviera que ver con él, he sentido su presencia cercana. Es uno de estos días donde reprimes los impulsos de ir a verle, de saber de él, de escucharle...
He recordado una canción de Roxette de un disco en español que sacaron hace unos años que decía algo como: "Un día sin ti es una eternidad" y he sentido un temblor que me ha recorrido la espalda; quizás hay mucho de mí en esas palabras o, en cierto modo, me siento algo identificada con algunas cosas. Quizás es eso, quizás necesito decir algo de él a diario para que no se me haga tan duro no verle nunca. Pero aguanto, claro.
Voy a sumergirme en la lectura un rato.
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